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El roble deja de ser protagonista en los vinos

Años atrás si un vino tenía una crianza larga en roble, o no tenía aromas que identificaras con esa crianza, era un vino medio casi regular. No era concebible que un vino de alta gama no pasara por barricas de roble nuevas. Hoy el gusto del consumidor es otro, como también los vinos son otros.

Pasamos de adorar los vinos con roble al extremo a todo lo contrario. Hoy buscamos vinos frutados lejos del roble o mejor aun sin madera, pero esto no es en todos los casos, consumidores, de cierta edad, piensan que si el vino tiene una crianza en roble o tiene aromas a éste, el vino es mejor. Esto llevó a utilizar varios métodos, duelas (listones de roble) chip, astillas, virutas, granulados o aserrín de roble, estos procesos rápidos y más económicos para darle un toque de roble al vino, se implantaron en países como Chile, Argentina, Estados Unidos o Australia y acabó en Europa.

Hoy los consumidores buscan vinos completamente diferentes, se buscan vinos frescos, que representen el terroir, o los micro terroir, ¿por qué? Quizá los críticos y las revistas especializadas lograron realizar este trabajo de cambiar los gustos del consumidor, aunque también el costo de una barrica nueva de roble es muy elevado, el caso es que el consumidor busca vinos con sólo un recuerdo leve de roble.

Hoy beber un vino con tanta madera es casi inusual, los nuevos consumidores buscan vinos más relajados, frutales, jóvenes, que acompañen a su estilo de vida, pero como mencioné, hay un cierto porcentaje de consumidores que buscan estos vinos con madera exponiendo que esto es mejor. Si bien en ciertos puntos es verdad, porque las barricas estabilizan al vino y lo hacen longevo, es un proceso químico que toma varios meses, de lo cual se puede decir que, a mayor tiempo de crianza, mayor grado de estabilidad, lo que entre los años 1990 y 2000 se realizó pero se exageró el tiempo de maderización, hoy lo vemos como excesivo, pero en esos años era lo ideal.

Muchos enólogos, buscan representar el lugar donde elaboran sus vinos, destacando el terroir, dando lugar a nuevos descriptores que a veces muchos llegamos a discutir, pero esa discusión es parte de otra nota. El roble deja de ser protagonista en los vinos, cuando vemos las contra etiquetas, o notas de cata, donde mencionan que el vino tiene una crianza en barricas de roble de segundo o tercero; esto es porque el roble de segundo uso sólo confiere el 25% de taninos y aromas, mientras el de tercer uso influye sólo por la micro oxigenación.

Adiós a la madera

Muchas bodegas y enólogos buscan nuevas o vuelven a viejas alternativas para fermentar y envejecer sus vinos, como la arcilla o el cemento que se está poniendo de moda y dan lugar a nuevos métodos de crianza.

La nueva generación de winemakers apuesta por crianzas más cortas en barricas de segundo y tercer uso como mencioné antes. Optan por utilizar barricas de 500 litros para que el vino entre en contacto con la madera sin tostar. Así se evitan aromas torrefactos, propios de tostados medios y altos, como también cambian a huevos de cementos o piletas sin epoxi.

Hoy se busca que los vinos blancos sean más frescos, punzantes y ligeros; al igual, los tintos se prefieren frescos y expresivos. En ambos casos, el consumidor busca que el vino exprese el terroir, y no es para menos, los críticos de vino, hablan de ello en las revistas especializadas o certámenes de vinos.

Una nueva etapa en la elaboración de vinos, y consumidores se abre lugar en degustaciones para lograr captar nuevos consumidores, que buscan beber vinos con aromas y gusto a vinos.

Salud y buen vino!