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En gustos se rompen géneros: cocteles con vino (parte 1)

Desde la antigüedad, el vino fue mezclado con especias, frutas y cítricos para ser más agradable al paladar. Hoy, la coctelería con vino conquista cada vez más adeptos.

La coctelería con vino es un tema que puede ser controversial, ya que para algunas personas es “un pecado” hacer cocteles con vino, y para otras es la mejor manera de introducirse en este mundo.

Para abordar el tema del gusto y sus acepciones, me gustaría retomar la idea del Dr. Mansur, quien en su artículo: “De gustos y Disgustos”, señala que nadie puede establecer qué es lo correcto o incorrecto en cuestiones de gusto, puesto que éste expresa un sentimiento. Es decir, que el gusto, al relacionarse con el sentimiento, dificulta que se sigan las reglas sobre el gusto preestablecidas, debido a que cada persona tiene una forma de sentir diferente y su elección no siempre coincidirá con la del resto.

A partir de esta idea, considero que este artículo nos permitirá jugar con las reglas de consumo del vino, independientemente de si somos o no partidarios de la coctelería con vino. El texto está compuesto de tres partes: la primera sobre el uso de las especias para aromatizar el vino, la segunda por las bebidas con vino y su uso tradicional, y en la última parte se abordarán algunas recomendaciones para preparar cocteles con vino.

El consumo del vino con especias

Desde una perspectiva histórica, el consumo del vino no seguía un protocolo de servicio como el que se conoce actualmente. Por ejemplo: en la época antigua y en especial con los griegos, el vino se diluía con agua, además se aromatizaba con especias, resinas y se endulzaba con miel, lo cual lo hacía más digerible y agradable al paladar.

Durante la Edad Media existió una bebida conocida como hipocrás, cuya elaboración consistía en mezclar vino blanco o tinto, frutas maceradas y algunas especias. El hipocrás fue popular entre la población, ya que su consumo se extendió hasta el siglo XVII. Es probable que de esta bebida se hayan hecho variantes de otras a base de vino, como el clericot o el vino caliente.

La tradición del vino caliente

El consumo del vino caliente se volvió una tradición entre los pobladores de países como Dinamarca, Alemania, Suecia, Francia, Hungría e Italia, donde las bajas temperaturas están presentes en el invierno. Esta bebida se elabora con vino tinto y con especias, cáscaras de cítricos y azúcar. Estos ingredientes se colocan en una olla y se llevan a ebullición, en donde se dejan por un par de minutos y el vino se aromatiza por completo. Se bebe caliente, ya sea en tazas o vasos cortos, con el fin de subir la temperatura corporal.

vino

Cabe mencionar que el vino caliente recibe diferentes nombres dependiendo del país en donde se elabore. Las recetas principales son:

  • Glühwein: es de origen alemán y se bebe durante la época de Adviento dentro de los mercados navideños (weihnachtsmärkte).
  • Vin chaud: es de origen francés y se elabora con vino tinto, azúcar, cáscara de naranja, clavo, ralladura de limón, canela y agua.
  • Glögg: es originario de Suecia y es una bebida que se hace a base de vino tinto, vodka, canela, cardamomo, jengibre y clavo de olor. Se suele servir con almendras peladas y pasas.

Sin embargo, conforme se fueron perfeccionando las técnicas de vinificación y del añejamiento del vino, su calidad fue mejorando, por lo que se volvió una bebida que se podía apreciar sin la necesidad de mezclarlo con ningún otro ingrediente.

No obstante, no todos los vinos que se elaboraban eran el resultado de una buena vinificación. En ocasiones, el producto final no satisfacía por completo a los consumidores, ya sea por cuestiones geográficas, defectos durante la fermentación o bien por un almacenamiento inadecuado del vino. Esto incentivó la creación de cocteles con vino con el fin de darle uso a estos caldos de mediana calidad.

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