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Burbujas en el podio

Como casi todas las buenas historias, la tradición de rociar burbujas en la f1 surgió de forma meramente accidental. A partir de esta edición, el origen de esta efervescencia provendrá de otra latitud vitivinícola.

Desde hace más de 60 años, en la mayoría de las competencias del deporte motor, descorchar y rociar champagne ha sido una escena icónica de podio en cada competencia deportiva; inclusive es la quintaesencia de celebración por la máxima categoría en la Fórmula 1.

El inicio: vino espumoso y champagne

En 1950 se disputó la primera carrera en el circuito Reims-Gueux, en la región de Champagne, Francia, y como parte de los galardones, los organizadores decidieron dar una botella de vino espumoso al podium de triunfadores, aunque en aquella época los conductores preferían coleccionar la botella como recompensa a su conquista.

La tradición que inicia en 1966 Jo Siffert, hizo saltar la espuma del champagne tras haber triunfado en las 24 horas de Le Mans. Los pilotos de Ford estaban plenos de felicidad tras haber arrebatado la victoria de la mítica competencia a la escudería Ferrari, luego de varios años sin éxito. Tras el evento, el piloto ganador descorchó una botella que había sido expuesta al sol. Como resultado, la presión se hizo incontenible, ocasionando que este rito se efectuara por primera vez de manera accidental.

Al año siguiente, Ford volvió a triunfar. Dan Gurney fue uno de los ganadores que recibió una botella de champagne entregada por la casa más representativa, Moët Chandon. Poco después, al agitarla para celebrar con espuma, marcó  así la pauta de esta tradición.

Pasando de la botella estándar a una Jeroboam -que contiene 4.5 litros-, la Fórmula 1 se adueñó del instante en que los pilotos celebran podio tras podio con innumerables marcas de champagne que han desfilado, siendo las protagonistas de cada victoria.

Hasta que en el 2020 la Fórmula 1 terminó la alianza con Carbon Blanc de Blanc Grand Cru Millésimé, un champagne vintage 100 % Chardonnay, creado con métodos de vinificación que se remontan dos siglos atrás. Como su nombre lo indica, produce unas peculiares botellas de fibra de carbono que necesitan de unos cuatro años de elaboración, con un precio aproximado de 3.000 dólares. 

Regreso al vino espumoso

Fue así que la máxima categoría decidió cambiar los festejos y regresar al vino espumoso, en una fiesta protagonizada por la marca Ferrari Trento, la mejor valuada en el país de origen. La firma italiana vuelve luego de más de 40 años de ausencia, ya que su última participación en la Fórmula 1 fue en 1980 en el Gran Premio de Imola, justamente en su país.

El vino Ferrari Trento fue catalogado como el mejor de Italia por el estudio Global Wine Brand Power Index 2020, de Wine Intelligence; dicho estudio se ha realizado por más de cinco años, y en la más reciente edición, Ferrari Trento destacó a nivel nacional con 100 puntos de categoría de conocimiento de marca. No obstante su nombre, esta bodega de vinos no tiene nada que ver con la escudería ni con la famosa marca de autos.

Al menos de 2021 a 2024, Ferrari Trento aparecerá en los podios en el paddock club y en otros eventos patrocinados por la F1. En México, una botella de la marca Ferrari Maximum Brut se cotiza en 944 pesos, mientras que Giulio Ferrari, en honor al nombre del fundador de la empresa, tiene un costo aproximado a 4.284 pesos.

Tras varias décadas la ceremonia del podio por tradición nos ha acostumbrado a celebrar con Champagne Möet Chandon, Mumm y Carbon, sin embargo, el CEO de la máxima categoría, Stefano Domenicali, comentó no tener reparos en romper con la tradición de vino espumoso en lugar de champagne.