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Martini. De la A a la Z y del 0 al 007

María Guadalupe Sandoval Meza

Epítome de elegancia, símbolo de estilo y distinción. Su presencia se extiende por todo el mundo y reclama su sitio de honor en cada rincón de la geografía. De canon estricto, proporciones misteriosas e infinitos matices, esta bebida espirituosa es la puerta de entrada a un universo de glamour, sensualidad y extravagancia.

Es el trago favorito de estrellas de cine, políticos influyentes, músicos talentosos, solteras neoyorquinas y populares espías que usan el famoso código 007. El Martini es el elixir de élite por antonomasia.

Nota curiosa:

Se dice que existe un club londinense que pone a prueba a sus aspirantes, uno de los retos consiste en beber un Martini. Hay quienes cometen el error de desechar el hueso de la aceituna en el cenicero o incluso lo ocultan furtivamente dentro de la servilleta. Por supuesto, pueden olvidarse de su matrícula. La opción: tragarse la semilla con suficiente gracia y caballerosidad.

Con acento gringo

Del origen del Martini abundan historias. Hay quienes aseguran que nació en 1886 como una creación de Thomas Stuart, famoso barman del Hotel Savoy londinense. La versión norteamericana considera a Martini di Arma Taggia como el verdadero artífice de esta gloriosa bebida, que preparó una noche de 1911 en el Hotel Knickerbocker de Nueva York. Alessandro Martini y Luigi Rossi también figuran entre los pioneros de la marca al ser los creadores del vermut, ingrediente fundamental en su preparación.

De todos los relatos, el de mayor aceptación es aquel que cuenta que fue un caluroso día de 1853 cuando un forastero sediento llegó al local de Jerry Thomas, quien tenía reputación de ser el mejor mezclador de bebidas. El extraño despertaría tanto la inspiración de Thomas, que al instante preparó la mejor de sus combinaciones. Entonces, se le ocurrió bautizarla con el nombre del extranjero pero a falta del dato, terminaría por llamarla como su lugar de destino: Martínez, un pequeño pueblo minero. ¿Cómo es que Martínez derivó en Martini? Quizá por una mala pronunciación del spanglish.

El dato:

Fue justamente Jerry Thomas quien años más tarde escribió el primer libro de coctelería del mundo.

La fórmula no ha quedado dicha

La fórmula del Martini es sencilla: ginebra y vermut seco con aceituna o rizo de limón. Los expertos admiten el uso de vodka como alternativa. Las proporciones han variado históricamente y a menudo son asunto personal. A finales del siglo XIX eran equivalentes, en la actualidad, algunos estudiosos sugieren 5-1 ó 6-1.

Los estándares de las celebridades son muy especiales en este sentido, por ejemplo, el líder político británico Winston Churchill era un verdadero experto con receta propia. Su secreto era enfriar la ginebra junto con las copas, sólo bebía del mejor vermut seco y elegía con escrúpulo sus olivas. En su opinión, había que dejar que la luz del sol atravesara la botella de licor para después hacer la mezcla perfecta. El efluvio luminoso marcaba toda la diferencia.

Por su parte, el escritor norteamericano Ernest Hemingway bebía su Martini a “la Monty”, es decir, en proporción de 15 medidas de ginebra por una de vermut. El cineasta español Luis Buñuel tenía siempre a la mano su propia botella, un juego previo entre las gotas del licor y de hielo le permitía finalmente mezclar la ginebra y obtener una delicada combinación.

Lo increíble:

De la creatividad de los bartenders de todo el mundo han nacido infinidad de variantes del Martini con sabores y texturas distintas. A menudo los ingredientes son tan extravagantes que pocos se resisten a probarlas, pero a Gaby Scanlon la experiencia casi le cuesta la vida. La joven festejaba su cumpleaños en un bar del Reino Unido cuando el nitrógeno líquido de su Martini perforó su estómago. Al final, los médicos extirparon parte del órgano para salvarla y el local dejó de utilizar esta delicada sustancia.

Celebridad entre las celebridades

El Martini encontró sitio seguro entre políticos, escritores, pintores, actores, músicos y multimillonarios. Grandes aficionados han sucumbido ante él convirtiéndolo en el rey de los cocteles y, a su vez, la bebida se ha enaltecido con las cualidades de cada personalidad que sostiene su icónica copa. El Martini se reconoce en la belleza de Elizabeth Taylor, en la sensualidad de Marylin Monroe, en la inteligencia de Churchill y en la elegancia de Sinatra.

Su entrada triunfal en la Meca del cine ocurrió en los años treinta del siglo XX, cuando películas como The thin man y Casablanca lo asociaron a personajes cosmopolitas, inteligentes, atractivos y con un estilo de vida envidiable. Naturalmente, el más sobresaliente de ellos es el agente 007 quien provocó  otra discusión que a más de medio siglo aún no tiene respuesta: ¿por qué mezclado y no agitado?

Hay quienes dicen que la diferencia es el aspecto. Al agitar, el hielo se diluye con mayor rapidez y la bebida adopta una transparencia nebulosa, al mezclar, el trago es mucho más claro. Bond presumiblemente busca la apariencia cristalina para detectar un posible envenenamiento. Truco de espía, ¿tú qué crees?

Una última nota curiosa:

¿Sabías que en el Blue Bar del lujoso Hotel Algonquin de Manhattan se sirve un Martini muy especial? Además de la deliciosa aceituna, se decora con ¡un diamante! Su costo: 10 mil dólares la copa.

Muchas bebidas poseen historia, pero el Martini tiene nombre propio. Su paso por el tiempo es fuerte e incesante. Omnipresente en todas las barras, en toda ocasión, en la compañía y en el placer del deleite. No dejes pasar la oportunidad de vestir elegante, elegir a tu compañía ideal y acercarte al camarero con toda la actitud Martini, el resultado te fascinará.

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