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#ExperienciasPorMéxico Los secretos de Nayarit

Cinco días en el paraíso me hicieron mirarlo con otros ojos y enamorarme una vez más de esta tierra tan cálida.

A 10 años del surgimiento de Riviera Nayarit como destino turístico, hoy es uno de los lugares más atractivos y bellos del país. Su cálido clima, la exquisita gastronomía y la amabilidad de su gente lo hacen un paraíso, un sitio ideal para desprenderse de la rutina y disfrutar unos días frente al mar.

Para celebrar este décimo aniversario, así como el centenario del nombramiento de Nayarit como estado libre y soberano, hicimos un maravilloso viaje guiados por el equipo de Culinaria Mexicana y Richard Zarkin, de la Oficina de Visitantes y Convenciones de la Riviera Nayarit, quienes nos llevaron a conocer los recovecos de este estado.

Ávidos de mar y sol, comenzamos nuestra aventura en el mercado de la Cruz de Huanacaxtle, un sitio visitado por los locales que buscan el producto de mar más fresco de la zona. Una sesión de pesca con arpón a bordo del catamarán de St. Regis Punta Mita, fue el inicio de cinco días en el paraíso.  

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Producto de la pesca con arpón. // Foto: Mariana Toledano

Un destino de lujo

Las cálidas aguas del Pacífico mexicano bañan las costas de Nayarit, ofreciendo un escenario privilegiado en el que grandes resorts han creado lugares de ensueño.

Al tocar tierra firme llegamos a St. Regis Punta Mita, un exclusivo hotel cuya alberca infinita se funde con el mar. Resulta un lugar apacible donde la puesta de sol es un espectáculo natural que feliz gozaría una y otra vez. Este resort, además de ser hermoso y tener en sus habitaciones las duchas exteriores más irresistibles de la región, es un buen destino para los amantes de la gastronomía.

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Así nos dio la bienvenida St. Regis Punta Mita. // Foto: Mariana Toledano

Su restaurante Carolina ofrece alta cocina inspirada en sabores locales; Mita Mary Bistro Boat enamora con tacos de mariscos, pescados zarandeados y ceviches a la orilla del mar; mientras que sus bares sirven entre sus cocteles una fresca interpretación del Bloody Mary llamado Mita Mary.

Nuestra primera noche llegó acompañada de una entrañable vista del atardecer y un maridaje con conchas en el Champagne & Oysters Bar del hotel. Aquel día no pudo terminar de mejor manera.

La siguiente parada fue un oasis de tranquilidad. Las instalaciones recién remodeladas de Four Seasons Punta Mita crean un ambiente de relajación donde el imperdible es el Spa Apuane: sus tratamientos corporales y rituales de bienestar son todo lo que se necesita para entrar en sintonía con uno mismo. Además, el juego de sol y sombra en el área de albercas nos abrazó para gozar los días soleados que regala la Riviera Nayarit, dejándonos consentir por el cuidado servicio que caracteriza a este resort. Para las familias o grupos de amigos, lo ideal es hospedarse en una de las villas con amplias habitaciones y alberca privada que aseguran intimidad y exclusividad.

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Sol y sombra en las albercas de Four Seasons Punta MIta. // Foto: Mariana Toledano

Delicias de San Blas

Así dejamos atrás Punta Mita para encontrarnos en San Blas con nuestro siguiente anfitrión: la chef Betty Vázquez, una mujer encantadora y enamorada de su lugar natal que nos recibió con brazos abiertos y como amigos de hace tiempo.

Este “pueblo chico de historias grandes”, como bien lo define la chef, tiene un encanto especial. Prueba de ello es el Hotel Garza Canela, operado con una calidez insuperable desde hace más de 30 años por la chef y su familia, donde resulta imposible no sentirse en casa.

La joya del lugar es su restaurante El Delfín, que ofrece auténtica cocina nayarita. La chef Betty nos consintió con tamalitos de camarón, frijoles puercos, pescado en salsa de tomate, quesos de la sierra, y el pan de plátano más rico que he probado, acompañado de mermelada de yaca.

Para cumplir el antojo de camarones cucaracha y pescado zarandeado, viajamos a la bahía de Matanchén. A orillas de esta playa, un pequeño local llamado Garza Blanca resguarda la receta secreta del pescado zarandeado con mantequilla de camarón y salsa Huichol, una delicia que si tienes suerte, Giovanni y Cariluz, dirigentes del lugar, te podrían revelar.

Empanadas de camarón, chicharrón de pescado, ceviches y aguachiles, es un poco de lo que encontramos en esta región. Sobra decir que en San Blas se come de maravilla.

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Camarones cucharacha en la bahía de Matanchén. // Foto: Mariana Toledano

La belleza de Nayarit

Quien ha visitado La Tovara sabe que como este lugar no hay dos. No tenía idea de que fuera tan hermoso. Los reflejos en el agua, el canto y la belleza de las aves, la vegetación, aunado a la posibilidad de ver un cocodrilo a unos metros de nosotros, me aceleraban el corazón mientras recorríamos el manglar en una lancha de motor.

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La Tovara regala espejos de agua preciosos. // Foto: Mariana Toledano

En esta zona convergen cientos de aves en sus rutas migratorias con especies endémicas de Nayarit, por lo que La Tovara es un punto de encuentro para los amantes del avistamiento de aves. Esta reserva natural, ubicada a un par de kilómetros de San Blas, posee uno de los paisajes más bellos del estado. Sus tranquilas aguas permiten apreciar con detenimiento la diversidad de su ecosistema y gozar la paz del lugar entre ceibas y mangles.

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Recorrer La Tovara es una experiencia irrepetible. // Foto: Mariana Toledano

Nayarit nos regaló atardeceres divinos. Al caer la tarde, en el Mirador de las Aves admiramos las tonalidades del cielo que se reflejaban en el agua creando un espejo multicolor, el vuelo de las garzas y los imponentes cocodrilos completaron el fascinante cuadro. Una parada obligada sobre la carretera San Blas-Tepic.

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El Mirador de las Aves es una parada obligada en San Blas. // Foto: Mariana Toledano

De visita en Tepic

Hambrientos y con sed de conocer la capital del estado, llegamos a Tepic a medio día. El restaurante Loma 42 nos dio la bienvenida en la última parte de nuestro viaje con taquitos de aldilla, un pulpo a la leña acompañado de jocoque de rancho y cremoso de pepitas, además de un tepache que nos regresó a la vida y nos dio energía para continuar nuestro recorrido por el Centro Histórico.

Luego de visitar la antigua fábrica textil de Bellavista, el Museo de Arte Contemporáneo y de quedar asombrados con la representación de danzas regionales y wixárikas del Ballet de Mexcaltitlán, llegó el momento de entrar de lleno a Tepic con una cena en un gran restaurante de la ciudad.

En Emiliano Comida y Vino, el chef Marco Valdivia nos hizo viajar a través del estado por medio de nueve tiempos, cada uno enfocado en ingredientes y técnicas de la cocina nayarita que daban lugar a platos sorprendentes. Entre los favoritos destacan el Taxtihuil estilo Mexcaltitlán, una receta prehispánica a base de caldo de camarón con masa de maíz y albóndigas de camarón fritas; la birria de robalo con recuerdos de boda nayarita; y el tamal de lima chichona, típico de Santa María del Oro y Jala.

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Emiliano Cocina y Vino rinde homenaje a la cocina nayarita. // Foto: Mariana Toledano

Santa María del Oro

Luego de visitar la planta de salsa Huichol, como cierre de un final perfecto, fuimos testigos de las delicias de La Sierrita, un lugar exquisito en el municipio de Santa María del Oro, inundado de un incomparable olor a leña y fogón que hace agua la boca y abre el apetito. Lechón en estacas, tacos de birria y barbacoa, acompañados de tortillas de maíz hechas a mano, nos preparaban para el adiós. Barriga llena y corazón contento, como dicen por allí.

La postal con la que nos despedimos de Nayarit fue una vista panorámica de la laguna de Santa María del Oro, sitio que me recordó, con la sutil melancolía que comienza al recién terminar un viaje, la fortuna de llamarme mexicana.

Cinco días en el paraíso me hicieron mirarlo con otros ojos y enamorarme una vez más de esta tierra tan cálida. ¡Que viva Nayartit!

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Laguna de Santa María del Oro. // Foto: Mariana Toledano