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Ampelografía italiana (varietales)

Italia siempre fue el paso diferencial a la calidad en los varietales vinificables en el mundo.

La viticultura italiana es de las más antiguas, con uno de los acervos ampelográficos más importantes del mundo: se calcula que posee más de 350 variedades autóctonas, muchas de ellas únicas en el planeta. Ya los griegos le llamaban Enotria o “tierra del vino”, lo que hoy no queda atrás, ya que son los mayores productores y con el mayor consumo anual por habitante junto con Francia.

Desde 1992, la clasificación de los vinos italianos en orden ascendente es: vino de tavola (vino de mesa), IGT (Indicación Geográfica Típica), entrando a vinos de calidad con la DOC (Denominación de Origen Controlada), y la máxima, que es la DOCG (Denominación de Origen Controlada y Garantizada).

Casi todas las DOC y DOCG corresponden a nombres geográficos como Barolo, Soave, Orvieto y Valpolicella, aunque en algunos casos la variedad se antepone como Brunello di Montalcino o Aglianico de Vulture, así como algunas subdenominaciones.

Las DO, además de marcar lineamientos de calidad, ostentan características diferenciales por su latitud, altura, orografía, vientos, influencia oceánica, pluviometría y por su infinidad de suelos, con estructuras y composiciones tan diferentes que hacen que Italia sea la reina de los vinos de tipicidad por origen. En un recorrido veloz por la península encontraríamos a las predecesoras de muchos cepajes que hoy encantan a los adoradores del vino.

La riqueza del suelo italiano

Probablemente la región más conocida es la Toscana, desde la costera de Bolgheri, donde existen los vinos modernos, hasta Chianti, con elaboraciones tradicionales y modernas dentro de sus cinco provincias. La uva tinta primordial es la Sangiovese, que puede ser combinada con Canaiolo, y las blancas Trebbiano y Malvasía para los Chianti. La cepa Brunello se extiende por las colinas de Montalcino, dando así una famosa DOCG. La ciudad de Montepulciano tiene su vino Nobile, elaborado con Prugnolo, Canaiolo Nero y Mammolo. En algunas DOCG ya se autoriza la mezcla de la Sangiovese con Cabernet Sauvignon y Merlot como en Carmignano y Pomino.

Chianti2

El Piamonte, además de sus grandes vinos, tiene las trufas como recurso de la tierra. En esta zona predominan las tintas Nebbiolo y Barbera en DOCG como Barolo, Barbaresco y la zona de Langhe, así como las Dolcetto y Moscatel blanca para los Asti espumantes con DOCG.

El Veneto posee DOC Soave y su varietal blanca Garganega sobre suelos volcánicos, además de Corvina, Rondinella, Molinara, de la zona de Valpolicella con elaboraciones como el Ripasso.

Algunas varietales que vale la pena probar son la Sargantino de DOC Orvieto en Umbria, la histórica Falanghina de Campania, y la tinta Aglianico de Taurasi. No dejemos pasar la Vernaccia de la zona de San Gimignano, con vinos bajo velo en flor y con la característica de ser la primera DO en Italia.

En Italia existen varietales autóctonos únicos en cada zona, lo que hace interminable un veloz repaso, pero hay que tener en cuenta que sus características son de gran calidad, con buenas diferencia en aromas y gustos.

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