Te gusta

El protocolo en el imperio del sol naciente

El saludo es en Oriente un buen augurio, mejor que abrazos y besos. Una leve inclinación del torso, incluyendo la cabeza en señal de respeto, los brazos al costado del cuerpo y una sonrisa garantizarán una apropiada presentación, el comienzo ideal. 

 

Saber cómo comportarse en Oriente requiere conocer algunas reglas. Hay que saber que estos pueblos son extremadamente formales y le dan valor al protocolo. Los rangos en las presentaciones y en las ubicaciones son importantes. Ser paciente y pausado es, en esas latitudes, un don. ¿Un buen consejo? Es mejor observar y no tomar la iniciativa hasta conocer sus reglas de cortesía.

i-9782-cG.27530.1

Pero cada pueblo tiene sus costumbres. En Japón, lo primero que harán, será intercambiar tarjetas personales; no se olvide las suyas. Cuando se trata de comer, aquí también el “compartir la mesa” entre amigos o por negocios es importante. Por eso, ven con buenos ojos las relaciones amistosas con las personas que van a negociar y es habitual que lo inviten varias veces, para conocerlo mejor. Sin embargo, no suelen recibir en sus casas, porque son pequeñas; si lo hacen, considérelo un honor. Es probable que sea invitado a un restaurante de comida tradicional o a casa de geishas, clubes privados o nigthclubs.  Sin embargo, la etiqueta es la misma en cualquier lugar. Así que si no domina el arte de los palillos para comer o no toma sake, relájese: el objetivo es pasar un buen momento.

¿Qué vestir? En cualquier país de Oriente la vestimenta tiene un significado religioso o social por lo tanto es recomendable no usar a modo de honor trajes o prendas típicas: podría ser ofensivo. La sencilla formalidad occidental será el mejor atuendo.

Los regalos. Se toman como expresión de sentimientos; lleve uno cuando vaya de visita o finalice un negocio. No es importante el valor, sino el cuidado con el que fue elegido. Si no lo entrega en mano, siempre adjunte su tarjeta personal o comercial. Entréguelo inmediatamente cuando llega, utilizando para ello las dos manos. No se sorprenda si no es abierto en el momento. Las flores no son recomendables.

Al llegar a una casa. No golpee la puerta si no encuentra timbre. Abrala un poco y llame con un Gomen kudasai. Pasará a un pequeño vestíbulo, donde dejará abrigo y zapatos. Le entregarán un calzado para estar dentro de la casa, que se deberá sacar antes de ingresar a un ambiente con tatami (estera). No de la espalda a los dueños de casa mientras se cambia.

entrada-casa-japonesa

Cuando se siente. Generalmente en mesas bajas, lo primero que recibirá es un o-shibori: toalla caliente y húmeda, para limpiar sus manos; cuando lo haga, vuelva a colocarla en la bandeja. Le servirán la comida en pequeños platos, sobre bandeja laqueada. A la izquierda encontrará un bol tapado con arroz y a la derecha, sopa. Mientras come, sostenga el bol con las manos. También le servirán sashimi -pescado crudo, muy fresco-; deje a un lado los prejuicios y anímese a comerlo. Mientras continúa comiendo, deje un poco de arroz en el bol; un bol vacío indica que ha terminado de comer.

Para finalizar, se sirve té verde, muy caliente, sin leche ni azúcar. Las tazas se sirven por la mitad o tres cuartos y pueden tener restos de hojas de té en el fondo. Relájese y disfrute, en Japón sienten un gran orgullo por sus comidas tradicionales, participará de un momento único, preparado con la mayor elegancia, tanto en el sabor, como en la presentación. Finalmente, agradezca a los anfitriones unos días después con un llamado telefónico o una carta. También puede hacerles una visita breve, permaneciendo en la entrada. Si entra en la casa se transforma en una visita formal, seguramente le servirán té y tortas y vuelta a empezar…
——————-

 

Consejos

Nunca ponga los palillos clavados en el arroz. Sobre el arroz, no vierta ninguna salsa. Para servirse de una fuente, no utilice sus propios palillos; use los que vienen en la misma fuente. No inspeccione los platos para decidir qué va a comer. Asuma que probará una comida diferente. No ofenda a sus anfitriones diciendo que algo no le gustó.

 

Elisa Gill y Alicia del Carril.