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Memorias de un amateur – Café… siempre inseparable

Elías Franco Velarde

Hablemos de café… sí, de aquel grano que de la tierra surge para deleitarnos en diferentes momentos de nuestra vida. Desde pequeño, en casa, mi madre me daba en la merienda café con leche; recuerdo que me gustaba tanto que quería repetirlo para terminarme mi pan dulce.

Fueron muchos años los que tomé café con leche, el sabor variaba de acuerdo con la marca que se compraba en casa, por lo que esta peculiaridad me llevó un día a saber más de este grano, su procedencia y fue más tarde que las técnicas de tostado me dieron a conocer estas variantes.

Mi acercamiento al café se acentuó en mis tiempos de universitario; en aquel entonces escuchaba decir a amigos y compañeros que no había mejor manera de hacer la tarea por las noches que con una taza de café, ya que hacía que Morfeo no hiciera acto de presencia y por lo tanto la cama no se convirtiera en una tentación. En contraste, yo era de aquellos que disfrutaba del café por las mañanas o bien una vez terminada la jornada en compañía de amigos para hablar de todo y nada.

El aroma del grano de café me parece uno de los más singulares y seductores, al punto que cada vez que paso afuera de un expendio de café me detengo unos segundos para así reactivar mi olfato y descansarlo de la oficina, de las fritangas callejeras, de la ciudad… El café me reanima como cuando de pronto voy al departamento de perfumería y para seguir oliendo esas maravillas de la química embotellada, un grano de café rompe aquella bruma. Incluso, el café reconforta en momentos difíciles: ante la pérdida de un ser querido, el café funge como aquel agente que por un momento da calor para sobrellevar la frialdad del suceso por el que se atraviesa.

Qué decir del café que venden en aquellas zonas gélidas como en las cercanías del volcán Popocatépetl, la Marquesa o Tres Marías. Recuerdo que mi padre nos llevaba con frecuencia a estos sitios, los cuales marcaron en definitiva mi acercamiento al grano. Ahora, desde hace un par de años, acostumbro ir una vez a la semana con un amigo muy querido a una cafetería distinta para tomarnos una taza de café, platicar y platicar…

Imagen: tecnonautas.com

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Una bebida estimulante e inspiradora

Como sucede con cualquier bebida o platillo, uno experimenta un sinfín de sensaciones, ¿qué pasa por la mente y qué siente la lengua y boca al beber café? Sinceramente pocas veces nos detenemos en este punto y reflexionamos. Ahora que precisamente escribo este texto, tengo al lado de la computadora un café con un toque de vainilla, una mezcla que me cautivó hace relativamente poco tiempo, cuando en la oficina me regalaron una marca cuyo aroma me sedujo: cada vez que lo degusto, en verdad me parece establecer conexión con la tierra misma, el café y la vainilla. Esa serenidad de aquellos sonidos innatos de alguna región que no está intervenida por el hombre, pueden ser tan apacibles como la sensación que en mí produce esta mezcla… y así nos podríamos seguir.

En muchos filmes mexicanos y extranjeros, ser acompañado por una taza con café resulta el cómplice de diversas situaciones; los escritores plasman los mejores versos de sus vidas, los artistas plásticos y visuales concluyen sus ideas sobre sus próximas creaciones, los detectives establecen las hipótesis para resolver casos difíciles, y en suma, el café atestigua la resolución del caso o bien como lo mostró el cineasta estadounidense Jim Jarmusch con el filme Coffee & cigarrettes, el café puede estar presente en los más comunes, monótonos y trascendentes contextos individuales y colectivos, donde las historias y conversaciones que se suscitan no carecen de la compañía del café.

Imagen: diariolaprimeraperu.com

Imagen: diariolaprimeraperu.com

Beneficios del café

No podemos dejar de lado sus bondades, que además de ser una excelente compañía, tomar de dos a tres tazas al día es la recomendación: contiene una gran concentración de antioxidantes que contribuyen a disminuir el peligro de padecer cáncer de vejiga o hígado, a la vez que reduce el riesgo de padecer cirrosis. Es una fuente de flavonoides (pigmentos que protegen al organismo de los daños producidos por sustancias o elementos oxidantes), que también ayudan a disminuir las probabilidades de sufrir enfermedades del corazón. El café puede reducir considerablemente el riesgo de contraer diabetes tipo 2, así como se asocia a un menor riesgo de Alzheimer. Por otra parte, se utiliza para tratar el asma, ayuda a aliviar el dolor de cabeza y algunos tipos de migraña, así como a reducir la aparición de cálculos biliares y enfermedades en la vesícula; incluso evita el estreñimiento y por si fuera poco, es diurético.

Imagen: bocadepolen.org

Imagen: bocadepolen.org

El café en nuestro país

Llegó a México hace 200 años a Veracruz y su desarrollo se centró durante el porfiriato; somos el país ubicado en el puesto número 9 como productor de café; por el tipo de suelo en el que se cultiva, que generalmente es de tipo volcánico, otorga a la planta y al grano un sabor muy característico y uno puede detectar notas a chocolate, especias y flores.

Las especies de café más comerciales que se cultivan en México son la arábiga y la robusta. La primera se da a una altura de 500 a 2 mil metros sobre el nivel del mar y en promedio una planta produce de 4.5 a 6.5 kg anuales; su contenido de cafeína es de 1.5 % y su sabor es suave. La robusta da plantas más grandes y más productivas, en promedio se obtienen de siete a 10 kg por planta, es más resistente a las plagas, contiene 2.5 % de cafeína y su sabor es más fuerte.

Americano, de olla, capuchino, expreso, en frapé, mexicano o de otro país, sin lugar a dudas, el café no puede estar ausente de nuestras vidas. Tomarlo seguramente nos remitirá a las más profundas sensaciones y nos acompañará en los momentos más íntimos y trascendentales de nuestro ser.

Artículo publicado en el número 36 de la revista El Conocedor.