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En Portada: Alberto Verdeja, el vino mexicano como campo para la experimentación

En el marco de Global Wine 2022, reunimos a cinco enólogos mexicanos de las bodegas más importantes del país y a un catedrático en viticultura de origen español, para ser parte del panel de cata del concurso. Esto es lo que platicamos con ellos. 

El vino mexicano se encuentra en uno de sus mejores momentos, y eso ha sido posible gracias al esfuerzo y dedicación de miles de personas que día a día trabajan en la cadena de valor para su creación y, por supuesto, teniendo en cuenta al consumidor.

Alberto Verdeja descubrió su amor por la tierra de Baja California desde muy pequeño y entró a una de las vinícolas más importantes, Bodegas Domecq, apenas cumplió la mayoría de edad. Hoy, con 22 años de experiencia, es el primer enólogo mexicano de la firma y pieza fundamental de su crecimiento y evolución. 

¿Qué desarrollo has visto en la enología mexicana durante el tiempo que has sido parte de ella?

Entré al mundo del vino mexicano en 1999, momento en el que el número de Bodegas que había en México era relativamente bajo, pocos actores pero de mayor tamaño, lo cual daba pie a que los estilos de vinificación eran relativamente cotidianos, un mercado sin muchas sorpresas.

Hoy en día encontramos un escenario cambiante, lleno de novedades cada año, gente ansiosa por mostrar un lado cada vez más fino del vino mexicano, incluso aquellos colegas que en principio se empeñaban en generar vinos de corte clásico, hoy se han volcado a ser propositivos,  aumentando los ciclos de experimentación, atreviéndose al uso de materiales y técnicas innovadoras, todo con el objetivo de vinificar lo que yo catalogo como grandes vinos mexicanos.

¿Cómo describes la enología mexicana en este momento?

Un campo experimental donde disfrutamos crear, con una visión que busca entregar a los consumidores aquellos productos singulares que enaltecen el nombre de México.

Menciona dos tendencias importantes de la enología en México.

La primera y que no nos aleja del pasado, es el re-descubrimiento de los vinos espumosos en todas las regiones, disfrutando de ver burbujas con variedades que habitualmente no eran utilizadas para este fin, haciendo uso de lo que conocemos como método ancestral o del modo más romántico como pét-nat.

Otra tendencia es el uso de envases alternativos, entre ellos cada vez más habitual la colocación de vino en lata, un formato con el que los mexicanos se están atreviendo a acercarse al vino por curiosidad o por la alegría de entender que sorpresa aguarda tras esta moda.

¿En dónde se encuentran los esfuerzos de tu bodega?

Dentro de Bodega Domecq se replica de manera continua el mensaje de ver al futuro con enfoque estratégico, razón por la que los esfuerzos se distribuyen en distintas líneas de acción, en principio, analizando tendencias de mercado, conociendo con mayor cercanía lo que cada consumidor desea encontrar en los  puntos de venta. Capacitando de manera interna a sus empleados y compartiendo conocimiento con todos aquellos que se sienten atraídos por el mundo del vino.

En la bodega, buscando aquellos indicadores de proceso que no deben perderse de vista y que con el tiempo nos llevarán a la mejora continua en favor de nuestros vinos. A nivel de campo se está invirtiendo en nuevas plantaciones, en las que de manera previa y a conciencia, se analizan todas la variables necesarias para cumplir el objetivo de obtener uvas de gran calidad.

Además, apostando por la sostenibilidad, usando en mayor proporción energías limpias, optimizando el uso del agua, creando conciencia entre nuestros colaboradores, apostando por un entorno sostenible de largo plazo.

¿En dónde ves la industria del vino en México en el futuro, cómo la imaginas?

Cuando hablamos de vino mexicano, la tendencia nos habla de un crecimiento que es envidiable para otros mercados. Hoy en día tenemos la oportunidad de llegar a cada vez más rincones de este bello país, donde se continúan conquistando paladares y que se convierte en un catalizador en nosotros para pensar en el futuro.

Me ilusiona soñar con una industria cada vez más unida, mostrando al mundo la peculiaridad de nuestra tierra a través de vinos increíbles, pero haciendo ver el interés por salvaguardar los Valles de un modo tan genuino como aquel que protege un tesoro.

Veo en el futuro, un Vino Mexicano consolidado en escenarios internacionales por su gran calidad, entrando cada vez a más concursos y regresando inevitablemente con preseas, generando orgullo nacional. Estamos en el momento que será recordado, como el renacer de esta tradición, que sin saberlo, ha formado parte de nuestra cultura.