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Historia de un clásico, el Martini

 Stir, not shaken

Hablar de un símbolo como el Martini es describir un clásico. Es pensar en elegancia, sensualidad, en películas, intelectuales, artistas… es hablar de historia.

Para muchos, el Martini es el coctel más famoso en el mundo, pero lo cautivante de esta bebida es la travesía que ha llevado y en lo que se ha convertido para la cultura mundial. Existen diversas historias sobre el origen de esta preparación, y si bien es necesario analizar y desmenuzar cada una para poder comprender la magia que gira en torno a él, relataré de forma breve sus antecedentes.

Origen del Martini

Su base es la ginebra, antiguo destilado aromatizado con enebro cuyos orígenes se remontan al siglo XVI; y mucho antes de ganarse su lugar en las tabernas y posteriormente en los bares, el éxito lo conquistó gracias a su efecto medicinal. Se cree que para 1608 la ginebra ya estaba en territorio norteamericano, llevada por el navegante y explorador Henry Hudson.

Durante el s. XVIII en Estados Unidos se adoptó la costumbre inglesa de las “poncheras”; esta actividad consistía en preparar bebidas a base de licores, azúcar, agua, entre otros ingredientes, y el resultado de esta mezcla era consumido en reuniones. Debido a su gran popularidad, los dueños de las tabernas comenzaron a ofrecer esta preparación en porciones individuales, y a causa del bajo costo de la ginebra se diversificaron las opciones de bebidas elaboradas utilizando como base aquella.

De esta forma fue como nacieron los primeros cocteles, que curiosamente se consideraban preparados que servían como remedio para la resaca, y aunque al principio eran destinados para un sector de la población de nivel bajo, gracias a sus dulces notas y diferentes combinaciones se colaron en los altos estratos sociales.

Existen varias historias de cómo surgió el Martini, sin embargo, su receta apareció por primera vez en un libro de cocteles en 1862 de título How to Mix Drinks, cuyo autor es Jerry Thomas, y al cual muchos le atribuyen su preparación. Se dice que a Jerry se le ocurrió mezclar ginebra, vermouth y un poco de licor de cereza.

Otra historia relata que se creó en la ciudad californiana de nombre Martinez; también podemos recordar la variante que es creación del cantinero del Hotel Savoy, e incluso las ciudades de San Francisco y Nueva York también defienden su nacimiento.

Aunque sea incierto su origen, la realidad es que esta icónica bebida no gozó de popularidad hasta que comenzó la Ley Seca en Estados Unidos en 1920. La razón de ello fue que debido a la prohibición, el traer los destilados provenientes del continente europeo se convirtió en toda una faena. No obstante, la ginebra tenía una ventaja: a diferencia del whisky, el cual tiene que añejarse, podía elaborarse incluso en las bañeras de los hogares, oportunidad que aprovecharon los destiladores ilegales.

Y así fue como el Martini y el Manhattan se convirtieron en las grandes estrellas de las fiestas cocteleras, convirtiéndose en parte de la cultura estadounidense, y después en parte de la cultura mundial.

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El Martini perfecto

Aunque este tema siempre estará en discusión, como en todo, considero que el mejor Martini es el que a ti te guste. Muchos expertos señalan que para que la preparación sea exacta se debe de elaborar siempre en el shaker con hielo, en una proporción de seis partes de ginebra por una de vermouth seco y agitarlo; para su servicio lo ideal es que sea en una copa martinera, y como toque final se agrega la aceituna en un palillo.

El Martini es una bebida elegante y refinada, pero llegó a considerarse inculto y vulgar; sin embargo, ha recorrido toda una travesía, sobrepasando las barreras sociales y los obstáculos históricos, y atravesando continentes. Ha sido favorito e incluso se podría considerar la firma de numerosos personajes notables en la cultura popular como Franklin D. Roosevelt, Humphrey Bogart, Ernest Hemingway y Truman Capote

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