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Viaje a Oriente

Un viaje a Oriente cambió mi forma de ver la cocina con enseñanzas que hasta ahora prevalecen.

Cuando cumplí 15 años, mi abuela nos llevó a mi hermano Nicolás y a mí a un viaje a Oriente en el que visitamos Tokio, Hong Kong, Bangkok, Singapur y Manila. Esta travesía llena de experiencias fue un gran referente en mi paladar; conforme pasan los años me doy cuenta del aprendizaje que fue a pesar de mi corta edad.

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Un crisol de sabores

Confieso que creí que la comida japonesa era la que más me iba a gustar porque había ido varias veces a comer teppanyaki, pero no fue hasta que llegué allá que supe que para ellos este plato es más de turistas que algo tradicional. Me impresionó mucho el ritual de los japoneses a la hora de comer. Quitarse los zapatos, servir con ambas manos, así como el agradecimiento y la conciencia que hay al comer y al compartir la mesa con los demás. 

Por otro lado, de Hong Kong me gustó mucho la variedad de dim sum y el ritual del té. Me pasó como en Japón, que creí conocer la comida china y fue muy diferente a lo que yo esperaba.

En Bangkok me ocurrió todo lo contrario, nunca esperé lo deliciosa que es la comida tailandesa, los curris, el picante, la leche de coco y toda la variedad de ingredientes que no se pude igualar con nada. El mercado flotante es una experiencia como de película: los sabores, los olores y la calidez de su gente hacen la diferencia. 

Cuando llegué a Manila, lo primero que busqué fueron los mangos, pero la variedad de sus platillos que generalmente se come en mesas grandes dejaron en mi memoria la abundancia de ingredientes que existe en ese territorio

En Singapur me sorprendió la conciencia cívica y el no ver nada de basura tirada en la calle. Sin embargo, cuando visité el mercado tradicional fue un contraste fuerte, ya que vi como mataban la pesca del día a batazos frente de los compradores. La imagen de una boa gigante, colgada, sin cabeza, que se seguía moviendo, fue mi pesadilla por varios años.

Lo que todavía no he logrado descifrar es la ausencia del vino en la cultura oriental, tengo muy presente el sake, la cerveza y el licor de ciruela.

Hace poco descubrí sake producido en México y estaba extraordinario. Haciendo conciencia, creo que después de la comida mexicana, la comida japonesa es mi favorita. Sin embargo, todas esas experiencias han influido en mi forma de entender las diferentes culturas, y hasta hoy de alguna manera están presentes en mis platillos. El estilo minimalista de los japoneses es el principio que sigo al crear, de ahí que me guste el lema: menos es más.

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