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Entrevista: Víctor Torres Alegre

A Víctor Torres Alegre, ingeniero agrónomo y enólogo con maestría y doctorado, lo respaldan tres décadas de trayectoria, convirtiéndolo en uno de los grandes maestros de la enología mexicana.

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Doctor Torres, ¿nos puede resumir qué ha pasado en los últimos treinta años en su vida?

Es sencillo, ya que en la primera década tuve la oportunidad de laborar en una empresa que me permitió experimentar mucho, se llamaba Formex Ybarra, y yo tenía la facilidad de trabajar con dos millones de litros de vino, de los cuales sólo embotellaba entre 180 y 200 mil, entonces había un millón 800 mil litros con los que podía “jugar” y destilar.

Tuve la oportunidad de aprender muchas cosas que me habían platicado, experimenté y algunas veces funcionaban, pero otras no, pero considero que fue un enriquecimiento total en la práctica. Por ejemplo, inventé un método para crear un vino blanco por hiperoxidación.

Los siguientes 20 años empecé con Chateau Camou con los viñedos; compramos equipos, planeamos y finalmente diseñamos los vinos. Después me fui a Barón Balché, donde también instalamos el viñedo, también compramos equipo y fabricamos los vinos. Ahí comencé con mis propios tanques y los tuve en un rinconcito, con mis barricas.

A partir de aquí surgió la ilusión por tener mi propia vinícola y el concepto de vinos cru garage, fue en la tercera etapa donde comenzamos a trabajar nuestra propia marca, con el objetivo de vender lo que quería hacer, un proyecto interesado en la enología.

Resumiendo las tres décadas: la primera parte fue muy experimental, durante la segunda me iba a Burdeos cada dos años y me preparé para comprender los resultados y mis propias hipótesis. Al final, en la tercera, ya estaba listo para producir vinos de calidad y tenía mi objetivo claro: vinos que se pudieran consumir rápidamente, producidos de forma natural, sin aditivos; algo bueno, bonito y barato. Eso significa que estamos haciendo calidad y buscamos que la gente nos recuerde por eso.

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¿Cómo se vive la enología en México?

Hay dos tendencias, una que requiere y practica la inversión para hacer el vino de la mejor forma, esto es, donde respetamos mucho el origen de los vinos. La segunda, en cambio, es la más fácil pero no es la mejor: se aprende a elaborar vino en dos días, pero sin tener en cuenta los resultados a fondo.

Por ejemplo, si estoy en Baja California, lo que quiero hacer es un vino de BC que cuando la gente lo pruebe evoque a esta zona, pero si le pongo ácido tartárico o taninos, ya no es BC; eso es lo mismo que hacen en otros lados, sin identidad. Otro ejemplo, cuando la gente quiere acidificar los vinos; hay muchos de acidez alta, pero no representan a BC, sino que son vinos que se quieren parecer a otros, no son vinos mexicanos representativos.

El hecho de que no tengamos una regulación permite diversas cosas, por ejemplo, que se lleve a cabo la fermentación en plástico, que aunque es un material barato (un tanque cuesta unos cinco mil pesos), es tóxico porque están presentes ftalatos, los cuales contaminan la bebida. En cambio quienes queremos hacer las cosas de forma natural y saludable invertiremos en tanques de acero inoxidable que pueden costar entre 15 y 18 mil dólares.

¿Qué transmiten las etiquetas de Víctor Torres?

Queremos transmitir una unidad con mi familia. Mi hijo Leonardo me ayuda a hacer los vinos y mi esposa Julieta es la administradora: ella fue la impulsora para crear ese proyecto. Es un vino bien elaborado y por una familia; puede transmitir calor, es humano, y busca un acercamiento con la gente.

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¿Por qué apostar a los vinos de consumo rápido?

Tengo un hijo que se llama Víctor y en algún momento de su juventud, comíamos con vino en Ensenada. Viko, entonces de 14 años, me dijo que no quería vino porque los míos eran caros y no los podía comprar con sus amigos.

Entonces me sugirió hacer un vino barato, pero lo veía complicado por el costo del proceso; pensé en una alternativa para cambiar la enología tradicional, porque me di cuenta de que nos habíamos enfocado a elaborar vinos para gente adulta. Fue así que desarrollé un método para elaborarlo de una forma más sencilla y accesible.

Cuando terminé el vino se le quedó el nombre de Del Viko. Cuando terminé con él, mi hijo ya tenía 18 años. El procedimiento es totalmente natural, con taninos suaves para tomarlo a cualquier edad.

Sobre las variedades en sus vinos, ¿cuáles son sus favoritas?

De los tintos, Zinfandel y Nebbiolo. Para el primero probé varios vinos en Estados Unidos, y el Nebbiolo fue un poco más difícil, porque para hacerlo me inspiré en un Barolo que probé en 1985. Así es como comienzo a crear: pienso en cómo lograrlo, y si bien durante el proceso puede ocurrir que realice cambios, siempre inicio con una idea previa.

Mi hijo agregó a la línea un Syrah y le quedó bastante bien. No queremos hacer vinos comerciales, pero nos interesa que la gente los pueda apreciar y consumir.

¿Qué características debe reunir un buen vino?

Para mí son tres cosas muy importantes: la primera es que debe ser natural, no le debes tocar nada; la segunda, que debe ser aterciopelado en el paladar, que le des un sorbo y te deje una sensación agradable en la garganta, como terciopelo. Y la tercera, que sus aromas deben perdurar todo el tiempo que lo degustemos en la copa.

Por otra parte, el decir “el mejor vino es el que te gusta” es algo sencillo, pero no explica mucho sobre puntos clave.

Sobre la calidad del vino mexicano en el mundo, ¿qué panorama permea?

Yo creo que ya contamos con un importante reconocimiento a nivel internacional; he podido comprobarlo en lugares como Madrid, presentando vinos mexicanos con muy buena respuesta. Hay vinos de mucha calidad y otros que se quedan en el camino, no todos tienen el nivel, pero sí hay muchos que van para allá y están luchando para lograrlo.

Robert Mondavi algún día me mandó un libro con una frase que decía “un buen vino lo hace un buen enólogo, pero un vino extraordinario, lo hace un artista”.

Me gustaría que para hablar de calidad pudiéramos plasmar todo lo que hay en los procesos, eso influye en el nivel de un vino y por consecuencia en el precio, pero hay que conocer todos los factores.

Además queremos hacer una Denominación de Origen Baja California para establecer reglas, qué se puede hacer y qué no al elaborar vino en esta región.

¿Cuál es la esencia de la bodega Torres Alegre?

Nosotros hacemos vinos con amor, siempre pensamos en por qué y para qué los hacemos, antes de verlo simplemente como un negocio. Mi gran satisfacción es que alguien pruebe mi vino y le guste, que me digan “¡qué bueno está!”. Esa es la mejor recompensa.

Motivos para consumir vinos mexicanos

Actualmente hay mucho por probar, hay varias etiquetas para jóvenes, por ejemplo. Mi consejo es que no se encasillen, que prueben y se abran, que siempre sepan cómo están elaborados, que conozcan el proceso y los materiales que intervienen, concluyó el Dr. Torres Alegre.