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Quebec, la ciudad de alma francesa

Por su riqueza cultural y su inigualable entorno natural, visitar Quebec es una experiencia sin precedentes.

Uno de los toques europeos que podemos disfrutar en el norte del continente americano es, sin duda, la ciudad de Quebec en Canadá. Podemos asegurar que es la más europea (y sobre todo francesa), ya que fue descubierta por el viajero francés Jacques Cartier, aunque en realidad fue fundada en 1608 por Samuel de Champlain.

Quebec fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la ONU en 1985, por lo que es fácil imaginar lo rica que es en atracciones turísticas y culturales.

La ciudad se encuentra ubicada en el noreste de América, en Canadá, a unas tres horas en coche de Montreal. Para que nos hagamos una idea, Montreal estaría a la altura de Nueva York si trazáramos una línea recta hacia el norte, y Quebec en este caso, estaría a la altura de Boston.

Te recomiendo recorrer esta ciudad por zonas, con el objeto de que disfrutes y planees con mejor precisión los puntos a visitar. La mayoría de las guías resaltan tres grandes zonas imperdibles durante tu estancia en Quebec: Basse Ville, Haute Ville y Grande Allée.

Basse Ville es la parte que rodea al Vieux Port y sus instalaciones originales tenían mucho que ver con el comercio marítimo y sus necesidades; posteriormente fue restaurado a mediados del siglo XX. La zona se conoce como el Quartier du Petit Champlain y está repleto de comercios, galerías de arte, cafés, restaurantes y numerosos artistas callejeros.

Haute Ville es la zona más céntrica de la ciudad, donde se encuentran los edificios más emblemáticos, los museos y las iglesias, así como plazas y rincones más auténticos. También hay una zona comercial, varias calles peatonales y el maravilloso Château Frontenac, auténtico corazón de la ciudad.

Grande Allée es el barrio que se encuentra detrás de la zona fortificada. Su mayor emblema es la Asamblea Nacional (Assemblée Nationale), que es la sede del Parlamento Provincial. Junto a este lugar se encuentra su calle más animada que comparte nombre con el barrio, y al otro lado se ubica un hermoso parque, el Parc des Champs de Bataille, auténtico pulmón verde de la ciudad. 

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La belleza de sus calles y edificios

A lo largo y ancho de Quebec, podrás encontrar un gran número de monumentos históricos, y su arquitectura ofrece la impresión de ser más vieja de lo que realmente es. Recorrer sus calles sin duda es la actividad más recomendada para el verdadero disfrute de la ciudad; ejemplo de esto es la calle Petit Champlain que conduce a la parte más alta de la metrópoli y en la que podrás visitar sus galerías de arte, tiendas de souvenirs y tiendas especializadas en atuendos invernales, ya que este punto de Canadá vive un clima sumamente gélido, sobre todo en invierno. La vista que ofrece esta principal calle da oportunidad también de degustar platillos locales acompañados de un chocolate caliente o un reconfortante café.

En Château Frontenac, se ubica el edificio más alto y con una de las terrazas más significativas del sitio: se trata de un hotel cuya arquitectura data de finales del siglo XIX, pero aparenta ser una edificación mucho más antigua. En esta zona también podrás visitar la Place d’Armes, en la que los carruajes te darán un gran recorrido por el sitio.

Quebec resguarda también una de las construcciones religiosas más antiguas del continente americano: se trata de la iglesia católica Notre-Dame que ha sido restaurada por sus diversos daños, pero que conserva su estilo original.

Otro de los sitios más concurridos de Quebec es el Parc des Champs de Bataille, donde se produjo la rendición final del ejército francés en 1759 y que originó la entrega de las llaves de la ciudad a los británicos. En la actualidad, es un gran parque llamado National Battlefields Park y es muy agradable para dar un tranquilo paseo.

En este mismo tenor de paseos, Quebec ofrece un marco inigualable, se trata de las Llanuras de Abraham, uno de los más prestigiosos parques urbanos del mundo. En este parque podrás realizar distintas actividades como caminatas, paseos en bicicleta o esquí de fondo. Las llanuras fueron el escenario de las celebraciones del 400 aniversario de la fundación de Quebec.

Conocida como la Colina Parlamentaria, este es uno de los lugares cuya arquitectura deslumbra a los ojos de cualquier visitante. La sede de la Asamblea Nacional es la principal joya arquitectónica que se ubica frente a la suntuosa fuente de Tourny, importante legado del 400 aniversario de la ciudad, con sus 43 chorros de agua, sus esculturas marinas y su iluminación al caer la noche. Esta obra monumental obtuvo una medalla de oro en ocasión de la Exposición Universal de París, en 1855.

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Imperdibles naturales de Quebec

Uno de los recorridos obligados durante tu estancia en Quebec, tiene que ser la isla de Orleans que se compone por bellas colinas, construcciones centenarias y granjas de productores locales que ofrecen sus propias cosechas de verduras y frutas de temporada, además de sus tradicionales productos artesanales. Vino, sidra de hielo y licor de casis, son otras delicias locales que descubrirás con grato placer en este punto.

Otro atractivo que ofrece la orografía de esta ciudad es el parque de la Chute-Montmorency, cuya cascada tiene una altura de 83 m (30 metros más que las cataratas del Niágara); sobre esta caída impresionante de agua existe un gran puente donde podrás acercarte y apreciar de mejor manera este fenómeno natural, o bien desde las alturas en un teleférico que atraviesa gran parte del parque.

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Conocer la primera vía transitable de Quebec te remontará al pasado: el camino del rey o chemin du roy une a Quebec con Montreal desde 1773.

En dirección a Portneuf a partir de la alcaldía de la ciudad de Quebec, atravesarás algunos de los poblados más bellos de la provincia, admirarás valiosísimos tesoros del patrimonio quebequense: casas solariegas, molinos, museos y residencias ancestrales. Dado que el camino del rey ha sido homologado como “ruta verde” en casi toda su longitud, también podrás recorrerlo en bicicleta en condiciones de total seguridad.

Te recomiendo también visitar esta ciudad en invierno, ya que las vistas son espectaculares. En esta época del año, la mayor atracción sin duda alguna es el esquí alpino; las laderas con un desnivel de 770 m en el Massif de Charlevoix, y de 625 m en el Mont-Sainte-Anne, reciben de forma natural una cantidad de nieve impresionante.

Esta ciudad de alma francesa de América, sin duda es un destino de conocedores. Su riqueza cultural es invaluable y el entorno natural que ofrece, inigualable. La magia no falta a la cita y uno se siente eufórico frente al río St. Lawrence.

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