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#ExperienciasElConocedor: Chateau Domeq a ojos cerrados

En noviembre pasado vivimos una de las #ExperienciasElConocedor más emotivas del año. En compañía de sommeliers y amantes del vino nos reunimos en el Hotel Presidente InterContinental de Polanco para vivir una velada única.

Con los móviles apagados, expectantes y dispuestos a vivir lo que sucedería, entramos en fila india, tomados de los hombros, a un salón que se encontraba completamente en oscuridad. Los invitados desconocíamos la dinámica, ninguno sabía lo que pasaría a continuación.

Una vez dentro, una persona nos colocó en nuestro lugar y nos explicó la manera en la que la mesa estaba dispuesta: el plato al frente, el tenedor y el cuchillo del lado derecho, mientras la cucharilla del postre en la parte superior del plato. Junto a ésta colocaron dos copas, la de la izquierda para el vino blanco, y la de la derecha para el tinto. Detrás de ellas, una más para agua. La servilleta se encontraba a la izquierda, y la canasta de pan al centro de la mesa.

Uno a uno nos presentamos para saber con quiénes compartíamos la mesa y, tras las palabras de bienvenida por parte de la Bodega Pedro Domecq, la cena comenzó. Aún con los ojos bien abiertos resultaba imposible ver, así que debíamos explorar sin miedo para encontrar cada elemento y así disfrutar.

Conforme avanzó la cena los invitados pudimos descubrir el motivo que nos había reunido ahí: la línea Chateau Domecq, Blanco y Tinto, fue renovada por completo y la disfrutábamos a través de maridajes deliciosos que resaltaron por completo sus nuevas características.

El enólogo de la bodega, Alberto Verdeja, fue el encargado de guiarnos a descubrir las propiedades organolépticas de cada vino y a adentrarnos en la nueva imagen.

Una velada más allá de los sentidos

Al terminar la cena, la luz regresó lentamente y pudimos observar el lugar en el que estábamos y la forma en la que había quedado la mesa después de cenar sin poder ver: desordenada y un poco manchada por quienes confesaron haber tenido que comer con las manos. Por supuesto, en medio se encontraban los vinos que degustamos, luciendo una etiqueta nueva y fresca que presume la transformación de su interior.

La velada había sido deliciosa, divertida y nos había hecho reflexionar sobre lo valioso de cada uno de nuestros sentidos, pero una duda inundaba el salón: si el sitio estaba completamente oscuro, ¿de qué forma nos atendieron los meseros?, ¿cómo nos cambiaron los platos y cómo nos sirvieron el vino sin derramar nada?

José Manuel Pacheco, gerente de eventos sensoriales entró acompañado de su perro guía y nos presentó a quienes atendieron cada mesa: se trataba de personas ciegas y débiles visuales que realizan estas increíbles cenas. Por su parte, Florian Paugam, director general de la fundación Ojos que Sienten, A. C., explicó la labor que realizan y los retos a los que se enfrentan.

Sin duda fue una experiencia enriquecedora e inigualable, el mejor escenario para descubrir la nueva imagen de Chateau Domeq, dos vinos totalmente renovados que ahora más que nunca estarán presentes en nuestras mesas.

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