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¿Corcho o tapa rosca?

En la escena vinícola la tecnología y la innovación debaten la tradición, ¿Quién tendrá la última palabra?

Desde que el screw cap fue introducido en la industria del vino ha sido controversial, generando comentarios muy divididos sobre sus atributos. Producciones casi enteras de países del Nuevo Mundo, como Australia y Nueva Zelanda, se han enfocado en catapultar este sistema de cierre demostrando que vinos de todos los niveles pueden usarlo, además de que han impulsado de forma activa las investigaciones sobre sus beneficios; pero a pesar de todo, aún existe en algunos mercados gran resistencia a esta presentación. Analicemos lo que se dice por ahí.

LAS BONDADES (Y LIMITACIONES) DEL CORCHO

Comencemos por el sistema de cierre por excelencia: el corcho, el cual ha sido referencia para el vino desde la Europa moderna, ya que al ser una corteza natural aporta diferentes beneficios como ligereza, elasticidad, coeficiente de rozamiento elevado, impermeabilidad, aislamiento térmico, bajo contenido de agua y maleabilidad, convirtiéndolo en la selección infalible.

Sin embargo, durante décadas ha estado bajo ataque porque a pesar de sus ventajas, que son muchas, es susceptible a TCA (tricloroanisol), uno de los principales enemigos del vino. El TCA se materializa cuando las duelas tienen alcance con cloro y es ahí cuando algunos mohos se desarrollan, causando una característica de humedad que, al tener contacto con el vino, lo contamina, transfiriéndole ese toque “acorchado” que se percibe como cartón o trapo mojado. El TCA suele disminuir o nulificar la parte aromática del vino, dejándolo plano en boca en diferentes niveles.

Evaluando la magnitud del problema, se estima que del 1 al 3 % de los vinos en los estantes están acorchados, ya que no es fácil de detectar previo al embotellado y tampoco es posible remover porque termina esparciéndose en todo el líquido sin ningún tipo de alternativa.

No obstante, no se puede decir que todos los tapones de corcho son una mala opción o que todos se encuentran contaminados; por su naturaleza porosa le permiten respirar al vino mediante la entrada de oxígeno en la botella y la salida de otros gases. Existen ahora grandes alternativas de corchos libres de TCA, permitiéndoles a las bodegas seguir con esta selección (por supuesto, tener un corcho sano conlleva un precio mayor).

¿TAPA ROSCA, ENTONCES?

El screw cap, surgió como respuesta a producir un vino libre de TCA, siendo así la solución perfecta para sellar una botella de esta bebida. Y aunque en la parte práctica se agradece el beneficio de poder abrir una botella sin sacacorchos, no es lo mejor para todos los vinos, ya que se ha probado que su capacidad hermética es ideal para aquellos que desean conservar sus aromas primarios y secundarios, perpetuando la frescura de su juventud en un periodo de vida de corto a mediano.

Y aunque se han logrado propuestas con pequeñas cápsulas de oxígeno dentro de la tapa para generar una evolución, hasta ahora no cuenta con la capacidad naturalmente porosa para promover el intercambio de oxígeno con el ambiente que el corcho sí otorga al envejecer y evolucionar en botella con gracia durante un periodo prolongado.

Por otra parte, varios estudios practicados por expertos en consumidores, muestran que la tendencia es elegir botellas con corcho, ya que éstas reflejan un “modo celebración”, ya que nuestros sentidos y percepciones se amplifican con lo que “escuchamos, vemos y sentimos”, y a su vez se relacionan directamente con la calidad de un vino.

Curiosamente, a pesar de que el screw cap ha demostrado grandes esfuerzos de investigación y evolución en tecnología, los vinos con tapa rosca conllevan una connotación de bajo costo que aún luchan por desvanecer, ya que algunos consumidores buscan desesperadamente el protocolo del vino de manera inconsciente para relacionarlo con un producto de calidad y precio alto.

A pesar de que el camino es largo, lo que hay que analizar es que en el mundo del vino la intención es hacer que éste llegue en las condiciones óptimas para que cuando el consumidor tenga la oportunidad de probarlo, pueda apreciar la tipicidad de las uvas como materia prima, el cuidado que se hizo desde el viñedo, las prácticas de vinificación, el envejecimiento (si lo hubo) y la evolución en botella, todo como una experiencia total de disfrute, sin importar qué tipo de sistema de cierre se use como medio para preservar su calidad.