2

Colores, formas e historias: las espectaculares auroras boreales

Un espectáculo sin igual que tiñe de colores el cielo de los polos de la Tierra con diversos matices, que van desde rosados, anaranjados, violetas, azules, hasta rojos, verdes, y un sinfín de variantes que cautivarán a los amantes del universo.

Desde tiempos remotos el ser humano no ha dejado de voltear al cielo y registrar todo lo que acontece a miles de millones de kilómetros de distancia. Las observaciones que dejaron huella en grandes civilizaciones como la egipcia, china, mesopotámica, griega, romana, y por supuesto maya, revelan la fascinación, encanto y asombro que generaron estos acontecimientos estelares en aquellos pioneros de la astronomía.

Son diversos los sucesos siderales, desde eclipses lunares o solares, las alineaciones de planetas con la Luna y la Tierra, pasando por los tránsitos solares que marcan las estaciones del año, las hipnotizantes lluvias de estrellas, hasta las colisiones entre galaxias, choques de meteoritos, expansión de hoyos negros o la magnificencia de las auroras boreales.

Son éstas últimas de las que hablaremos en esta ocasión para entender y disfrutar de uno de los espectáculos más hermosos que ofrece el universo y que no deja de ser objeto de investigación por un gran número de científicos en todo el mundo.

aurora_borealis_nuuk_(c)_camilla_hylleberg-i_love_greenland

La diosa romana del amanecer o el hijo de Astreo y Eos

Su belleza que deleita nuestra vista es igualmente recíproca en su significado o etimología del término “aurora boreal”. Aurora es la diosa romana del amanecer, mientras que la palabra “boreal” proviene del latín borealis o boreas, que significa norte o viento del norte. En la mitología griega Boreas era precisamente el viento del norte hijo de Astreo y Eos.

Así, el término aurora boreal ha trascendido a lo largo del tiempo; su belleza no sólo es impactante a la vista, sino también en el estudio científico para saber qué son y desde cuándo se tienen registros. Las auroras boreales están estrechamente relacionadas con la actividad del astro rey, el Sol. Son fenómenos de brillo o luminiscencia que se aprecian sobre todo en el cielo del hemisferio norte de la Tierra; cabe hacer mención que este fenómeno astronómico se le conoce como “aurora austral” en el hemisferio sur.

aurora_borealis_pruebaanadá

Los estudiosos de las auroras boreales

Se tiene documentado que el estudio rigurosamente científico de las auroras boreales inició en 1826 por el astrónomo alemán Samuel Heinrich Schwabe, quien entre ese año y 1843 observó todos los días claros la evolución de las manchas solares, visibles a través de un telescopio. Al principio no le interesaban especialmente, sino lo que él quería era verificar la existencia de un hipotético nuevo planeta en la órbita de Mercurio; se trataba de un pequeño cuerpo celeste (iba a llamarse Vulcano) que, al estar tan cerca del Sol, era muy difícil de ser observado.

Optó por intentar “cazarlo” cuando pasara frente al sol, en forma de mancha oscura. Y, aunque nunca halló tal planeta, sí observó cómo esas manchas solares evolucionaban en el tiempo, que surgían y desaparecían con periodicidad. Pero esa no fue la primera vez que alguien hacía referencia a ellas. Galileo ya lo había hecho, y también los astrónomos chinos mucho antes de la era de Cristo.

Años más tarde, este científico alemán hizo un recuento metódico de las manchas y se fijó en su cadencia, y en 1843 publicó un artículo en el que sugería la existencia de un ciclo solar de unos 10 años de duración que luego se alargó a 11. Eso llevó a otro astrónomo, el suizo Rudolf Wolf, a recabar toda la información existente para establecer un patrón de esos ciclos, y logró reconstruir el primero del que se tiene constancia, el de 1755, gracias al cual sabemos que hoy vivimos el ciclo solar número 24.

Pero ¿qué tienen que ver estos ciclos solares con las auroras boreales? Esas manchas son las regiones más oscuras y frías del Sol, presentan una intensa actividad magnética que suele ir acompañada de gigantescas erupciones en la corona o atmósfera solar, que nos indican la actividad del Sol, y en épocas de mayor movimiento se intensifica el viento del astro rey que, al interactuar con la magnetósfera de la Tierra, origina las esplendorosas auroras polares o boreales en ambos extremos del globo terráqueo.

Entonces, el cielo de aquellas regiones se tiñe de colores en diversos matices, desde rosados, anaranjados, violetas, azules, rojos, verdes, así como un sinfín de variantes que cautivarán a los amantes del universo. Las emociones y sensaciones que genera este hermoso espectáculo son indescriptibles y muy subjetivas de quien lo vive.

northernlights1

¿Cuándo y dónde puedes vivir esta inigualable experiencia?

Las auroras boreales pueden apreciarse en zonas del hemisferio norte de nuestro planeta, en el continente americano, lo recomendable es viajar a un sitio entre los 66 y 69° en el norte de Alaska y Canadá.

Si el frío intenso no es un impedimento para ti, los meses ideales son enero y febrero, sin embargo, el periodo en el que puedes aventurarte y emprender el viaje es entre octubre y marzo. Es recomendable que planees con tiempo tu viaje y te acerques a agencias certificadas para que puedan trasladarte a las zonas permitidas y vivas esta hermosa experiencia. Es indispensable revisar el índice kp, que es una medida de actividad electromagnética en la atmósfera.

alaska-northern-lights

Vista espectacular: Fairbanks, Alaska

Es considerado como uno de los mejores lugares para apreciar las auroras boreales, sobre todo en la época de inviernos glaciares y en aguas termales, ya que el frío y el cansancio se alivian sumergidos en estas cálidas aguas.

Fairbanks se encuentra dentro de la región circular que rodea el Polo Norte denominada “óvalo auroral”. Esta ubicación le brinda un gran equilibrio entre la actividad, la frecuencia y la ocurrencia del fenómeno. Mientras que la intensidad varía, el resplandor amarillo verdoso más característico se da intensamente entre el 21 de agosto y el 21 de abril, que es la mejor temporada de auroras. El horario ideal para presenciarlas es desde las primeras horas de la noche hasta avanzadas horas de la madrugada.

Esta región es sede del Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska, instancia que se encarga de generar los pronósticos ideales de clima para presenciar este fenómeno del universo. En Fairbanks sobresalen dos hoteles para hospedarse, pero todos ofrecen una gama de auroras con el fin de avisar a los aventureros la actividad en el cielo y no perderse el espectáculo. En esta zona:

  • Las auroras pueden estar a un mínimo de 64 km sobre la superficie de la tierra, pero por lo general comienzan a los 109 km y se extienden hacia el espacio por miles de kilómetros.
  • Un cielo despejado y la oscuridad son esenciales para poder ver la aurora boreal. Si permaneces tres noches en Fairbanks, tienes un 80 % de probabilidades de verla.

 

Yelowknife, Canadá

Otros de los sitios del norte de América para ver auroras boreales es Yellowknife, en Canadá. Se sitúa en la parte noroccidental del país a las orillas del lago Great Slave y a unos cuatrocientos kilómetros hacia el sur del círculo polar ártico.

Yellowknife es la capital de la zona de los Territorios del Noroeste. La principal actividad económica del lugar está en las minas de oro y diamantes. Los conocedores la denominan como “la capital mundial de las auroras boleares”, porque se pueden ver con relativa facilidad entre septiembre y marzo.

Puedes encontrar información precisa sobre las auroras boreales en esta región a través del Centro Norte de Astronomía. Si quieres hacer inolvidable tu viaje a esta zona, puedes alojarte en los tradicionales tipis indios en medio del bosque, donde te darán a probar las comidas típicas de la gastronomía local.

DSC_9019_(Medium)_817_544_s_c1

Sendero celestial

Las historias, mitos o leyendas que se han construido alrededor de las auroras boreales son tan diversos como sus propios colores. Dependiendo de los países y sus respectivas culturas nativas se les da una interpretación mítica. En nuestro continente en la zona de Alaska y Groenlandia, atribuyen las hermosas luces a las almas de los difuntos que asciende para fundirse con el universo.

Ante estos imponentes destellos, cuyas formas cambiaban constantemente en el firmamento, los esquimales también consideraban a la aurora boreal como un estrecho sendero que conducía a las regiones celestiales y la luz, que según sus creencias, se debía a la llegada de nuevos espíritus.

No cabe duda que presenciar un fenómeno estelar como la aurora boreal en medio de un bosque, con la blancura de la nieve y un cielo nocturno despejado, dejará una huella en tu memoria que difícilmente se borrará.

Podrás sumergirte en medio de sensaciones a través de tu vista a formas, estructuras y colores muy diversos que además cambian rápidamente. Pueden comenzar como un arco aislado que se extiende en el horizonte, generalmente en dirección este-oeste; y cerca de la medianoche la curva puede comenzar a incrementar su brillo.

Comienzan entonces a formarse ondas o rizos a lo largo del arco y también estructuras verticales que se parecen a rayos de luz muy alargados y delgados. La totalidad del cielo puede llenarse de bandas, espirales y rayos de luz que tiemblan y se mueven rápidamente. Tu inmersión en el universo podrá durar desde unos cuantos minutos hasta horas.

Las auroras boreales no dejarán de sorprendernos, sus avistamientos son únicos y nunca verás formas, colores y movimientos iguales, por ello la recomendación es tomar fotografías y videos: estoy seguro que esas imágenes te transportarán a emociones y sensaciones también únicas.

 

Elías Franco Velarde