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Recuerdos del vino del Viejo Mundo

La historia del vino es parte del legado que ha dado vida al llamado Nuevo Mundo. El vino del Viejo Mundo no sólo es sinónimo de tradición y elegancia: es historia y evolución con una esencia muy propia.

Orígenes

La Vitis vinífera, nombre científico que recibe la vid con la cual se elaboran los distintos tipos de vino, tiene su origen en la zona del Cáucaso, cercana al Mar Negro. Esta planta trepadora logró migrar al Mediterráneo para finalmente llegar a uno de sus grandes hogares, Europa.

Una de las leyendas sobre el origen del vino habla del rey persa Jamshid, un apasionado de las uvas que vivía con un harén de mujeres, quienes debían llevarle racimos para poder disfrutarlos grano a grano. Sin embargo, para conservarlos por más tiempo, acostumbraba dejarlos en vasijas en una habitación de su palacio; un día descubrió que las uvas habían estallado y se convirtieron en un licor. El rey lo confundió con veneno advirtiendo a sus mujeres del peligro. Pero una de ellas, enamorada del rey y que no deseaba competir con el resto del harén, decidió suicidarse con el “veneno” y la sorpresa fue que no se trataba de una bebida mortal y se convertiría en lo que hoy conocemos como vino, bebida de dioses.

El paso de los años, desde la antigua Mesopotamia y Egipto, fue conformando a la bebida que se convertiría en uno de los más maravillosos e históricos caldos que la historia nos pudo regalar. Remontándonos a Mesopotamia, el vino inició desde ser elaborado con uvas de mesa, dando como resultado vinos aguados, bajos en alcohol e incluso llegó a utilizarse como bebida medicinal al ser mezclado con hierbas aromáticas.

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Los bajorrelieves egipcios explican cómo era la pisca de las uvas, la cual daría paso a la tradición del pisado de las uvas por los romanos y griegos quienes poco a poco fueron relacionando al vino como una bebida sagrada, ya que durante sus ceremonias recibían el llamado de sus dioses y establecían comunicación con ellos a través del vino. Sin embargo, la caída del Imperio romano hacia el año 476 d. de C. trajo consigo la pérdida del vínculo del vino con lo sagrado, hasta que se reencontró con el cristianismo y éste, a su vez, tuvo fuerte difusión por Europa y el resto del mundo logrando, con el paso de los años, la mejora de los métodos de cosecha y vinificación.

El romanticismo del Viejo Mundo

Hablando de vinicultura, la madurez llega con la experiencia de los años, los conocimientos transmitidos de generación en generación y con ello, suelos milenarios pueden expresarse a través del vino. Tal es el ejemplo de los famosos vinos de Burdeos, zona que posee hoy día 120.000 hectáreas de producción representada por un total de 13.000 productores donde los ríos de Girona, Dordoña y Garona que atraviesan sus distintas comunas, dan apellido a la elegancia de sus vinos.

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En sus inicios, la región producía vinos para ser comercializados con los ingleses y eran vinos con poco potencial de guarda; sin embargo, hacia 1855 lograron crear el primer y más antiguo sistema de clasificación de vinos para poco a poco entender las cualidades que aportaba el suelo y clima en cada una de sus parcelas y poder desarrollar con elegancia su terroir.

Pero no fue sino hasta los años 30 que el gobierno francés definió los requerimientos mínimos para que los vinos pudieran ser parte de su sistema de Appellation d’Origine Contrôlée (AOC), tales como cepas autorizadas, delimitación geográfica, rendimientos por hectárea, contenido mínimo de alcohol, entre otros factores. De esta forma es como la calidad de los vinos de Burdeos comenzó a ser parte de la filosofía de todos los bodegueros, cuyo objetivo fue el desarrollar la personalidad del terroir francés.

Asimismo, el desarrollo del concepto de château como parte de la historia de la mayoría de los vinos de Burdeos, radicó en la tradición de los famosos castillos franceses, aunque no necesariamente el vino fuese elaborado en dichos lugares; sin embargo, fue importante para comenzar a dar a sus vinos no sólo la identidad de su terroir, sino también lograr entrelazarlos con su historia. De esta forma fue como sus castillos comenzaron a ser plasmados en las etiquetas como el caso de Château Latour, Château Rothschild, Château Margaux, donde además el nombre de las familias o propietarios tenía protagonismo en la etiqueta y de esta forma, crearon su estilo.

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Otra de las regiones de importante tradición vinícola es Italia, llamada antiguamente por los griegos Enotria, nombre que significa “tierra del vino”. Paradójicamente Italia es uno de los países que cuenta con mayor número de cepas autóctonas, alrededor de 350, lo cual refleja la amplia cultura vinícola que recorre lo largo y ancho del país.

Históricamente, este país cuenta con mayor experiencia elaborando vinos de calidad. Hacia el año 79 de nuestra era, Plinio el Viejo, reconocido científico y escritor de la época, se dio a la tarea de clasificar a los vinos italianos que se producían en aquel entonces, seleccionando sólo aquellos cuya categoría fuera de calidad superior. Esta selección superó más de cien vinos. Con ello, la producción del vino italiano no solo logró poner en claro su calidad, sino que se expandió rápidamente hacia el resto de Europa.

A pesar de que Francia fue el primer país europeo en clasificar sus vinos, Italia fue uno de los países cuya calidad los caracterizó desde aquel año. No obstante, la clasificación de 1855 en Burdeos detonó hacia la década de 1930 en que Italia porpusiera un sistema de calidad para avalar las cualidades de sus vinos y con ello, posicionarse en el mercado internacional mucho más tarde que Francia.

Ahondar en la historia vitivinícola del Viejo Mundo es sumergirse en un sinfín de historias que entrelazan la pasión por el vino, desde entender la historia de su terroir, descifrar con el paso de los años aquellas uvas que mejor se adaptan a cada microclima, así como desarrollar cuidadosos procesos de vinificación para dar una lenta guarda a sus vinos en bodega y botella para que con el paso de los años, desarrollen elegancia, delicadeza y llenen aquellos paladares más exigentes.

Cuestión de estilos

El Viejo Mundo es sinónimo de elegancia, mientras que el Nuevo Mundo logra fusionar la tradición vinícola del Viejo Mundo con el uso de la tecnología, se caracteriza por desarrollar la máxima expresión de sus cepas. No obstante, hoy en día podemos decir que ambas corrientes, que en un principio defendían sus estilos, han terminado por fusionar tradición con tecnología, para desarrollar estilos de vino cada vez más complejos.

No obstante, el estilo de cada vino y en particular del Viejo Mundo, conserva una personalidad única que sigue manteniéndose en el mercado mundial. Actualmente, Italia es un gran referente dentro de la industria ya que es considerado uno de los creadores de la mejor tecnología enológica en bodega gracias a la producción de tanques de fermentación que logran mejorar cada día los procesos y con ello, la calidad de los vinos.

El Viejo Mundo sigue siendo un referente, la experiencia a través de los años hoy día es compartida por los más grandes productores del Nuevo Mundo como Chile, Estados Unidos e incluso China, quienes siguen considerando que la experiencia es uno de los fundamentos principales para elaborar grandes vinos.

Recordar el origen del Viejo Mundo no sólo nos hace entender sus raíces, sino que nos lleva a viajar a través de los viñedos y de su historia, para entender por qué son y seguirán siendo verdaderos maestros en el arte de elaborar grandes vinos.

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