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Ámbar, una joya ancestral

Un seductor color dorado formado por minerales y gases guarda interesantes historias microscópicas, desde células de plantas, pasto o aceites, hasta ADN de algunos insectos que quedaron atrapados. Joyas y piezas ornamentales llenas de calor y buena suerte.

 Se dice que los dioses crearon el ámbar como fuente de poder y protección, que es un mineral, una piedra, incluso materia viva. Hoy sabemos que estas afirmaciones científicamente no son ciertas, pero ¿de dónde se originan los mitos alrededor de este místico material?

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Las antiguas culturas utilizaron el ámbar como amuleto, elemento medicinal, ceremonial y como ornamento; alrededor del mundo se creía que protegía de las enfermedades, de los malos espíritus y que brindaba buena suerte. Los griegos le llamaron electrón, que dio origen a la palabra “electricidad”, al asociarla con la capacidad de adquirir carga negativa y atraer objetos. Por su parte, los aztecas y los mayas lo usaban como adorno y le atribuían propiedades mágicas, porque al tomarlo entre las manos produce una placentera sensación de calor y despide un sutil aroma a hierba o madera silvestre.

En la actualidad sabemos que el ámbar es una resina natural que se compone de minerales como el carbono, gases como el oxígeno e hidrógeno, pero también puede contener células de plantas, pasto, aceites o incluso ADN de algunos insectos que quedaron atrapados en la sustancia y que pasaron millones de años para que se fosilizara y se formara como es ahora. Todos los depósitos de ámbar están o estuvieron relacionados con espacios marinos, por lo que es probable que el agua salada haya ayudado a su formación.

La combinación de estos elementos provee al ámbar de energía y por ello puede percibirse una sensación de calor al pasarlo por las manos. Es por ello que se ha creído que alivia los dolores reumáticos o algunas dolencias, pero no hay evidencia médica que lo compruebe, aunque en algunas farmacias europeas del siglo XIX se ofrecían místicos ungüentos de ámbar.

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Las piezas de joyería más antiguas que se han encontrado de este material datan del año 8000 a. de C., y por tanto es presumible que sea la sustancia más usada por la humanidad para la creación de joyas y piezas ornamentales.

Quizá los amuletos hechos con este material están tan cargados de buenos deseos que es por eso que funcionan. En Chiapas, México, todavía se estila darlo como un regalo para los amigos que visitan alguna casa.

Cómo saber si es ámbar auténtico

Es importante tener presente que no hay una prueba infalible para comprobar la autenticidad del ámbar, pero hay ciertos tips que ayudan a saber si la pieza que adquirimos es real o hemos sido engañados. Lo primero es comprar el ámbar en establecimientos reconocidos, que tengan la Denominación de Origen (D. O.), así será confiable saber que la pieza que se adquiere es de resina natural y no de plástico. Cuando una pieza es de ámbar auténtico y se expone a la luz negra debe tornarse blancuzca con tonalidades azules o verdes (las imitaciones de plástico o cristal no cambian su tonalidad).

Por su composición de carbono, el ámbar cede al fuego despidiendo un aroma dulce a incienso; quizá no se desee dañar la pieza sometiéndola a esta prueba, pero si alguien ofrece una hermosa pieza que no se quema, se puede confiar en que no es de esta resina fosilizada.

Al ser un trabajo artesanal hay signos de imperfección humana, entonces cuando la pieza esté perforada, normalmente lo que el artesano hace ahuecarla por un lado y después del otro, por tanto el conducto no es continuo ni de un extremo al otro, sino que el túnel se une en medio y deja un rastro blanquecino que no puede pulirse.

Pruebas poco confiables

No se debe confiar que cuando se frote una pieza y se genere electricidad estática con ella, no necesariamente es ámbar, ya que los plásticos también la generan, así que debe descartarse este experimento de la lista al momento de comprobar si se tiene ámbar genuino en las manos. La inclusión de insectos en las piezas tampoco es signo de autenticidad, ya que existe la misma posibilidad de que estén tanto en el ámbar auténtico como en el que no lo es.

Aunque el ámbar flota en agua salada, debe estar completamente limpio de otros residuos, de lo contrario podría hundirse, incluso siendo verdadero, así que tampoco es una prueba muy confiable.

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El ámbar en México y en el mundo

Aquí, la mayor cantidad de ámbar se encuentra en Chiapas y es reconocido por su pureza, lo que le ha permitido recibir la D. O. En esta región existen yacimientos con una edad aproximada de 25 millones de años; por otra parte, el ámbar mexicano tiene variantes rojas, que le da tonalidades rojo oscuro y amarillo dorado.

Fuera del territorio mexicano puede encontrarse en Rusia, República Dominicana, Brasil, Rumania, Sicilia o Birmania. Los países bálticos tienen la resina más antigua y la mayor concentración de ámbar; la producción de República Dominicana es la segunda más grande del mundo y la de mayor variedad en colores y tonalidades, además de las inclusiones en la resina, es decir, los residuos de animales o plantas tan característicos de una pieza de ámbar.

Museo de San Cristóbal de las Casas

Abierto en el año 2000, el Museo del Ámbar, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, exhibe más de 300 piezas talladas y en bruto, joyas y objetos de gran valor artesanal. En los diferentes espacios se muestra el ámbar desde su origen, los países donde existieron y existen yacimientos, cómo se formó, cómo se extrae, así como todos sus usos prehispánicos y actuales.

Es así como la antigüedad se funde con lo moderno, en forma de gema dorada, la historia del mundo engarzada a un anillo, arcanos eslabones pendiendo del cuello. Algunos se preguntarán si es posible aprisionar millones de años en piezas que podamos lucir como accesorios; al parecer lo es, y entonces resulta asequible la creencia en las propiedades místicas y curativas del ámbar, una joya ancestral que en realidad puede darnos más que sólo decoración.