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China; andanzas de un viajero

¿Cómo sé del mundo? Por lo que está dentro de mí, Lao Tse.

Eduardo López Hernández

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sukkhataichi.blogspot.com

“El dragón asiático está despertando”. China está teniendo un enorme crecimiento en todos los niveles, y el mero hecho de que algunas escuelas estén pensando en cambiar su segundo idioma del inglés al chino lo comprueba.

Como amante de la cultura Oriental y practicante de Kung fu no podía perderme la gran experiencia de conocer China, cuna de las artes marciales, un país lleno de tradición, cultura e historia, o al menos eso era lo que pensaba. Sin embargo, déjenme compartirles que China no es un lugar lleno de pagodas, ni todos visten los trajes típicos que vemos en las películas, y definitivamente no parece como si alguien hubiera agrandado el barrio chino de la comunidad.

La primera parada en mi viaje fue Beijing, que los extranjeros hemos tendido a llamar Pekín por la occidentalización del nombre. Beijing es una metrópoli, así que en realidad no será nada difícil encontrar algún tipo de alojamiento, desde hostales a precio muy accesible, hasta hoteles cinco estrellas como el Beijing Asia Hotel o el Sheraton de la Gran Muralla (que en realidad se encuentra bastante alejado de ésta). Todos ofrecen el clásico servicio de tours, spa, masajes, con la ligera variante de algunas especialidades como el masaje de reflexología, por cierto nadie puede decir que visitó China si no recibió uno de estos.

Algo que se debe tener muy en cuenta es que el inglés de la mayoría es bastante pobre y frecuentemente nulo, así que si deciden salir a dar un paseo fuera del hotel no olviden pedir una tarjeta para que puedan entregársela al taxista en caso de perderse, o alejarse demasiado, créanme se los digo por experiencia propia, me bajaron de dos taxis antes de que uno accediera a llevarme al hotel, terminé en el Hilton y no en el Sheraton donde nos encontrábamos, afortunadamente, muchos de los hoteles están muy cerca y la caminata suele ser breve.

Por cierto si tienen alguna queja del tráfico de la ciudad de México, temo decirles que las cosas pueden ser peor, con la diferencia que aquí la gente intenta cruzar por las líneas peatonales, sin embargo los semáforos son poco respetados, y si no tienen cuidado pueden ser arrollados por una gran masa, una moto, o una típica bicicleta ya que allá ese transporte abunda.

El famoso tema de la contaminación china tampoco queda fuera, en realidad es probable que de las fotos que saquen en su viaje no salga una sola con cielos azules y despejados, esto se ve agravado por la temperatura y los ríos aledaños, creando una bruma un tanto espesa, lo que torna el ambiente un poco pesado, incluso para los veteranos del calor como los de Sonora, a pesar de estos señalamientos les digo, esta es una aventura que tienen que vivir.

Las atracciones son muchas y van desde clásicas a modernas. Las visitas obligadas son la Gran Muralla, La plaza de Tiananmen, el mausoleo de Mao donde -créanlo o no- los restos de Mao son expuestos al público una vez al año, y déjenme decirles que en realidad existe una fascinación del pueblo por este personaje, se encuentra en todos los billetes, así como en lugares famosos. Está la Ciudad Prohibida, no tiene la dimensión del barrio chino en el centro de la Ciudad de México, ni tiene el tamaño de una casa en las lomas, les recomiendo que lleven los zapatos más cómodos que tengan, ya que el tamaño de esta ciudad es indescriptible.

Afortunadamente, después de un largo paseo turístico pueden aprovechar y probar uno de los deliciosos jugos de combinaciones frutales (muchas que seguramente no conocerán) que hay a la venta en algunas tiendas, o si a esas alturas de la partida se les abrió el apetito, pueden visitar el mercado de Donghuamen, mejor conocido en habla hispana como el Mercado de los Pinchos, donde podrán degustar un delicioso alacrán, un suculento caballito de mar, una cucaracha, o seguramente algo que se les antojará menos, una brocheta de cordero. Para los menos aventureros hay muchas opciones más, incluida toda la oferta de importación, como los típicos restaurantes de hamburguesas, las pizzas o pollos.

La experiencia que no pueden dejar de darle a su paladar es el famoso pato laqueado, la mayoría de los paquetes de viaje ofrecen un banquete de esta índole, aunque si viaja por su cuenta tampoco debe perderse de este platillo exótico. Un paseo de esta magnitud por supuesto va mermando nuestra fuerza, y llega el obligado cansancio, afortunadamente, tanto Beijing como Xian o Shang hai (si así se escribe realmente) nos tienen un remedio exquisito: spas o salones de masajes, entre cuya vasta oferta será difícil escoger. No exagero al decir que encontrarán uno en casi cada esquina, la mayoría con gran calidad y servicios muy diversos, sinceramente no soy el más versado en el tema del masaje, pero amo recibirlos, mi más grande problema fue escoger qué tipo de masaje quería. Afortunadamente, recibí uno de los mejores masajes de mi vida.

Cuando regresé a la Ciudad de México, lo primero que me preguntaron fue cómo se vestían los chinos y qué tanta elegancia los caracteriza; realmente puedo decirles que China no es un cluster de la moda, pero en Shang hai existe una zona que ahora denominan el Beverly Hills de China. En esta zona es donde se ven los autos de lujo, además de las grandes tiendas de ropa de marca al más puro estilo capitalista; el cambio que han dado los ha hecho tratar de gozar al máximo las modas y tendencias occidentales, esto de hecho es una preocupación entre los adultos mayores, a quienes en ocasiones veremos con los cuellos Mao o los botones tan distintivos de la camisa. Las chicas copian un poco la moda de su hermano asiático Japón y pude constatarme que la mayoría de las niñas y mujeres de China tenían predilección por los flip flops, los flats, y casi todas gustan de adornar su cabello con algún prendedor.

Hablando de otro tema, pero no menos importante, quiero contarles de algo que me llamó mucho la atención, el arte del té en China. Existen tiendas especializadas, que ofrecen variedad de presentaciones y sabores de té, resulta simplemente delicioso entrar a una de estas tiendas, pues con tan sólo abrir la puerta se percibe un aroma que deleita los sentidos. Los tés más pedidos son el verde, jazmín, rojo, amarillo, oolong, hay infinidad, prueben los que puedan, se darán cuenta de  lo que es un verdadero té verde (no quiere decir que en México no haya buen té, simplemente son diferentes). Existen tés que no sólo saben bien, si no que son un deleite para la vista, se trata de pequeños botones de flor que al ser sumergidos en agua caliente comienzan a abrirse, liberando un delicioso aroma y sabor. Es claramente un “pecado” no preparar estos tés en una jarra de cristal.

Estando en Shang hai un hotel muy recomendable es el Huating, de ahí pueden visitar Pudong y conocer el futuro arquitectónico, subir a la Torre Perla para tener una vista panorámica de la ciudad y disfrutar de los musicales como el Tang Concubines. Hablando de espectáculos, definitivamente no pueden dejar de ver a los acróbatas, con actuaciones dignas de cualquier medalla olímpica, y en Xian merecen tratarse como emperadores y disfrutar de una cena show de la dinastía Qin.

Definitivamente China es un lugar digno de visitar, cada vez más occidentalizada, sin embargo mantiene el encanto de la antigüedad y aún hay muchas zonas como los viejos Hutongs donde sentirán esa magia.

Si la pregunta fuera ¿recomiendas la experiencia? La respuesta sería un definitivo sí.