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Cognac y su conexión con los ángeles

En un viaje a Cognac constaté que lo mejor de catar una bebida tan fina es compartirla con quien valora su calidad y excelencia.

A menudo me siento muy afortunada con las oportunidades que se me brindan al ser sommelier mexicana, donde comparto con mis colegas y clientes una profesión que pretende ofrecer lo mejor a quienes disfrutan del vino y las bebidas espirituosas.

Hace 16 años recibí la invitación para viajar a Cognac, en el suroeste de Francia. Tuve la suerte de pisar el suelo de la Grande Champagne (se llama así por la similitud del suelo de la champaña) de piedra caliza, creta y fósiles en donde crecen las vides exclusivas y de mejor calidad de la zona. Uno de los momentos más memorables fue andar por los caminos estrechos del hombro de Patrick Mariuz, mi mentor en cognac y ex embajador mundial de Rémy Martin, una de las marcas de mayor prestigio global, quien me llevó a esas naves de envejecimiento donde reposan los 1200 eaux-de-vie (destilados de vino) que se utilizarán para el ensamblaje de sus cognacs, algunos de ellos hasta con 100 años de reposo y que dan vida a Louis XIII, que en mi opinión, es el mejor del mundo.

DO Cognac

Esta bebida debe su nombre a la región donde se produce y sólo aquel destilado que se elabore con uvas autorizadas y cumpla con estrictas reglas de origen puede utilizar la DO Cognac. Algunos aspectos a considerar son los siguientes:

Vendimiar y vinificar dentro de los límites de la Denominación con variedades de uvas blancas Ugni Blanc, Folle Blanche y Colombard; recibir constancia de no chaptalización (no adición de azúcar al mosto); realizar una doble destilación en alambique de tipo Charentais (cuyo nombre viene del río que baña la región); y envejecer al menos dos años en barricas de roble provenientes de los bosques de Limousin.

Cuando entré a las antiguas salas de barricas donde reposan los destilados que se convertirán en cognacs y palpé la humedad de las paredes, percibí los finos y delicados aromas que deja la evaporación. Vapores que representan una pérdida anual de miles de botellas en toda el área de Cognac, a la que llaman “la parte de los ángeles”, por una antigua creencia de que son ellos quienes la “beben”. ¡Qué afortunados los ángeles de la región!

Fue una gran experiencia ir a Cognac y beber en su tierra esta fina bebida. Pero al vivirlo constaté que el mayor privilegio no es atesorarlo, sino compartir algo tan especial con quien pueda entender el mensaje que descubren los sentidos, en algunos casos, después de poner un siglo en su boca.

Caten mucho y beban poco.