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Canadá: la portentosa aldea del mundo

Cierra los ojos e imagina un lugar lleno de hermosas arquitecturas, paisajes verdes, exuberante vegetación cubierta de un color blanco y cristalino cada cambio de solsticio; agrega estructuras urbanas limpias, un trato humano cálido y un sin fin de atracciones turísticas. Voilá, todo eso es Canadá.

Si Europa tiene el atractivo por ser el Viejo Mundo y Estados Unidos por ser el artífice de una gran economía que nos invita a vivir el sueño americano entre excesos y lujos, Canadá sin duda se posicionaría como la aldea multicultural donde todo es posible: historia proveniente desde el siglo XVII y modernidad traducida en calidad de vida.

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Los canadienses poseen un nivel de vida que se posiciona entre los más altos del mundo: su desarrollo económico y social es envidiable y todos los centros urbanos importantes tienen diversos centros comerciales y culturales que ofrecen atractivos inmejorables.

La mayoría de sus ciudades cuentan con numerosos parques, jardines, playas, centros deportivos, recreativos, así como gran diversidad de teatros, restaurantes, galerías de arte y centros universitarios que en su conjunto son, sin duda, dignos de disfrutarse en su más puro esplendor. Para ello se necesita de algo más que un boleto de avión y la curiosidad de conocer: el deseo de ser cobijado por la tierra de la miel maple en toda la extensión de la palabra.

La gran Aldea

El ambiente hospitalario de Canadá se debe en gran medida a que es un país de inmigrantes, por lo tanto, reconocen que la diversidad de culturas y costumbres es parte de su historia, lo que permite a los visitantes sentirse en casa sin perder la oportunidad de encontrar un toque de comidas étnicas y actividades de diferentes partes del mundo. La combinación perfecta pues es como tener al mundo a nuestro alcance en un solo lugar.

Canadá fue colonizada por Francia y Gran Bretaña, por lo que su población e historia comienza oficialmente alrededor del siglo XVII, sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, el panorama cultural canadiense se ha enriquecido con un gran número de migrantes europeos y asiáticos en su mayoría, aunque también en la actualidad hay comunidades latinas por todo el país.

La integración de diferentes tradiciones en un lugar que posee un índice de criminalidad bajo, un avance tecnológico con un potencial exorbitante y la capacidad de contar con una población bilingüe (se habla inglés y francés) permite que Canadá en su conjunto sea un crisol de atractivos turísticos en un solo lugar. Eso sí, hay que tomar en cuenta que es el país más grande del hemisferio occidental, por lo que no bastará un fin de semana para visitar su grandeza.

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El toque europeo de Quebec

Quebec es una tierra de contrastes. Ubicada al noroeste del continente americano, sus paisajes van desde una gran extensión de bosques hasta mesetas, taiga y tundra que se enmarcan por lagos y ríos que comprenden alrededor de 180 mil kilómetros que finalizan en los mares boreales.

Muchos de sus paisajes rústicos pueden recorrerse por tierra o por barco, sin embargo, es por el vaivén del mar que se disfruta a plenitud la fotografía de sus viviendas, iglesias, capillas, molinos, puentes y faros que dan el toque perfecto para que incluso la UNESCO haya declarado patrimonio mundial a esta ciudad.

La combinación entre el viejo y nuevo mundo le da a este lugar un brillo especial, que desemboca en una energía creativa que vitaliza más allá de sus fronteras el deseo de crear y ser arte: su literatura, las artes escénicas, pintura, escultura y artesanía se muestran al mundo en los diversos festivales que se realizan a lo largo del año, entre los que destacan: el Festival de Verano de Quebec que desde hace más de cuarenta años presenta a diferentes artistas del mundo; la competencia piromusical llamada Grandes Fuegos Loto-Quebec que se celebra en el parque de la Catarata Montmorency a finales de julio e inicios de agosto; el colorido y diverso festival Pelin Art Quebec que reúne a artesanos que ofrecen cerámica, textiles, joyería, etcétera y por supuesto, la ya muy tradicional fiesta de Nueva Francia SAG, en donde se festeja la historia de los primeros europeos en América por medio de más o menos mil presentaciones artísticas que fusionan la tradición e historicidad.

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Claro que también existen las opciones para recorrer Quebec con el lujo de hospedarse en hoteles que tengan vista a un lago o una montaña, incluso, reservar en alguno tan exclusivo que el concepto de acampar recobrará otro sentido al verse lleno de lujo y comodidad. Hay para todos los gustos, sin embargo, nada parece campestre, digamos que lo rústico en Canadá siempre tiene clase.

Muchos de estos hoteles cuentan con opciones para que sus huéspedes se relajen con una tarde golf, realizar excursiones en bicicleta, nadar o practicar algún deporte acuático en verano; de ser invierno las opciones se abren a la oportunidad de patinar sobre hielo, andar en trineo de perros o esquiar en sus majestuosas montañas.

En cuanto a la comida, se cuenta con la oportunidad de degustar diversos platillos de talla internacional, sus productos locales, como el pescado ahumado, el pato, los quesos finos, las frutas del bosque y la tradicional sidra de hielo. Sin embargo, de tener un paladar diferente, existen también los restaurantes con especialidades orientales y libanesas, esto, fruto de su diversidad cultural.

Quebec es hospitalaria y amigable, y eso es sin duda lo que permite conocer a un país.

Montreal, la ciudad del contraste

Es la ciudad donde existen más habitantes que hablan el idioma francés, lo que se presenta como una gran oportunidad para practicar el francés que hemos aprendido en nuestra vida. Lo interesante en este sentido es, sin duda, compartir nuestra voz con la de sus alrededor de 3 millones de habitantes que provienen de diversas regiones del mundo a enriquecer sus barrios y el patrimonio urbano.

Es necesario iniciar por el principio: visitar el viejo Montreal, en donde el ruido de sus calles adoquinadas y las fachadas de piedra que de inmediato te llevan al siglo XXVIII y XIX te enamoran cuando las recorres en paseos nocturnos, que se recomiendan sean guiados por algún representante de turismo o un nativo interesado en mostrar la belleza de su ciudad; estar frente a la basílica de Notre-Dame y comprender las bases por las que Montreal es hoy uno de los centros más importantes de Canadá, lo cual ayudará a comprender mucho mejor su cultura y sus contrastes.

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Al salir del histórico Montreal podremos encontrarnos con la modernidad desde el monte Royal, esta visita es imperdible, pues además de la vista que ofrece de toda la ciudad.

Los amantes del deporte se sentirán maravillados en esta ciudad, pues además de contar con la oportunidad de conocer el estadio olímpico utilizado en 1976 y que se ha conservado muy bien, también podrán asistir al Parque Jean-Drapeau, en donde se practican actividades al aire libre y cuenta, por si esto fuera poco, con un parque de diversiones que hace feliz a chicos y grandes. En este parque se encuentra el Casino de Montreal y el famoso circuito automovilístico en el que se celebran pruebas de la Fórmula 1 y NASCAR.

El mundo se merece vivir en Toronto

Ecléctico sería la palabra para describir este lugar: hay de todo, la urbanidad como eje y el campo como abrigo. Toronto es todo, desde sus barrios que albergan a la gente más cosmopolita y sus centros de entretenimiento, hasta las bellas e indescriptibles joyas de la naturaleza que posee.

Incluso el Distrito Financiero es digno de admirarse. Este núcleo urbano, destinado a los negocios, está perfectamente delineado para ser un hermoso paisaje contemporáneo.

Bajo esos enorme edificios existe una ciudad completa: la ciudad subterránea, la cual es una explanada bajo la tierra en la que se puede comprar en alrededor de 27 kilómetros, cuenta con mil doscientas tiendas, cafés y restaurantes que podrían bien llevarse todas las vacaciones por su espectacularidad.

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Pero eso no es todo, también están los conocidos Queen West y el Bloor, Yorkville en donde la moda y la vanguardia son su estandarte: desde moda grunge hasta las más elegantes e inaccesibles se mezclan en un ambiente lleno de diversidad cultural que tiene como cereza del pastel, la oportunidad de ver a músicos y celebridades de moda que pasean y trabajan en este barrio.

La multiculturalidad como una de sus mayores virtudes también se descubre en los diversos barrios que han construido con el paso del tiempo las comunidades italianas, griegas, chinas, japonesas, y de origen autóctono. Algo de ellos se impregna en sus calles como distintivo de la apertura y vanguardia que engloban a Toronto.

A una hora y media del último grito de la moda que dan los barrios de Toronto se encuentran las magnificas cataratas del Niágara, su majestuosidad y belleza hacen que sean destino de todo tipo de turistas: desde los más aventureros que ven diversión y riesgo hasta los románticos que imaginan alguna escena de película. No debes perder la oportunidad de pasear por el barco “Dama de la Niebla”, sumergirse por estas cataratas es de esas experiencias que se deben vivir antes de morir.

A medida que avance la tarde, no dejes de pasear por la zona, encontrarás una amplia gama de fincas y bodegas así como una variedad de vinos que te sorprenderán por el excelente maridaje que hacen con su gastronomía.

Cada mañana, en el desayuno sabrás que en cada bocado de waffles o hot cakes bañados de su tradicional miel maple está el paraíso.