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Los terruños mexicanos

Hans Backhoff

En el Nuevo Mundo, la vid ha crecido desde tiempos ancestrales. Particularmente en México, la uva fue utilizada por las culturas mesoamericanas porque este fruto expresa, por sí solo, lo que la tierra nos quiere compartir. Los aztecas conocían a las uvas como acacholli, los purépechas le llamaban seruráni, los otomíes le decían obxi y los tarahumaras utilizaban el vocablo uri. De inmediato, esta información nos coloca en la línea de tiempo de la historia, que mezcla circunstancias, contextos, personas, culturas y tecnología.

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El vino como tal, o la técnica de hacerlo, llegó con la conquista del continente. Si bien los varietales silvestres crecían en climas agrestes de la Nueva España, se descubrieron regiones con climas apropiados para el desarrollo de estas plantas. Terruños de gran riqueza esperaban su momento para florecer. Parras en Coahuila y la Baja California sobresalieron desde entonces. Los misioneros llevaron la técnica y se lograron

En el México independiente se buscó el resurgimiento de la industria y fueron los vinos dulces sacramentales y de mesa, blancos y tintos, los que lograron un buen posicionamiento. Con la llegada del siglo XX, los viñedos mexicanos enfrentaron dos crisis severas. En 1900 la filoxera, un nocivo parásito de la vid, acabó con gran parte de las cosechas y en 1910, la Revolución volvió a interrumpir el desarrollo de las bodegas.vinos de calidad. Una prohibición del rey de España detuvo el desarrollo de esta industria por muchos años, incluso el cura Hidalgo promovió el desarrollo de viñedos en Dolores, como muestra de su inconformidad en los tiempos previos al movimiento de Independencia.

Auge en la época actual

Sin duda alguna, y a pesar de la larga historia que he tratado de sintetizar, los terruños mexicanos tienen relativamente poco tiempo en pleno auge. Actualmente se tienen plantadas y en producción cerca de 3500 hectáreas de uva para la elaboración de vino, principalmente en los estados de Baja California, Coahuila, Querétaro, Aguascalientes, Zacatecas y Guanajuato, las seis regiones distintivas de los vinos mexicanos.

Cuando hablas de vino, hablas de temas muy regionales, de mucha identidad y mucho orgullo ante un terruño con sus variables climáticas y de terreno que permiten a la tierra expresarse de la mejor manera. En el caso particular de Baja California, en donde se encuentra nuestro terruño dentro del Valle de Guadalupe, puedo comentarles que son su clima y su historia lo que nos ha colocado ante los ojos del mundo. Primero con los misioneros y luego con los molokanes, aquellos rusos que llegaron a la península en 1905 y rescataron los viñedos de la región, la técnica para crear el vino se encontró con un lugar situado entre los paralelos 31ª y 32ª de latitud norte, la conocida “franja del vino”, donde se localizan el 85 % de los viñedos del mundo.

Tierras influenciadas por las temperaturas cálidas del océano Pacífico y refrescadas por las brisas frías que bajan desde Alaska. Condiciones ideales, similares a las del Mediterráneo, para lograr vinos de alta calidad. Por eso me gusta el vino mexicano, porque tiene mucho potencial, porque ha logrado superar los estándares internacionales, y porque está hecho en nuestra tierra.

Enólogo e ingeniero en industrias alimenticias, Hans Backhoff es director general de la casa productora de vinos mexicanos, Monte Xanic, pionera en el segmento de vinos Premium. Twitter: @hbackhoff

Columna publicada en el número 37 de la Revista El Conocedor. Imagen de portada: México Desconocido.