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De las burbujas, nace el amor…

Elías Franco Velarde

Diciembre siempre ha sido el mes donde la mayoría adquiere botellas en diferentes estilos.

¿Cómo resistirnos ante esas burbujas de tonalidades varias? ¿Se ha preguntado, Conocedor, cómo es que llegó a gustarle esta bebida? En una frase: ¿cómo fue su primer encuentro con los espumosos?

Mi experiencia personal se remonta cuando, de adolescente, en las festividades de fin de año, la familia compraba sidra para brindar… Sí, la sidra, aquella fermentación de manzana con aspecto amarillo alimonado con tonos verdes y dorados, llena de micro burbujas, limpias y brillantes aromas de notas frutales, vegetales y florales. Su sabor: fresco y ligero, ácido y amargo, con presencia de carbónico.

El vino espumoso no dejará de ser un personaje de la vida real o ficticia… siempre es testigo de sucesos que marcan nuestras vidas. Recuerdo una de mis cintas favoritas, Festen, de Thomas Vinterberg: en medio de una catarsis familiar, la celebración y el brindis con champaña y espumosos atestiguaron una serie de confesiones familiares que dejaron boquiabiertos a todos los espectadores; la conducta torcida del patriarca y los hijos fue devastadora y la celebración con champaña y vinos se volvió más que sombría… El vino entonces se convirtió en testigo de aquella historia sórdida que mereció el premio del jurado del Festival de Cannes en 1998.

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La personalidad de los espumosos

Su personalidad, me atrevo a decir, es tan camaleónica como la vida misma y el ánimo con el que se vive el momento. Las burbujas presencian siempre aquel ánimo generado por circunstancias precisas que conllevan a consecuencias difíciles de olvidar, ya sea en la realidad o la ficción; en ambas no hay duda que siempre estarán presentes para refrescar sentimientos de diversa índole.

¿Qué producen las burbujas en uno mismo para recurrir a ellas en estos momentos que describo? ¿Por qué no cerrar ciclos con otras bebidas como la cerveza o vinos de mesa, whisky, coñac?, ¿qué nos hace dimensionar las burbujas que no logran las otras bebidas? ¿Será una percepción muy personal la que expongo?

Al indagar sobre la costumbre de brindar, las diferentes historias al respecto no dejan de ser tan sorprendentes como las mismas escenas que vemos en la ficción, ya sea en cine o series de TV. Una de las hipótesis sobre esta manera de celebrar levantando las copas se remonta a la Edad Media, donde los monarcas y los nobles, quienes constantemente sufrían amenazas de envenenamiento, preferían chocar sus copas para salpicar y mezclar las bebidas y verificar que sus homónimos no los asesinaran.

Otra de las hipótesis sobre el brindar y decir “salud”, se circunscribe en el siglo IV A. C. en Grecia, donde entre la clase pudiente se acostumbraba celebrar grandes banquetes. Además, en aquella época también era muy habitual deshacerse de los rivales en el ámbito político y en los negocios mediante el envenenamiento. Debido a esto, todo banquete se iniciaba con una ceremonia en la que, tras haber llenado la copa de todos los comensales, el anfitrión levantaba la suya, la mostraba a sus invitados y después bebía. Esto era una forma de demostrar que el vino que iban a beber no estaba envenenado y sus invitados lo interpretaban como una señal de amistad y confianza.

No es gratuito entonces que en aquellas historias donde los escrúpulos salen sobrando las victorias se celebren con un vino espumoso.

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Amor y desamor

En contraste con las hipótesis de cómo nació el decir “salud” y chocar las copas, está el brindar por aquellos momentos en los que las emociones están a flor de piel y saberse deseado por aquella persona que le roba los sueños a uno; el amor es unos de los grandes momentos de nuestra vida que celebramos con un espumoso.

Dejando a un lado las lecturas de los estereotipos de las historias hollywoodenses, Mujer bonita, protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere, nos muestra que el amor se puede celebrar con unas fresas y un par de copas con burbujas refrescantes…

¿Qué decir de aquella celebración en la que el Dr. Shepherd y Meredith Grey (en la serie televisiva Grey’s Anatomy) conquistan las dificultades y logran establecerse como pareja? Así nos podemos seguir con una gran lista donde las burbujas de amor se disfrutan entre los besos de aquellos seres enamorados.

Del desamor, amargamente los espumosos no escapan de aquellas situaciones en las que las reacciones son inesperadas y sobrepasan los ánimos. Para muestra, está una gran escena en la que Carrie y Miranda (en la cinta Sex & the city) celebran el día de San Valentín en un restaurante de Manhattan adornado con serpentinas y globos en forma de corazón; ahí, Miranda le confiesa a su gran amiga el guardarse una serie de secretos que para no dañarla prefirió ventilarlos justo ese día en el que los lazos de amistad podrían ser más fuertes; el desencuentro no se hizo esperar y de ser un San Valentín rosa y festivo se tornó gris…

Con todo, vivir una odisea con las burbujas de los espumosos siempre es recomendable, y qué mejor para celebrar sucesos que aderecen nuestra vida con sensaciones dulces y entrañables.

¡Salud!

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