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El coñac: un clásico con estilo

Hablar del coñac es hacer referencia a la tradición y cuidado característico de la cultura gastronómica francesa, de la cual hemos heredado técnicas, recetas, ingredientes y, por supuesto, bebidas que forman parte de la mayoría de las exquisiteces que disfrutamos hoy en día.

En esta ocasión haré referencia a uno de los destilados considerado como ícono de distinción, sofisticación y experiencia: me refiero al coñac.

El coñac es un destilado que aguarda sabiamente el transcurso de los años y valora el paso del tiempo, ya que en él reconoce el camino hacia la perfección. La espera lo convierte en el portavoz de su terruño a través de sus notas de sabor y su calidez alcohólica. Una vez que lo servimos, encontramos una bebida compleja, llena de historias que nos compartirá en cada sorbo que demos… el coñac nos arropa entre recuerdos y nos invita a disfrutarlos lentamente.

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Origen

El coñac, que nació en Francia durante el siglo XVIII, es un testigo de los albores de la industrialización y de la popularización de la destilación. En un inicio se creía que el cognac poseía propiedades medicinales, las cuales estaban relacionadas con facilitar la digestión y por tal motivo se encontraba dentro de las boticas. Sin embargo, ante la popularización de dicha bebida en Francia, el rey Luis XII decide conceder la primera licencia de fabricación al gremio de los vinagreros con el fin de darle el lugar honorable de bebida que se merecía.

El coñac se utilizaba para fortificar vinos, curtir pieles y en algunas ocasiones se bebía, pero era un aguardiente un tanto brusco para el paladar. No fue sino hasta 1715 que una familia inglesa de apellido Martell se estableció en Francia y contribuyó enormemente a la elaboración y perfeccionamiento del destilado, afianzándose en poco tiempo como el principal exportador de la zona.

Más adelante, en 1765, Hennessy, cuyo origen es irlandés, se estableció en esta región francesa y redefinió el concepto del coñac como un destilado digno de reyes, traduciéndolo en símbolo de la sofisticación. De esta manera incrementó su valor comercial y cultural como bebida de calidad a nivel mundial.

Como es bien sabido, el coñac recibe su nombre de la región en donde es producido, es decir, es un destilado con Denominación de Origen, lo que significa que ningún otro lugar puede producirlo y llamarlo “coñac”. Se elabora con uvas que se producen únicamente dentro de la región de Cognac, me refiero a la Saint-Émillion Blanche y la Chenin Colombard, las cuales tienen rendimientos controlados y una viticultura sumamente cuidada.

Elaboración

Como ya mencioné anteriormente, el coñac es una bebida destilada, es decir, su proceso de elaboración parte de una bebida fermentada, en este caso de un vino, el cual se somete a un proceso de destilación que consiste en separar el agua del alcohol por medio del calor con el fin de incrementar la graduación alcohólica de la bebida; dicho proceso se lleva a cabo dentro de un artefacto conocido como alambique.

Todo coñac requiere de un doble proceso de destilación y un envejecimiento mínimo de dos años en barricas de roble limousin hechas a mano y centenarias. Aunque al principio del envejecimiento se utilizan barricas nuevas para que el roble joven aporte aromas y taninos, al final serán mezclados de acuerdo con los estándares de personalidad y carácter que cada casa productora quiera reflejar.

A pesar de que el coñac es una bebida que presume de envejecer noblemente dentro de las barricas, es importante mencionar que ninguno soporta más allá de 70 años, por lo que el coñac es la conjunción perfecta entre experiencia y tiempo, esto es, se trata de una bebida equilibrada en sabores y aromas que permiten el disfrute paulatino de su esencia.

También puede acompañar una conversación, una pieza musical, una buena lectura o bien (si queremos seguir la línea clásica) se puede maridar con chocolate semi-amargo o un puro. A pesar de que el coñac brilla por su elegancia, también puede participar en algunas elaboraciones culinarias y a continuación mencionaré algunas.

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Usos culinarios del coñac

Generalmente se piensa que es una bebida cuya función es la de ser un digestivo, sin embargo, dentro de algunas preparaciones culinarias, el coñac puede marcar una enorme diferencia de sabor. Las siguientes sugerencias provienen de su lugar de origen, Francia, como el cognac de poulet, mejor conocido como “pollo al coñac”, en donde el secreto culinario guarda la tradición francesa de estar en la salsa.

El coñac también acompaña carnes rojas y cortes de primera calidad; es recomendable agregarlo al final de la preparación dentro de la salsa, ya que al ser un destilado cuya graduación alcohólica es alta, puede arruinar la preparación en lugar de perfumarla si abusamos de su uso. Por eso es importante recordar que los destilados se deben flamear dentro de la preparación y utilizarse en pequeñas porciones para que cumplan su función de adornar el platillo con su aroma y sabor.

Otro de los ingredientes que ha sido el compañero ideal del coñac ha sido el chocolate, ya que desde el siglo XVII en Europa se fabricaban chocolates a base de granos molidos de cacao, los cuales eran condimentados con especias y perfumados con coñac. Con esta masa se formaban dados que se diluían en agua caliente y daban origen a una bebida aromática y de exquisito sabor.

Actualmente encontramos la versión de estos dados de chocolate en forma de bombones rellenos, cuyo interior es suave y parte de una preparación cremosa elaborada a base de coñac. También podemos encontrar trufas de chocolate al coñac y algunos bizcochos clásicos como el selva negra, que pueden envinarse con coñac, dando como resultado una experiencia sensorial inolvidable.

Igualmente podemos experimentar con otros postres, por ejemplo: se pueden utilizar frutas flambeadas al coñac, como higos, fresas o cerezas, cuyos sabores logran una perfecta combinación con las notas aromáticas de dicho destilado y podemos aprovechar estas frutas para rellenar unas crepas, una canasta de pasta filo y contrastarlo con un poco de crema fresca batida o bien podemos acompañar una copa de helado de vainilla con estas frutas.

El coñac nos invita a recordar que los momentos se disfrutan poco a poco y plenamente, que se pueden compartir con los amigos o con nuestros pasatiempos preferidos, que puede ser un trago para la media tarde o la noche. Sea cual sea la ocasión, sabremos que en cada sorbo de coñac que demos, encontraremos un recuerdo agradable del qué hablar.