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Las especias y cómo se encontró un nuevo continente buscándolas

Pimienta, canela, nuez moscada, clavo, cardamomo y azafrán. Las especias han sido y seguirán siendo ingrediente clave en muchísimos platillos. Objeto de adoración, motivo de guerras e importantes mercancías que hicieron ricos a muchos hombres a lo largo de la historia. Los grandes platillos de las cocinas europeas requieren su uso, producto de una época de gustos alimentarios muy distintos a los nuestros y en la que poseerlas era símbolo de riqueza.

Las islas Molucas, o de las Especias, son conocidas por el hombre occidental desde hace más tiempo que la pólvora. Es un lejano archipiélago en el sureste asiático del que se extraían algunas codiciadas especias como las pimientas, la nuez moscada y el clavo de olor. Mismo caso el de Ceilán (hoy Sri Lanka), donde nació el cultivo de la canela. Los fenicios, excelentes comerciantes marinos, fueron los primeros en comercializar el azafrán y expandirlo por todo el mar Mediterráneo.

La Edad Media es un período con una gastronomía muy curiosa. Llaman la atención preparaciones extraordinariamente condimentadas y dulces, como la carne de animales de caza, el cerdo y muchísimas aves, y también el vino. La canela y la pimienta son especialmente consumidas en esta época, prácticamente todas las recetas las contenían. Otras como el azafrán estaban presentes en las mesas de los nobles de regiones cercanas al Mediterráneo y con importante influencia árabe, como España. 

Pero existía un problema que los europeos querían eliminar: el comercio era lento, costoso y muy propenso a asaltos a lo largo de toda la ruta que seguían desde Indonesia. Todo esto aunado a que los productos debían pasar por manos de una variedad infinita de razas, religiones y nacionalidades, cosa no muy bien vista por los buenos cristianos medievales. Fue por esto que buscaron una nueva ruta de comercio. Decidieron romper con la idea de que en el Mediterráneo no encontrarían nada y salieron al encuentro del místico lejano oriente.

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No encontraron más que extensiones inmensas de tierra, bellezas naturales y una serie de culturas sumamente diferentes a las suyas, eso debía ser Asia. No había especias por ningún lado, recorrieron de sur a norte, incluso encontraron costas al otro lado y aprovecharon para conquistar uno que otro territorio, pero y ni un solo árbol de pimienta. Lo que no supieron inmediatamente fue que habían encontrado un nuevo continente y todo lo que en él había causaría una revolución culinaria en Europa.

La desilusión de los europeos no fue tan grande, pues encontraron otras especias, hasta entonces desconocidas. La vainilla y la pimienta gorda fueron dos ellas extraídas del Nuevo Mundo que volvieron locos a quienes las probaron. Sin embargo el comercio de semillas de maíz, jitomate, cacao, pimiento y papa significó un cambio radical en la agricultura mundial. El consumo de especias jamás disminuyó y la ambición de dar con el extremo oriental de Asia tampoco. Pronto los españoles ejercerían control comercial en el sureste asiático y así se convertirían en la mayor potencia de especias y otros productos en el mundo a través de la Nueva España.

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