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Festejos navideños, momento de brindar con Terrazas de los Andes

Un año culmina. El viento fresco aporta aires de renovación. El hogar nos invita a compartir, a tomar un descanso para soñar el año próximo con metas cada vez más altas. La Tierra y el cielo se encuentran. Es momento de brindar con Terrazas de los Andes por las nuevas cimas a alcanzar.

A poco más de tres décadas de existencia, Terrazas de los Andes se confirma como uno de los experimentos más osados e inspiradores de la historia del vino: una aventura de altura, que apareja la magia de los sueños con gran técnica vinícola y un compromiso inquebrantable con la naturaleza.

Fundada por productores franceses que buscaban introducir técnicas de vinificación y nuevos varietales de uva a una Argentina todavía desconocida como nación vinícola, Terrazas de los Andes debe su nombre a las llamadas terrazas, mesetas escalonadas en los linderos de la cordillera de los Andes, cuya altitud va de los 800 a los mil 800 metros. Ahí, donde la Tierra y el cielo se encuentran, a partir de la técnica francesa y la naturaleza argentina, nace un vino de altura, placer elevado.

Etiquetas para celebrar navidad y año nuevo

Reserva Malbec 2019

Un Malbec vibrante y aterciopelado, mezcla de varietales de seis viñedos, cultivados a altitudes que van de los mil 070 a los mil 250 metros. Añejado un año en barricas de roble francés y objeto de un descanso de 6 meses en botella para lograr la plenitud de su expresión, en nariz presenta aromas de fruta roja y negra y de violetas, en boca una entrada sucrosa y medio de boca voluminoso, para un final persistente y fresco. Marida bien con carnes rojas o de caza, quesos maduros y postres con frutos rojos o secos. A partir de las condiciones climáticas favorables, la cosecha 2019 es ya recordada como una de las mejores de la década.

Grand Malbec 2018

Máxima expresión del Malbec de casa, se compone de uvas cultivadas en tres viñedos de altura, cosechadas a mano en las primeras horas de la mañana antes de una maceración suave y prolongada durante un promedio de 20 a 25 días. Un añejamiento prolongado en botella de por lo menos 12 meses redunda en un vino de un rojo intenso con matices púrpura, intenso y complejo en nariz, que combina aromas de frutas negras y violetas con notas de hierbas secas, tomillo y aromas minerales de grafito.

Denso, completo y untuoso en boca, tiene un final largo y sedoso. Resulta ideal para maridar con carne de res asada en cocción lenta con reducciones de vino, con estofados de cordero y con quesos maduros o ahumados. Año excepcionalmente templado, el 2018 arroja una cosecha memorable, de fruta fresca y sana con muy buena concentración de color y hollejos gruesos, lo que resultó en vinos de muy alta calidad.

Reserva Torrontés 2020

Un blanco de color amarillo pálido con delicados tonos verdes, elaborado a partir de uvas provenientes de viñedos de 40 años, enclavados a mil 600 metros de altura. Fresco y elegante en nariz, tiene aromas de durazno y notas sutiles de azahar, manzanilla y albahaca.

De cuerpo envuelto y untuoso, es amable en boca y presenta un final fresco y persistente, apto para maridar con entradas frescas, quesos maduros y mariscos. La cosecha 2020, caracterizada por fuertes lluvias, temperaturas más bajas y presencia de brisa, aportó a las uvas frescura, sanidad y buena madurez.

Reserva Cabernet Sauvignon 2018

Fruto de una de las mejores cosechas en los últimos 10 años, cuyo clima templado resultó en condiciones de madurez que permitieron la elaboración de vinos de muy alta calidad.

Tras una cosecha manual, una fermentación y maduración de entre 20 y 25 días, una crianza en barricas de roble francés de hasta cuatro usos durante 12 meses y una estiba en botella de cuando menos seis meses, tenemos un vino rojo profundo con tonos azulados, con aromas de frutas negras maduras y delicadas notas especiadas de pimienta blanca. Redondo y jugoso en boca, es ideal para acompañar carnes rojas y de caza, vegetales a la parrilla, salsas tipo demi glace y guisos. 

Soñar lo imposible

La de Terrazas de Los Andes es una historia de aventureros franceses que, con espíritu pionero y vanguardista, trabajaron por hacer realidad su sueño de alcanzar el pináculo del vino con un proyecto de vinificación de montaña.

Antes de que los viñedos argentinos fueran conocidos en el mundo, estos exploradores, sin más herramienta que un antiguo altímetro militar, identificaron el potencial de las terrazas y plantaron viñedos en los prístinos linderos andinos a una altura a la que nadie antes se había atrevido. Su lógica: el clima frío redundaría en una más lenta maduración de las uvas, las llevaría a su máxima expresión frutal.

Mientras que sólo el 15 por ciento de los viñedos de Mendoza –región donde se asienta Terrazas de los Andes– han sido sembrados a alturas de más de mil metros, donde impera el clima frío, la totalidad de sus viñedos se encuentra a esa altitud –la mayor que casa vinícola alguna haya proyectado. De hecho, el viñedo El Espinillo, en la zona de Gualtallary, alcanza los mil 630 metros.

La idea de Terrazas de los Andes de sembrar en terruños a gran altitud revolucionó la explotación vinícola en la región de Mendoza. Fue a partir de ello que se pudo cumplir un sueño: poner el vino argentino en el mapa global.

Ascender a lo auténtico, a lo diverso

En Terrazas de los Andes se sabe que los mejores vinos no se producen: se cultivan. En la categoría de vinos de Reserva y superiores, son la única casa vinícola que cultiva sus varietales en una colección única y celebrada de 10 viñedos a gran altitud y con clima frío, ubicados en las siete apelaciones argentinas más notables, enclavadas en Luján de Cuyo y el Valle de Uco.

Más de 30 años de experiencia y conocimiento acumulados han llevado al equipo de Terrazas a subdividir los viñedos en más de 200 parcelas, cada una de las cuales constituye un terruño distinto, con un manejo específico de todas las etapas, de la siembra a la vinificación: ningún productor conoce como Terrazas la diversidad del suelo mendocino.

Es a partir de ese conocimiento a profundidad que pueden adaptar todas sus prácticas a las características de cada parcela, a fin de garantizar uvas de la mayor calidad posible. Eso es autenticidad, del pie de vid a la botella.

Esa diversidad y esa autenticidad son la divisa: el precioso mosaico que constituyen los suelos es el secreto de la complejidad y la consistencia de sus vinos.

Saborear la montaña

Es la tierra de los Andes –pura, prístina– lo que moldea el carácter. Sus terruños de altura se caracterizan por una temperatura más baja, lo que permite que las uvas maduren con mayor lentitud y desarrollen aromas frescos, frutales y refinados, coloración más profunda, acidez vibrante y una delicada texturización de los taninos, lo que resulta en vinos de un equilibrio y una elegancia sorprendentes.

La herencia francesa de su etiqueta trajo la uva Malbec, uno de los seis varietales permitidos en los legendarios vinos de Burdeos, a una nueva dimensión de elegancia. La irrigación de los viñedos con agua pura, derivada del deshielo de los majestuosos glaciares andinos, la cosecha de las uvas “al dente” –en el punto mismo de su maduración– a fin de conservar frescura y vitalidad son el punto de partida para un proceso de vinificación que revela la pureza y la frescura de los Andes.

Preservar la vida de montaña

Terrazas de los Andes es un custodio de la vida de montaña. Su propósito es liberar y preservar la magia del pináculo del planeta y sus vinos no sólo saben bien: hacen bien.

En armonía con la naturaleza y con las comunidades de ese frágil ecosistema, han trabajado para preservar los recursos naturales de la montaña, mitigar el impacto climático, he involucrar a los grupos humanos que viven ahí y empoderarlos.

Al ser Mendoza un desierto, el agua vale oro. Fueron los primeros en instrumentar sistemas de irrigación por goteo en Argentina, lo que permitió ahorrar hasta un 60 por ciento de agua. El 100 por ciento de sus viñedos están certificados como sustentables a partir de prácticas que incorporan una política de cero herbicidas y la promoción de la biodiversidad.

Existe un esfuerzo por apoyar el desarrollo de las comunidades de montaña. Ello pasa, entre otros proyectos, por el desarrollo de cinco programas educativos gracias a los cuales se han impactado en 4 mil niños y 22 escuelas a lo largo de 18 años.

Atreverse a las alturas supone habilidades de altura y equivale a correr altos riesgos; las recompensas, sin embargo, están a la altura del empeño: esto es lo que los ha permitido alcanzar el pináculo de la exploración y del sabor.

Pionero, vanguardista, aventurero, siempre en busca de la mayor calidad en la expresión de las uvas, Terrazas de los Andes es, más que una etiqueta de vino, un estilo de vida: el que se empeña siempre por alcanzar la cima.