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Entrevista José Moro

La Bodega Emilio Moro engloba el trabajo y la dedicación de un apellido que a lo largo de tres generaciones ha producido vinos con entrega y un respeto total por las vides que crecen en la tierra de Ribera del Duero.

José Moro, parte de esta tercera generación y director de la bodega, nos comparte su historia, filosofía y elementos diferenciadores que colocan a sus vinos en categorías propias que dependen totalmente de las uvas, de la tierra y su calidad.

¿Qué historia hay detrás de los vinos Emilio Moro?

La familia Moro es una bodega tradicional ubicada en la Ribera del Duero, una de las zonas más prestigiosas vitivinícolamente hablando. Mi abuelo nació en 1891 y transmitió todo su conocimiento a mi padre, y él a su vez nos lo transmitió a nosotros, que somos la tercera generación y creemos en el amor total por el vino.

¿Cuáles son sus principios y visión actual?

Pusimos en marcha un proyecto con una filosofía basada en tres pilares, uno de ellos es la tradición, la cual implica años de historia, que es el aval y la garantía de la calidad de nuestra marca.

El segundo es la innovación: contamos con diferentes acuerdos de colaboración con universidades para tener más conocimiento de nuestros vinos; cada año hacemos estudios para obtener vinos más finos y elegantes que tengan un lugar en un mercado cada vez más competitivo y global. Emilio Moro tiene vocación internacional.

Y el tercer pilar es la responsabilidad social. Fundación Emilio Moro apoya varias iniciativas para cuidar el agua: tenemos el eslogan “el vino ayuda al agua”, y financiamos programas en distintos países para el cuidado del agua. Ahora en México estamos colaborando con la fundación Cántaro Azul, de Chiapas, la cual busca fomentar el cuidado del agua potable en las escuelas.

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¿Cómo logran entrelazar tradición e innovación?

Actualmente realizamos estudios, como la investigación sobre el clon único que tenemos en nuestros viñedos, o las levaduras autóctonas que hay en nuestro terroir, en fin, hay varios temas.

Somos una bodega tradicional pero con esa visión de innovación, además con responsabilidad social, con vocación internacional y que tiene presencia en más de 60 países (en EU tenemos nuestra propia importadora). Tenemos la suerte de haber nacido en una tierra que produce uno de los mejores vinos del mundo y trabajamos en darlos a conocer con diferentes campañas y marketing, contamos con el reconocimiento de los clientes y buenos puntajes conseguidos año tras año en las revistas internacionales.

Los vinos de RD son reconocidos como elegantes, potentes y muy tradicionales, ¿cómo integrar sus características al mercado global?

Lo primero que hay que tener en cuenta al elaborar un vino es que para ser fiel con tus principios tienes que elaborar lo que te da tu tierra; un vino es la expresión de lo que viene del suelo, es la expresión del alma de lo que está en el viñedo; hay pequeños factores que intervienen que pueden modificarlo y esto se realiza cuando tienes más conocimiento, pero siempre respetando la identidad de donde viene.

La historia de las características de los vinos de Ribera del Duero ha evolucionado para bien, estos últimos 30 años desde que apareció la D. O. Al principio sus vinos eran muy robustos, con mucho cuerpo y estructura, los cuales había que “partir con cuchillo y tenedor”, y merecen todo el reconocimiento, pues fueron los que despertaron esa zona vinícola que entonces sólo conocía los vinos de Rioja.

Con el tiempo, esos vinos robustos y con mucho cuerpo se han convertido en vinos finos, sutiles, elegantes. Ahora podemos tener vinos completos, sutiles, elegantes, con ternura, pero que al mismo tiempo conserven su carácter y personalidad.

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¿Qué significa el río Duero para la producción de sus vinos?

El río Duero significa mucho para mí: ahí jugué cuando era niño, aventábamos piedras para hacer ondas, ahí nos bañábamos. Fue un símbolo de identidad importante y luego lo que trae en conjunto con el clima, con esos inviernos rigurosos, mañanas y días con niebla producida por el río, conjuntamente con otros temas, permiten la diversidad de terroirs.

Desde la parte alta, Soria, bajamos a la parte central con suelos calizos, y más abajo en Toro, con menos altitud que propicia otro tipo de vinos, hasta su desembocadura en Oporto, con una gran diferencia de altitud y suelos más minerales. Sin duda nos encontramos en uno de los grandes ríos del mundo.

Cuéntanos sobre los vinos de Emilio Moro y sus etiquetas

Lo primero para distinguir es que Emilio Moro tiene personalidad y calidad propia, no atendemos a los estándares de Crianza, Reserva y Gran Reserva, porque entendemos que no aporta nada a la calidad de los vinos; hay muchas variables que influyen en un proceso, puedes tener un vino espectacular con ocho meses de crianza, o tener una producción de uva de 8000 o de 4000 kg, magnitudes distintas, barricas distintas. Todo esto no se contempla en la clasificación básica. En 1998 decidimos salirnos de esta clasificación y a cada gama le asignamos un nombre, de acuerdo con la edad de los viñedos.

A los viñedos más jóvenes les pusimos Finca Resalso, mientras que los vinos de Emilio Moro son viñedos de una edad media entre 12 y 25 años, y la gama alta es Malleolus, una palabra latina que significa “majuelo”, que es como llamamos a los viñedos pequeños, viejos de calidad, viñedos entre 25 y 30 años. Y tenemos dos viñedos muy especiales, uno con 90 años de historia, de suelo arcilloso y otro de tierra caliza; así, basándonos en el suelo y la edad del viñedo obtenemos vinos totalmente diferentes. Hermanos pero diferentes.

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La importancia de nuestra Tempranillo, Tinto Fino

En particular podemos elaborar nuestros vinos gracias a la grandeza que tiene una variedad como la Tempranillo, una variedad versátil, con muchas posibilidades. Todo lo que sembramos es Tempranillo y nosotros la llamamos Tinto Fino. Es capaz de darte un vino joven listo para beber o uno capaz de envejecer 30 años en botella y provocarte las lágrimas por su grandiosidad. De todo eso es capaz la Tempranillo.

La llamamos Tinto Fino, pues mi abuelo tenía distintos viñedos y uno de esos le daba mejores uvas y de ése tomaba injertos para el resto de los viñedos. Sus uvas eran más finas, más pequeñas y de racimos más separados.