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Carnívoros conscientes (parte 1)

Desde hace siglos, la carne ha sido parte de la alimentación del ser humano. Aunque numerosos ambientalistas se han pronunciado en contra del sufrimiento animal, se apuesta por métodos para evitarlo y mejorar su trato, pero también el sabor de la carne.

Carne, por favor

¿En qué piensas cuando mencionan la palabra carne? Porque en México, como en América o Europa, cuando la gente escucha esa palabra piensa en un bistec de res. Sin embargo, un chino piensa en una lonja de cerdo, mientras un japonés en una pieza de pescado y un árabe en un trozo de cordero, porque todos tenemos una visión diferente a propósito de lo mismo.

El consumo de la carne se vincula al ser humano desde sus orígenes más remotos, a los animales de su entorno geográfico y a las particularidades sobre su abastecimiento. Antropológicamente sabemos que las comunidades más remotas se dedicaron a la recolección de frutas, verduras y plantas, pero también de larvas, insectos, huevos y a la caza de una gran variedad de especies de animales.

Posteriormente algunos pueblos comenzaron a conseguir pescados y mariscos, lo cual implicó adquirir un alimento en un medio que no era propio del ser humano. Finalmente, las culturas más avanzadas llegaron a sumar a su abastecimiento bastantes productos desarrollados a partir de una extensiva agricultura, la cual iba acompañada de la domesticación de animales.

Los primeros animales domesticados fueron el alce, el perro y el cerdo, y con el tiempo se sumaron otros como la vaca, las cabras, las ovejas y los pollos. Con los años nacerían incluso viveros para ostras y peces. Fue un asunto económico y de sabor lo que permitió que ciertos animales prevalecieran sobre otros en el gusto del consumo humano.

Su domesticación fue prioridad para muchas comunidades, quienes encontraron en esta proteína un sustento importantísimo y vital para su existencia. Así, durante siglos, una población baja en densidad o sin mucha tierra para cultivar incrementaba su dieta carnívora. Fue también una cuestión ecológica.

Actualmente hay naciones que no entenderían su cultura sin el consumo de la carne. Por ejemplo los argentinos, quienes poseen orgullo nacional por la calidad de sus cárnicos y han desarrollado técnicas importantes en la parrilla, el asado y cortes destacados, incluso han vinculado íntimamente su industria vinícola con la ingesta de carne.

En México, estados como Chihuahua o Sonora tienen ganado ovino del más alto nivel internacional. Decía Vasconcelos que “la civilización termina donde comienza la carne asada”, pero yo diría que existe una civilización extraordinaria donde se inicia el apego por la buena carne.

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¡Otro poquito!

Actualmente la FAO asegura que un varón adulto que pese unos 80 kg necesita 60 g de proteínas por día, y aunque éstas pueden ser de origen vegetal, muchos las obtienen de algún animal. Esto se debe a que la carne es muy superior como alimento, no sólo por las proteínas, sino también por las vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales que contiene.

No obstante, consumir únicamente carne es atroz, porque deriva en terribles trastornos a la salud, ya que no contiene los requerimientos de fibra suficientes para una buena digestión. Las adecuadas combinaciones con alimentos de origen vegetal son nutricionalmente muy convenientes para una dieta equilibrada, por ello se debe de acompañar con hidratos carbono ricos en calorías.

La población consume carne en proporciones desequilibradas, por eso se ha detonado una inmensa industria que atiende esta demanda, la cual ha desarrollado métodos de sacrificio que no suelen ser los más amables con los animales, y esto ha sido señalado con frecuencia por grupos a favor de los derechos de los animales.

Por otra parte, es verdad que se puede vivir sin carne o sin sexo o sin nadar en el mar o sin descanso pero ¿para qué? Marvin Harris dice en su libro Bueno para comer: “el 1 % de la población mundial desdeña voluntariamente cualquier tipo de comida cárnica”, e incluso “menos de una décima parte de ese porcentaje se compone de veganos auténticos”.

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¿Carne? No, gracias

El hablar sobre evitar comer carne en un texto sobre la misma parece contradictorio, pero considero que se debe mencionar para entender el futuro de su consumo mundial. En ese sentido, la aparición de las tendencias vegetarianas y veganas está directamente vinculada a la visión ecologista y proteccionista de los animales, propia de finales del siglo XX y principios del XXI, que debe ser analizada por su importante trasfondo.

Hay muchos pueblos que han evitado el consumo de ciertos tipos de carne. Por ejemplo, fueron ciertos grupos indígenas los primeros que evadieron el consumo de res por una causa más política que religiosa.

Excepto los budistas (e incluyendo a los jainíes y adventistas, considerados menos influyentes), en general no hay alguna religión que haya reclamado el abandono total de la carne.

Por su parte los judíos no consumen mariscos ni cerdo, los árabes tampoco, por cuestiones puramente religiosas: consideran que se trata de una ley divina mencionada en sus libros sagrados (por ejemplo, en el capítulo 11 del Levítico existe un listado amplio suscrito por Moisés y emitido por Dios, sobre las carnes impuras) que evita el consumo de carnes consideradas impuras. Las normas kosher y haram, respectivamente, elevan a grado de tabú el consumo de esos y otros cárnicos.

Por otra parte, incluso los grupos religiosos matizan sus creencias y los carnívoros prevalecen. Sin embargo, en nuestros tiempos son los ambientalistas los que han sensibilizado a muchos para evitar el sacrificio. Sus razones: “les duele el animal”. Les molesta pensar que tenga que sufrir cualquier tipo de dolor o tortura; en esto, tanto aquellos que comen carne como aquellos que no lo hacen encuentran un punto en común. No obstante, pienso que es poco probable que logren su sueño, porque siempre será complicado mantenerse en los extremos.

La mente colectiva es difícil de nutrirse de esta forma si fisiológicamente estamos condicionados a lo contrario, y considero que el cerebro no trabaja así: buscará el consumo energético y si para ello tiene que consumir carne, no dejará de hacerlo. Incluso si económicamente cueste más criar animales para consumo que plantas para el mismo fin.

Lee la parte 1… AQUÍ