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China, el nuevo mapa del vino mundial

Cuando uno escucha el nombre de China la mente se inunda de un sin fin de imágenes y conceptos en torno a este gran país asiático. Una especie de top of mind sería liderado por la muralla china, la exótica y diversa gastronomía, la producción de arroz, las festividades y tradiciones de cada una de sus provincias, el año nuevo chino, la manufactura de electrodomésticos, el horóscopo chino y muchas cosas más.

Pero difícilmente a uno le puede llegar la idea de disfrutar de una copa de vino tino chino. Revisando un poco la historia de la vitivinicultura en China nos percatamos de su reciente auge, a pesar de que en ese país se produjeron los primeros destilados en el mundo y que a  través del tiempo las bebidas alcohólicas en el país se centran en las elaboradas artesanalmente, con fusiones de recetas milenarias de las diversas regiones y con un alto grado alcohólico.

Cálculos apuntan que se cultivan en China 453 mil hectáreas de viñedos, la mayor parte destinadas a variedades de uva de mesa y para pasas. La zona más apropiada para la vitivinicultura es la península de Shandong, al norte de Shanghai y al sur de Beijing. Está situada en el mismo paralelo que California; tiene laderas orientadas al sur y clima marítimo, que casi podría definirse como mediterráneo de no ser por los vientos monzónicos y los temporales procedentes del Mar de China meridional.

Otro de los sitios donde se cultivan viñedos con una gran calidad es Yantai, con más de 150 variedades de cepas diferentes.

La apertura de China hacia el consumo de bebidas occidentales ha ido en aumento y desde 1996 se han inaugurado más de cien bodegas, de las cuales cuatro son las principales productoras de vino: Changyu, Great Wall, Dinasty y Tonghua Winery, que cosechan más de 10 mil toneladas de uva.

Paralelamente, los empresarios chinos han recurrido a la compra de bodegas francesas y la contratación de talentos en el cultivo y producción de la vid con el objetivo de aprender las técnicas y estrategias de mercadeo. Lo anterior puede ser ilustrado con la compra que hizo el grupo Longhai Internacional Trading Co. Ltd de Château Latour-Laghens en la denominación de origen Bordeaux – Bordeaux Supérieur en Francia.

¿Cuáles son los números que definen al mercado chino? Un dato a tener en cuenta es que la mayor parte del vino consumido en China es nacional, es decir el 85 por ciento, y sólo el 15 por ciento representa a los vinos importados.

En cuanto a los vinos que pertenecen a ese 85 por ciento y que son nacionales, se ha detectado que son mezclas de vinos chinos con vinos a granel con el objeto de mejorar el sabor de las bebidas producidas por el gigante asiático, de esta forma los productores chinos cubren a un mercado de paladar cada vez más exigente.

Sin embargo, y de acuerdo con la revista estadounidense Wine Spectator, al momento de asistir a una cata de vinos típicos chinos (tintos y blancos) se detecta un sabor dulce, que posee un grado elevado de alcohol, se parecen al vermú (aperitivo compuesto de vino blanco, ajenjo y otras sustancias amargas y tónicas) o al jerez, con sabor a pasas, nueces tostadas, cáscara de naranja y caramelo.

Acorde con datos vertidos en el marco de un seminario organizado por el consorcio tecnológico Vinnova de Chile, el 90 por ciento de vino que se consume en China es de variedades tintas mientras que un 10 por ciento es de variedades blancas.

¿Dónde se consumen vinos? En restaurantes y hoteles, ellos son los que encabezan el consumo con el 70 por ciento, mientras que en supermercados y tiendas se consume el 30 por ciento.

Un punto a destacar de esta rica historia es que el vino tinto o blanco en la actualidad representa un objeto de ostentación. Los vinos son adquiridos por clases adineradas, las cuales aún no desarrollan un gusto como tal por el vino. Su interés y conocimiento proviene de viajes que realizan a Australia, Francia, Italia, España o Estados Unidos. Presentar una botella de vino ante sus amistades o familiares concede a los chinos un cierto estatus social.

Los anuncios publicitarios en las grandes ciudades chinas muestran a hombres y mujeres jóvenes de una clase media y alta quienes en compañía de otras personas degustan una copa de vino.

Uno de los retos de los productores chinos será romper con esta idealización del vino como otorgador de estatus. ¿Cómo lo harán? Desde mi perspectiva con la erradicación por completo de las importaciones de vinos a granel, brindando al mercado vinos completamente competitivos y con personalidad propia, en comparación con las potencias productoras actuales como Francia, España e Italia, y homogeneizando un consumo de vinos de calidad para la mayoría de la sociedad; sin embargo, siempre existirán las botellas de un valor más alto que serán compradas por algunos cuantos.

La otra cara del Yuan o el arroz negro de la historia

Más allá de este gran panorama de la vinicultura china, su auge y la capacidad de adentrarse en los mercados todavía con un porcentaje bajo, existe la otra cara de la moneda. Se trata de la piratería de vinos.

Si bien China es una de las mayores potencias económicas, se ha caracterizado también por las grandes imitaciones de las mejores marcas de ropa, perfumes, tecnología en gadgets, libros, música y el vino no se queda atrás.

La economía china se ha convertido en un gran centro de operaciones gracias a la piratería, sin embargo esta pequeña gran parte de sus finanzas afecta a la imagen y credibilidad de los productores realmente comprometidos con la calidad y el objetivo de posicionar el vino chino en el mercado internacional.

Los vinos más falsificados son  Lafite 1982, Bordeaux, Château Lauduc y Mouton Rothschild. Dichas marcas se pueden encontrar en las vitrinas de los supermercados o incluso empresarios chinos presentan sus botellas en ferias de vinos y expos sin el menor empacho.

De acuerdo con los expertos y por supuesto los productores afectados por la piratería, estas botellas se pueden identificar a simple vista por pequeñas faltas ortográficas y detalles de diseño en la etiqueta y contra etiqueta. Por ejemplo, uno puede adquirir vinos con el nombre Chatelet Latour cuyo nombre original es Chateau Latour, sin duda micro detalles que un consumidor inexperto no detectaría.

Aun no se tienen cifras precisas en las pérdidas que generan las imitaciones, pero los precios de las botellas fluctúan desde los 15 hasta los 5 mil 700 dólares. Las ganancias para los falsificadores sin duda son más que elevadas.

La cocina china es muy compleja y variada, siendo la cantonesa y pekinesa las dos gastronomías chinas más internacionales. Los sabores que más destacan son el salado intenso, el dulce, el picante y el agridulce. Frente a estos sabores intensos la pregunta que nos viene a la mente es ¿qué vino podría maridar?

Debemos empezar diciendo que los vinos blancos maridan mucho mejor que los vinos tintos con la comida china, salvo algunas excepciones de carnes asadas que podrían maridar con algún tinto ligero.

Tomando en cuenta esa gran variedad de vinos que producen los chinos podemos recomendarle algunos tipos que se llevan de la mano con platillos chinos:

Con platos salados que contengan verduras y carnes salteadas, el vino más recomendable es un Sauvignon Blanc pero un Chardoney puede entrar al juego sin problema alguno. En preparaciones agridulces que son una gran parte de la tradición culinaria y que contenga carne de ave, res o cerdo se sugiere también un Sauvignon Blanc o un Syrah joven para un equilibrio de sabores en el paladar.

Con carnes asadas, que abundan en la comida oriental como la de pato, pollo, cerdo o ternera debemos ser un poco flexibles y quizá aventureros. Debido al sabor fuerte de estas carnes un Cabernet Sauvignon o Syrah, serían los adecuados. Pero no podemos de dejar de recomendar un vino blanco ligero, sobre todo si estas carnes suelen tener toques de picor o dulce.

Finalmente y no menos importante los arroces son parte fundamental de la comida china, en estos casos podemos maridarlos con algún vino tinto semiseco, y el Merlot sería la elección correcta.