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Casa de Piedra, Valle de Guadalupe

Una pequeña puerta se abrió desde el interior de la gran casona de piedra, para permitirme apreciar un paisaje espléndido lleno de miles de hojas verdes de la planta de la vid que contrastaban con el azul del cielo. Este portentoso espectáculo sucedió mientras cataba los vinos de Casa de Piedra.

 

La producción de vino en Baja California comenzó en 1834, cuando los frailes, conducidos desde la ciudad de México por fray Félix Caballero, aprovechando las características de la tierra y del clima, iniciaron el cultivo de la vid, el albaricoque, la pera y el olivo. Pero fue hasta hace poco menos de 25 años que la producción de vino mexicano empezó a tomar auge.

 

El recorrido hacia la bodega

Mi recorrido comenzó por Ensenada, un lugar mágico que se encuentra a sólo una hora y 20 minutos de Tijuana. Para llegar es preciso recorrer una de las autopistas más bellas de México, la Escénica, con el mar Pacífico norte de un lado y las montañas del otro, algo simplemente espectacular. Desde el hermoso puerto de Ensenada comienza el encanto del Valle de Guadalupe a tan sólo 35 km de distancia.

El camino sugiere que hemos llegado a la Ruta del vino cuando la vegetación y los paisajes empiezan a cambiar; por supuesto, se trata de la región vitivinícola más importante de México. Cualquiera puede enamorarse de este valle al ver los contrastes del cielo con todas esas montañas que lo rodean, campos llenos de lavanda, olivos, romero y por supuesto, hectáreas y hectáreas de hermosos viñedos acariciados por la brisa marina y protegidos por el contrafuerte que forman sus montañas.

En el Valle de Guadalupe se encuentra la mayoría de las vinícolas mexicanas; debido a esto y a su extensión, es recomendable contratar un tour especializado para aprovechar al máximo todo lo que hay en este fascinante lugar. La Ruta del vino de Baja California comprende también estos principales valles: el de Santo Tomás, el de San Vicente y el de Ojos Negros, con miles de hectáreas más de vides.

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Casa de Piedra

Recorriendo el lugar y las historias, conociendo las bodegas y vinícolas más conocidas y representativas del valle, llegué a Casa de Piedra, del prestigiado enólogo Hugo D’Acosta.

Esta bodega nació como un proyecto de inspiración familiar en 1997, y la idea motora es obtener vinos que estén caracterizados por su origen. Explicado en palabras del propio Hugo, lo que se trata de resaltar es “la personalidad del terruño, y para esto se tiene un cuidado especial de la uva desde la vid hasta la botella, buscando su máxima expresión”.

Casa de Piedra es la primera vinícola mexicana que lanza su producto al mercado con venta de futuros, una operación financiera común en las grandes vinícolas de Europa. Desde que abrieron sus puertas, se han liberado 15 cosechas que reflejan una sensibilidad enológica dependiente de su entorno, el cual conjuga plantas, tierra, clima y la mano del hombre.

A mi llegada al lugar pasé por el imponente portón de hierro que da a la carretera principal del valle, en la zona de San Antonio de las Minas. La construcción del lugar es simplemente deslumbrante; al abrir la puerta las vides son las protagonistas del escenario: 1.7 hectáreas de uva Chardonnay, con una antigüedad de más de 20 años.

El recorrido a pie me llevó a la bodega esperada: una casa de piedra. Al final de los viñedos existe una enorme escalera de hierro que conduce hacia la hermosa cava, y debo mencionar que el recibimiento por parte del personal de Casa de Piedra es cálido, amable y amigable, lo cual me hizo sentir que el vino que ahí se elabora, es parte de uno.

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Vinos de Piedra

Una vez recorrido el terreno, llega el momento de probar sus vinos, donde enológicamente se busca “poner un cerco al instante, evitando cualquier manipulación que distraiga el carácter de la uva que le da su origen”, como se dice en Casa de Piedra.

El primero, un vino blanco fresco y expresivo: Piedra de Sol, 100 % de uva Chardonnay, cosecha 2013, proveniente de las vides que nos dieron la bienvenida al llegar. El nombre de este vino se tomó en honor al poema del mismo nombre, “Piedra de Sol”, de Octavio Paz, que fue publicado en el año de 1957 y es una obra que consta de 584 versos, en alusión a los días que tarda la conjunción solar de Venus.

El segundo fue Vino de Piedra, el vino insignia de Casa de Piedra, mezcla de Tempranillo y Cabernet Sauvignon con 13 meses en barrica de roble francés y americano. En la cosecha del año pasado, se produjo la botella número 500.000 y para el año 2027 se estará produciendo su botella número un millón.

El tercer vino a degustar llegó: Contraste. Hugo D’Acosta, entre muchas otras cosas, es reconocido por experimentar cosas que nadie se ha atrevido a hacer, como es el caso de este vino, que fue elaborado 50 % en el Valle de Guadalupe y el resto en Livermore Valley, California. Es un ensamble con 44 % Cabernet Sauvignon, 16 % Tempranillo y 40 % Merlot, con 14 meses en barricas de roble americanas y francesas, resultando un vino potente, untuoso, excelso.

Con la copa en mano, visitamos el cuarto de fermentación con tanques pequeños, donde la capacidad por tanque no es mayor a 6000 litros, lo que permite una producción meticulosamente cuidada. Después visitamos la imponente cava, en la cual las barricas se encontraban en proceso de añejamiento y esperando su tiempo de maduración.

 

Los proyectos de Hugo D’Acosta

Casa de Piedra tiene una personalidad ecléctica; por un lado está la majestuosidad de lo que sabemos que aquí se elabora, y al mismo tiempo una simplicidad en el manejo, respeto y entendimiento del terruño, donde se aprecia el cuidado hasta en el más mínimo detalle de cada vid y de cada proceso de elaboración; se nota además la pasión otorgada en cada práctica para lograr los frutos establecidos, sin descuidar la autenticidad de su origen.

Todo esto se debe, entre otras cosas, a que Hugo D’Acosta es quien se encarga del cuidado de cada una de sus vides, así conoce su producto desde antes de ser lo que es, controla el riego y el sistema de siembra, que es de un metro por un metro, es decir, que la raíz de cada vid compite y busca su camino en el terruño para encontrar su propia expresión.

Hugo D’Acosta coordina más de diez proyectos enológicos, entre bodegas y viñedos en México, Estados Unidos, Francia y hasta en Australia, además de la famosa Estación de los Oficios (mejor conocida como “la Escuelita”) en la población El Porvenir, de Ensenada, en donde el tema principal es la producción y enseñanza de la elaboración de vino, así como otros proyectos que seguramente darán mucho de qué hablar.

Por otra parte en Casa de Piedra se hace un evento temático durante sus festejos de vendimia, el cual cambia año con año, llevando a diferentes exponentes durante esta fiesta, evento que al que sólo se puede asistir por medio de invitación.

 

Gastronomía en el valle

Todos los ojos de la industria gastronómica del mundo están puestos en el valle de Guadalupe, ya que aquí se encuentran restaurantes con una personalidad única: los platillos están elaborados a base de productos locales de huertas, granjas y rancherías de la zona, maridados con los mejores vinos de la región y no es raro que sean los favoritos de muchos turistas.

La propuesta gastronómica de Baja California está clasificada dentro de las más exclusivas del país. En Ensenada se encuentran tres de los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica (Latin America’s 50 Best Restaurants): el restaurante Laja, de Jair Tellez; Manzanilla, de Benito Molina y Solange; y Corazón de Tierra, de Eileen y Phil Gregory.

También está Deckman’s en El Mogor, de Drew Deckman; y Finca Altozano, de Javier Plascencia, con su delicioso ambiente campirano te hará sentir que perteneces ahí.

 

Dónde hospedarse

Para alojarse en este paraíso, se tienen que hacer reservaciones con meses de anticipación. El valle cuenta con hermosos hoteles boutique que cada año tienen una demanda enorme debido a la belleza del lugar, aunque también existen “hoteles-concepto”, como las seis habitaciones de Adobe Guadalupe, la hermosa casa de la Villa del Valle, o el llamativo Encuentro Guadalupe, e incluso las cabañas de Cuatro Cuatros, entre muchos otros.

También se puede uno hospedar en Ensenada y así disfrutar de la frescura de los mariscos como los de La Guerrerense, famosa no sólo en la región sino en el resto del mundo, por sus premiadas tostadas de erizo con almeja en el festival LA Street Food Fest, que son una delicia. Uno no se puede ir sin probar la opah, un pez luna en caldo, aderezado con vino tinto, mostaza, chile habanero, mayonesa con chipotle, aceite de oliva, cebolla y limón.

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Para tomar en cuenta

Se debe planear un viaje de tres o cuatro días para recorrer varios viñedos y lo más aconsejable es visitar máximo cuatro vinícolas por día. La Ruta del vino puede realizarse en cualquier momento del año, pero definitivamente los campos verdes y los paisajes a mediados de septiembre son los mejores. En febrero se lleva a cabo el festival de Conchas y vino nuevo, en mayo el Viñedo en flor, pero sin duda las de mayor trascendencia y ambiente son las fiestas de La vendimia, en agosto.

 

Como puede verse, el valle de Guadalupe es un cofre con mil tesoros, los cuales no se puede dejar de conocer; es el lugar perfecto para vivir la pasión de la vida y maridar los sabores y aromas de los vinos mexicanos desde su lugar de nacimiento. No hay que quedarse sólo con leerlo, hay que vivirlo.