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Whisky: de Escocia con amor

Una historia de evolución y tradición que se ha convertido en un infaltable en nuestras vidas.

El whisky es una bebida que no debe tomarse a la ligera, pues su elaboración requiere no sólo un detallado proceso que ha sido perfeccionado con los años; es también un destilado que es sinónimo de historia y herencia. Es originario de las tierras altas escocesas y su nombre gaélico significa “agua de vida”. Se ha bebido en esos lares desde hace siglos y su solo aroma evoca praderas verdes, cielos grises y potencia en cada uno de sus componentes.

El origen del agua de vida

Aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo comenzó a destilarse alcohol por primera vez, se calcula que se ha hecho desde hace cuatro mil años. Es hasta el siglo XV que aparece la primera evidencia escrita sobre el whisky y se trata de una orden real para pedir 500 botellas de aquae vitae. En sus inicios era una bebida rudimentaria y poco parecida a la que se disfruta hoy, destilada en monasterios con un gusto áspero, cuyo consumo era destinado en su mayoría para aliviar algunos males que iban desde la plaga hasta curar parálisis.

Es hasta la llegada al trono del rey Enrique VIII (el de las seis esposas), que la historia cambia con la creación de la Iglesia anglicana y la disolución de los monasterios católicos. Por este hecho, la producción de whisky se trasladó a casas y haciendas, siendo estos productores quienes perfeccionaron el proceso para hacer del whisky un destilado pensado para ser bebido por placer y no como medicina. Ya para el s. XIX se había popularizado tanto que podía comprarse en tiendas y era disfrutado por todos los escoceses.

Fue así que numerosos productores hicieron su aparición, cuyos nombres hoy ubicamos fácilmente. Uno de ellos fue James Buchanan, cuya historia es la de un canadiense que regresó a su tierra en busca del sueño escocés. Su legado comenzó en Glasgow, cuando en 1884 decidió incursionar en el negocio del whisky y crear su propia mezcla. Le fue tan bien que un año después ganó el contrato para convertirse en el único proveedor de whisky escocés de la Cámara de los Comunes. Su éxito fue tal que en 1901 se convirtió en proveedor de la realeza británica, el emperador de Japón y la Corte Real española.

Historias como éstas son las que han logrado que el whisky le dé la vuelta al mundo para convertirse en uno de los destilados top que se beben en todo el orbe, siendo la India el mayor consumidor en el planeta, seguido por Francia y Estados Unidos… Nada mal para un destilado que inició su vida como medicina, pero que después se posicionó rápidamente como una bebida infaltable en nuestras vidas.

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