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Burbujas: sinónimo de celebración y momentos especiales

Símbolo de festividad, las burbujas son el espíritu de los vinos espumosos. Efímeras y frágiles, ellas acompañan con efervescencia los eventos más importantes de nuestras vidas. A lo largo de los años hemos creado diversas tradiciones y costumbres acerca de la comida y bebida.

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Pero, ¿de dónde viene la costumbre de levantar el vaso o copa y brindar? O ¿por qué preferimos brindar con bebidas espumantes? Son dos costumbres diferentes que en algún punto se unen para acompañar momentos inolvidables.

Algunos creerán aquella creencia que data desde los antiguos griegos, los cuales chocaban sus vasos para derramar algo de bebida en el vaso del otro y cerciorarse de no ser envenado por los enemigos o rivales. Es interesante este histórico hecho, sin embargo, no hay evidencia que soporte esta historia.

La práctica de honrar a alguien o un suceso a través de una bebida tiene su origen de siglos anteriores, es difícil definir quién tuvo esa maravillosa idea. De hecho, muchas civilizaciones antiguas cuentan con pruebas de brindar. La civilización griega ofrecía un rito pagano que consistía en derramar determinado líquido sobre el suelo, fuego o víctima, después de probarlo; dicha práctica se le llamaba libación, donde también brindaban por la salud de otros. Estas actividades pueden encontrarse mencionadas en la Odisea, cuando Ulises toma a la salud de Aquiles. De hecho, los romanos replicaban las costumbres paganas griegas y brindaban por la salud de otros, e incluso existió una ley donde el senado exigía que todos brindaran en cada alimento por la salud del emperador Augusto.

Agregar pan tostado al vino era común, ya que en ese entonces la calidad del vino era inferior al de la actualidad, por lo tanto se creía que el pan tostado mejoraba el sabor y restaba acidez. De esta peculiar práctica viene la expresión en inglés to give a toast. En los siguientes años se eliminó el pan y se agregaron ritos tradicionales para honrar a personas. En los primeros días de esta práctica, la persona que era honrada con frecuencia recibía todo el brindis y terminaba con exceso de copas.

El brindis se hizo tan popular, en los siglos XVII y XVIII que existieron los toast masters, que actuaban como una especie de árbitro que controlaba los excesos y permitía que todos tuvieran la oportunidad de brindar. La tradición evolucionó, los juegos de beber acompañaron los brindis para impresionar y conquistar mujeres. Uno de los ejemplos digamos que más cursis, era cuando un caballero era herido, a continuación mezclaba su sangre con su bebida y luego brindaba a la salud de la dama de su elección con el fin de demostrar su devoción. Shakespeare lo relata en El mercader de Venecia, cuando el rey de Marruecos habla de apuñalarse y luego atormentarse. Otra práctica extraña que puede incluirse en este renglón, era brindar y beber del zapato de la dama a la que se pretendía enamorar.

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Las burbujas como ícono de felicidad y celebración.

Sería imperdonable no mencionar la importancia del champagne en los festejos. Y ¿por qué celebramos con ese elixir? El champagne aseguró su lugar en la historia cuando el guerrero franco Clovis fue bautizado en la catedral de Reims y coronado como el primer rey de Francia. Los vinos utilizados para la consagración eran vinos de Champagne. Años más tarde la coronación de reyes se realizaba en Reims y todo el banquete real también era agasajado con vinos de la región de Champagne.

Esta bebida fluía como agua en la corte francesa, ya fuera en cenas, en el Palais-Royal o al comer al aire libre con Madame de Pompadour, la cual impulsó su consumo en la corte durante el reinado de Luis XV con grandes fiestas. Casanova afirmó en sus Memorias que el champagne era esencial para conseguir sus conquistas sexuales. Algunos años más tarde, después de que las tropas zaristas fueron derrotadas por las fuerzas de Napoleón en Smolensk, la nobleza local ahogó sus penas en champagne. Una de las frases célebres del gran corso fue: “En la victoria merecemos champagne, en la derrota lo necesitamos”.

Por otra parte, el famoso “bautizo de burbujas” fue una costumbre que se llevó a cabo en importantes barcos, como fue el caso del Gran Bretaña en el año 1843, cuando transportó pasajeros de la ciudad de Liverpool hasta Nueva York. Al salir el SS France, el buque más grande en su momento en los años 60, también se bautizó y festejó con champagne.

Los aviones no han sido la excepción: el primer vuelo del Concorde fue, por supuesto, celebrado junto a la bebida efervescente, y qué decir cuando se inauguró el túnel del Canal de la Mancha.

En todo el mundo, los héroes celebran sus hazañas con vinos espumosos. La liberación de la burbuja se ha convertido en una tradición en cada podio, bajo el manto de burbujas, como es el caso de momentos clave de la historia. En mayo de 1945, el champagne fue, por supuesto, la única opción para celebrar cuando el general Eisenhower obtuvo la rendición incondicional de Alemania. Otro festejo icónico fue cuando Pierre Mazeaud y su equipo de expedición descorcharon una botella de champagne en la cima del Monte Everest en 1978.

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En suma, sería interminable la lista de momentos excepcionales acompañados de vinos espumosos. La historia y sus grandes momentos nos confirman que nos gusta compartir y beber la felicidad. Sea cual el estilo que escojamos (Asti, Cava, Prosecco, Champagne, Crémants, o vinos frizzantes), siempre serán sinónimo de elegancia, glamur y buenas nuevas. La tradición sigue viva, ya que seguimos descorchando para celebrar cumpleaños, aniversarios, Navidad, Año Nuevo, ascensos… sea cual sea la celebración, el momento quedará marcado con la presencia de las burbujas en nuestro paladar.

 

“Sólo las personas poco creativas fallan al encontrar una razón para tomar champagne”, Oscar Wilde

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