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¿Cuándo y cómo guardar vinos?

Todos los vinos que se guardan, ¿mejoran con los años? No.

Típico que llegas a casa de un entrañable amigo a celebrar una ocasión muy especial y propone abrir un vino que guardó desde décadas atrás. ¿O cuántas veces has visto al papá de la quinceañera o del graduado descorchar una botella que compró cuando su retoño nació? ¿Deberías beberlos? Sí (por cortesía)…, pero mejor no.

Comencemos con la pregunta más importante, ¿qué es un vino de guarda? A diferencia de los vinos jóvenes -que han sido diseñados para beberse en un periodo corto y que no mejoran con el paso de los años-, los vinos de guarda necesitan permanecer cierto tiempo en botella para mejorar sus cualidades y evolucionar (o redondearse, como comúnmente se dice).

Todos los vinos tienen una curva de vida que alcanza un punto óptimo. Una vez que llegan a este pico, comienza su declive y se perciben sin fuerza o vacíos en boca, por lo que es importante disfrutarlos justo a tiempo.

Los que no se guardan. 

En el ciclo de la vida, los vinos jóvenes no tienen mucho futuro. Desde la recolección de las uvas en el viñedo, hasta la elaboración en la bodega y su mínimo o nulo paso por barrica, han sido creados para disfrutarse de inmediato. Son vinos frescos, con buena carga de fruta, de colores vibrantes y con una acidez muy viva.

Reconocerlos es sencillo debido a que su precio es accesible, suelen ser de añadas actuales y algunos de ellos ofrecen taparrosca para hacerlos aún más fáciles de descorchar. En esta categoría también entran los vinos blancos ligeros, todos los rosados y los tintos de añadas cercanas.


Los que sí debes guardar.

A pesar de que todos los vinos son “bebibles” en cuanto llegan los anaqueles de las tiendas, los vinos de guarda se disfrutan mucho más con el paso del tiempo. Aquellos de esta categoría que se descorchan antes de su momento ideal pueden presentar ciertas características que resulten poco agradables, como aristas en su sabor y una marcada astringencia.

Existen algunos factores que ayudan a distinguir a los vinos que sí merece la pena guardar. Estos suelen ser catalogados como de alta gama y por ello su costo es más elevado, normalmente salen a la venta entre tres y cinco años después de su vendimia, por lo que no encontrarás añadas recientes, y suelen tener tapones de corcho natural de buena calidad.

Es importante tomes en cuenta que cerca del 10 % de los vinos que se elaboran a nivel mundial han sido desarrollados con potencial de guarda. Lo mejor es que leas la contraetiqueta y hagas una pequeña investigación en la bodega de origen para saber si los debes guardar o es mejor los bebas cuanto antes.

Cómo almacenar 

Las condiciones en las que los vinos reposan durante años resultan fundamentales en su buena evolución. De nada servirá que esperes cierto tiempo para abrir una botella si el vino que se resguarda en su interior se encuentra dañado.

Los vinos se deben guardar en lugares frescos, en donde la temperatura no oscile más allá de los 14 a los 16 ºC, con una humedad de entre el 60 y el 80 %, y donde la luz solar o artificial no les dé de manera directa. Es recomendable coloques las botellas inclinadas o recostadas, de modo que el corcho permanezca siempre en contacto con el líquido, para que se mantenga humectado y evite que se rompa o que los microorganismos penetren en la botella.

Mantén tus botellas (en especial las de guarda) lejos de lugares que puedan desprender aromas fuertes, como la cocina, pues será decepcionante que tus vinos adquieran aromas extraños debido a ello.

Puntos clave

– No todos los vinos mejoran con el tiempo; analiza si el tuyo ha sido diseñado para ello.
– Los vinos blancos ligeros y los rosados no tienen potencial de guarda.
– No es recomendable que guardes los vinos económicos: están creados para beberse en el momento.
– Si tu vino es de guarda, mantenlo recostado en un espacio con poca luz, entre 14 y 16 ºC.