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Johnnie Walker Blue Label realizó la primera cata a 30,000 pies de altura

Johnnie Walker Blue Label cambia para siempre la percepción de viajar con estilo.

Si eres un viajero frecuente hay varios episodios que esperas ansioso durante el trayecto, pero el más anhelado es ese cuando alcanzas cierta altura y la sobrecargo anuncia que ya puedes relajarte y hacer tu silla para atrás para estar más cómodo. Pocos imaginábamos que durante un vuelo a Nueva York, el anuncio sería acompañado con las instrucciones «El que quiera ser partícipe de una cata de Johnnie Walker, baje su mesita». Los pasajeros nos miramos unos a otros incrédulos y como vimos que comenzaba a pasar un carrito con tres botellas, bajamos la mesita al instante.

Poco a poco fueron sirviéndonos a cada uno Johnnie Walker Gold Label, Johnnie Walker Aged 18 Years, y Johnnie Walker Blue Label sobre un mantel de cata que servía de guía por los sabores y aromas de cada uno. De pronto, Matthieu Guerpillon (Scotch Ambassador para Diageo México) comenzó la cata para identificar los perfiles de cada whisky. Aunque nos explicó cada uno de ellos, fue con Blue Label con quien fue más específico: « La profundidad que tiene Blue Label es única. Posée un sabor infinito: el ahumado, la malta, el especiado y la prolongación de sabor que puede demostrar este whisky, lo hace único. A Blue Label no lo domesticas —tiene un lado salvaje al cual tienes que tenerle respeto—. Nunca sabe igual. La percepción y la recepción es distinta cada vez que lo pruebas y eso es marca de los grandes whiskys. Blue label es más disruptivo, no lo entiendes a la primera», explicaba Guerpillon a los pasajeros.

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A medida que progresaba la cata, Guerpillon nos hacía experimentar agregando un poco de agua a cada uno para notar las diferencias. Sin embargo, Blue Label fue el que arrojó la nota sobresaliente por el cambio en los aromas y notas gustativas. «Agregar un poquito de agua despierta sabores ahumados, a turba (carbón, parrillado, hierba quemada, heno)». Los pasajeros entusiastas hacían comparaciones entre cada whisky, compartían notas de cata y descubrían nuevos favoritos. Los que antes éramos sólo compañeros de asiento, nos sentimos compañeros de barra y como tal, las historias comenzaron a surgir so pretexto de tener un gran whisky en mano.

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«Lo mejor que te puedes llevar de una experiencia de whisky es el recuerdo», dijo Guerpillon al finalizar una experiencia sui generis de hacer una cata en el cielo. Fue el mejor título para ese viaje con destino a Nueva York con brevísima escala en Escocia. Más viajes como estos querido Johnnie Walker. ¡Sláinte!

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