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Tintos para días de sol

 

Si bien es común que en los días de calor se prepare el famoso coctel “tinto de verano”, que no es más es una mezcla de vino tinto con soda sabor lima-limón y rodajas de naranja (que dicho sea de paso, para los puristas en un sacrilegio), yo opino que es una buena opción, siempre y cuando no se sacrifique un gran vino para hacerlo: inclusive hay vinos en el mercado que sin duda su paladar les agradecerá la mezcla.

Dicho esto, procedemos al tema de este artículo, “tintos para días de sol”, partiendo de la premisa de que en la primavera el calor llama a degustar platillos frescos, como mariscos y pescados, ensaladas y más, y esta cocina armoniza indiscutiblemente bien con los vinos blancos, rosados y espumosos (que eso lo sabemos todos), pero la inmensidad del mundo del vino siempre nos da opciones para contradecir las reglas o las generalidades, ya que por supuesto existen vinos tintos que armonizan perfectamente con todo lo que conlleva la primavera.

Analicemos uno de los factores distintivos entre los vinos blancos y los tintos, como la temperatura de servicio, donde los vinos blancos se enfrían debido a su característica sensorial principal, la acidez, y por la misma razón existen vinos tintos que se beberán más frescos que otros, que si bien no se beben muy fríos, sí se pueden degustar a 14 °C, que en relación con la temperatura ambiente cálida, los vamos a sentir definitivamente frescos y agradables, y es ahí donde vamos a encontrar nuestros tintos para el verano.

Algunas recomendaciones

Uno de los tintos que más recomiendo para disfrutar en tiempos de calor es el Lambrusco, y no, no todos ellos son dulces ni cuestan menos de 100 pesos; existen algunos de alta calidad, como el Lambrusco Lini 910, que es un tinto espumoso seco que se puede beber a 12 °C y lo podemos maridar con varios platillos de la cocina del mar por su alta acidez, refrescante burbuja y bajos taninos, y que además lo encontramos en México.

Otros vinos tintos que maridan en esta época son los Pinot Noir de zonas como río Negro, en la Patagonia, y Marlborough, en Nueva Zelanda; aunque existen excepciones, la mayor parte de la producción de estos vinos se realiza en barricas de tostados muy ligeros, los cuales no le aportan astringencia y permiten que su acidez y carácter de fruta fresca siga presente. Ejemplos como el Barda Pinot Noir, de la Bodega Chacra, o el Villa María Pinot Noir, los podemos disfrutar con pescados grasos como atún y salmón en salseados intensos, y hasta con camarones al chipotle.

Si pensamos en vinos franceses, nos vienen a la mente los que están elaborados con uva Gamay, como lo son los Beaujolais, y los que están elaborados con Cabernet Franc, como los de la zona de Loire, en especial la denominación Chinon; éstos poseen una elegante ligereza que nos ayudará a disfrutarlos aun en climas cálidos.

Pueden arriesgarse y quedar gratamente sorprendidos, como yo, con vinos como Barolos y Barbarescos de Piemonte, maridado con un platillo de anchoas (que jamás creí que funcionara).

También les recomiendo experimentar con vinos de uva Mencía provenientes del Bierzo en España, como los de la Bodega Mengoba, o hasta con vinos de la isla de Mallorca, con sus uvas autóctonas como la Callet y Mantonegro, con las cuales elaboran el vino Muac! de la bodega Terra de Falanis; estas aventuras nos brindarán sensaciones únicas y es probable que rompan más de un paradigma que tenemos sobre el vino, así que tan sólo hay que atrevernos.

Finalmente, recordemos que al beber vino lo importante es encontrar el deleite de nuestro paladar y que si bien escuchamos constantemente reglas sobre todo (por ejemplo, qué no hacer con los vinos), es indispensable tener en cuenta que la finalidad de degustar el vino es producir placer. Si eso es lo que nos provoca, entonces no hay regla que deba cambiarlo. No olviden que pensar en absolutos respecto al vino es la primera muestra de ignorancia.

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