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Martinis de Nueva York

En la historia de la humanidad encontramos un gran número de bebidas que han sido causa o motivo de inspiradas obras de la literatura, la música y el teatro, culpable de guerras y desamores, inspiración del enamorado y ferviente compañero del guerrero en épocas de batallas y de sosiego, no podríamos comprender la vida misma de nuestras sociedades sin la compañía del dios Baco.

Tenemos bebidas para cada ocasión y gusto, podemos escoger entre las de origen, destilados, espirituosas, mezclas, cremas y más aun, para acompañar tipos específicos de alimentos, ocasiones, lugares, horarios, en fin, hay una bebida para cada momento del día.

Pero en toda historia, siempre hay un vencedor, y en cuestión de bebidas ninguna a trascendido tantas fronteras como el Martini. Es el coctel cosmopolita por excelencia, cien por ciento aspiracional, reflejo de estatus, acompañante de la personalidad perfecta y las mujeres mas sexys de las pantallas, de las grandes pasarelas de la moda y de los históricos políticos del vertiginoso siglo XX.

En el cine, el Martini encontró una gran plataforma de la mano de memorables personajes que no serían lo mismo sin un Martini en la mano, como James Bond, carismático espía inglés que desde la mente de su creador, Ian Fleming, no pierde oportunidad para pedir un “Martini, agitado, no removido”, por cierto que esta bebida en realidad se llama “Bradford”, algunos expertos afirman que un Martini siempre debe prepararse removido, para que las partes de la mezcla se unan sutilmente manteniendo sus características casi intactas.

Cómo olvidar a Dean Martin, que durante los años 50 y 60 fue tal su éxito, y bajo el consejo de su diseñador de imagen, se presentaba siempre con una copa de Martini en la mano y un cigarro en la otra, lo que terminó por ser su marca registrada.

Así, podríamos hacer una lista interminable de personajes de la pantalla grande, el arte y la política como Franklin D. Roosevelt, ex presidente de los Estados Unidos, las chicas de Sex and The City o y el mismísimo y sorprendente Hombre Araña, todos ellos con una gran historia junto a un Martini.

Esta extraordinaria mezcla, que se ha ganado el sobrenombre del “Rey de los Cocteles”, tiene un origen algo incierto, pero no por esto menos romántico; sus albores, rigurosamente hablando, se dan alrededor del año 1500, en Holanda, cuando el Dr. Boe, buscando un elixir medicinal, mezcla el enebro con el jugo de bayas curtidas en aguardiente creando el Gin, que se popularizo como Ginebra por su mezcla a base de enebro.

Surgimiento del nombre “Martini”

Como gran parte de la cultura de nuestro continente, hay dos historias muy interesantes que sitúan el origen del Martini en Londres. La primera nos cuenta sobre la bar tender del Hotel Savoy, alrededor de los años 30, dueña de una singular inspiración para crear mezclas, tan grande, que la llevó a Estados Unidos, invadiendo los flamantes bares de jazz con la más exitosa de sus mezclas, el Martini.

La segunda leyenda inglesa versa que el Martini toma su nombre del rifle Martini & Henry, famoso por su disparo certero y su gran contragolpe (culatazo), igual que el efecto del primer sorbo de esta bebida que se caracteriza por su sabor seco y su golpe firme al sorbo, como las balas disparadas por este famoso rifle.

Así, encontramos las versiones europeas con el Negroni o el Martini & Rossi, sin embargo, la fama, el glamour, el gusto pues, por los Martinis, se ha generado desde el territorio norteamericano, donde también encontramos grandes leyendas.

Una de ellas nos remonta a finales del siglo XIX, a un pequeño bar en la comunidad de Martínez perteneciente a la Bahía de San Francisco, California. Cuentan que un rico gambusino ofreció un excelente pago si lo sorprendían con un buen coctel. Transcurrieron tres días con sus noches catando mezclas, hasta que llegó la gran vencedora, hecha con tres partes de gin por una de vermut rojo y una aceituna al fondo, después de seleccionarla y de recuperarse de tantos tragos, decidió llamarla “Martínez” que las personas de habla inglesa pronuncian marteenee, en honor al pueblo.

Una versión más es la que da el honor a Jerry Thomas, emblemático cantinero estadounidense del hotel Occidental de San Francisco, apodado “El Profesor”, que en el año de 1887 editó el libro Recetas de Thomas en el que encontramos la fórmula del coctel Martínez a base de vermut, gin y un toque de bitter y marrasquino.

Una historia más sobre el origen de su nombre nos lleva a la glamorosa ciudad de Nueva York, donde en 1911, en la barra del hotel Knickerbocker, su cantinero en jefe, Martin de Arma de Taggia, mezcló una porción de ginebra por una de vermut y unas gotas de naranja, enfrió y sirvió en una elegante copa, digna representante del art decó de la época; fue tal el éxito de esta bebida que le nombraron Martini en honor al famoso cantinero, quien entre sus seguidores contaba con el magnate petrolero John D. Rockefeller.

Los neoyorkinos, amantes del estudio de su ciudad y sus tradiciones, ubican a la famosa y tranquila taberna Hoffman House como el lugar donde se creó y se sirvió el primer Martini.

Y, es aquí, en la vertiginosa ciudad de Nueva York, donde todas las leyendas terminan y se vuelcan al culto del Martini; aquí, en la Gran Manzana, donde concurren artistas y políticos con la moda, la cultura en boga, es donde encontramos las más variadas e innovadoras formas de preparar un Martini y la mayor cantidad de bares, restaurantes y tabernas especializadas en servirlo. Es aquí donde podemos encontrar personas “comunes” con una copa de Martini en la mano a la hora del lunch.

Vagando por la ciudad de los rascacielos y sacrificando un poco el hígado, podemos degustar las versiones más peculiares y las más clásicas como el Vodka Martini, el Gibson, obviamente el Manhattan, el Cosmopolitan, el Brooklyn, el In and Out, el Bronx’s, el Blue Martini y podemos seguir y seguir buscando y degustando, pues si algo caracteriza a Nueva York y a los Martinis es su creatividad y atrevimiento sin límites.

Las nuevas generaciones han avanzado un poco más en las mezclas y ahora lo toman mezclado con hojas de coca, kiwi, ralladuras de jengibre o almendras. En lo personal prefiero la receta “perfecta”, preparada en un mezclador de plata, con cubos de hielo cristalino en su interior, seis partes de ginebra, enfriada previamente, por una de vermut seco, agitado suavemente hasta que la mano se congele. Se sirve colado y con una aceituna rellena cruzada.

Si tienes planeado viajar próximamente a Nueva York, considera destinar gran parte de tu tiempo a la búsqueda de tu Martini preferido, seguramente en cada lugar encontrarás un buen motivo para regresar y seguir buscando.

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