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La apariencia del vino

Cuando se es conocedor o amateur, el hecho de mirar el vino a través de una copa inclinada es un acto que nos encanta y nos produce placer. Ya sea el tomar la copa y notar el reflejo de la luz, o el determinar cómo se comporta el vino sobre las paredes y decidir qué matices de colores podemos apreciar: si es un vino cereza intenso, en el caso de los tintos, o un blanco perfecto. El tema del color siempre es una característica que los enólogos y especialistas en vino evalúan y determinan la clase de vino que bebemos. Una tendencia antigua era pensar que los vinos estaban bien si se veían claros, mientras si estaban turbios se consideraban “dañados”. Esta idea, sin embargo, ya es algo obsoleta en la actualidad, ya que desde el uso de la tecnología las fallas perceptibles al ojo realmente son casi nulas.

Visualmente, los vinos blancos son los más censurados ya que pasan por el “análisis” del ojo humano. Así, muchos consumidores determinan su gusto prefiriendo los vinos blancos (de color amarillo paja o amarillo oro), de los que son blancos con tintes dorados o blancos con tintes rosas.

Una de las peculiaridades en coloración que vemos en el vino blanco es el efecto pink, que causa una variación del color hacia el rosa. Este efecto se presenta, debido a la presencia de compuestos fenólicos que se oxidan una vez que el vino está en botella. El origen de esos compuestos es aún desconocido, ya que las uvas blancas no tienen antocianos (compuestos responsables de la tonalidad roja en uvas tintas).

La coloración, contrario a lo que se piensa, no causa ningún efecto negativo en el resto de las características organolépticas del vino. Es decir, el vino se encuentra perfectamente. Sin embargo, debido a la costumbre y tendencia de los mercados, hay bodegas que han decidido tratar a los vinos para que este efecto no pase, ya que crea desconfianza sobre las uvas empleadas para su elaboración. De esta manera existen diversas técnicas enológicas para asegurar que el color del vino blanco no cambie, basadas en la oxigenación del mismo antes de ser embotellado; estos procesos hacen que el vino pierda su intensidad y calidad de sus aromas. Además, se corre el riesgo de que se oxide prematuramente si no se controla bien la técnica.

El fenómeno “pinking”

A pesar de que los enólogos son conscientes de que las características olfativas y gustativas no se ven afectadas por el pinking, lo visual no es bien recibido, sobre todo por las expectativas que se tienen de un vino blanco.

El pinking es un fenómeno aleatorio, de tal manera que hay vendimias en las que aparece y otras no. No hay a ciencia cierta una manera de predecirlo. El usar tratamientos preventivos “por si acaso” puede mermar las características organolépticas, sobre todo en la intensidad y calidad de los aromas del vino.

En conclusión, es nuestra decisión como consumidores del vino optar por lo que creamos que sea más importante: cómo se vea o cómo sepa. Un fallo fácil de tomar. 

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