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De foodies, a viajeros sibaritas

Planear un viaje en relación a su propuesta gastronómica puede ser un gran acierto, y México es más que un destino, de hecho, son 32 destinos, o mejor pensado ¡son cientos de destinos dentro de un mismo territorio!

Al elegir un destino, una de las primeras cosas que nos preguntamos es qué comeremos durante nuestra estancia. Es posible que escojamos un hotel tomando como punto de partida los restaurantes que se encuentran en su interior o la calidad del room service, o bien que planeemos el itinerario del road trip según los sitios en los que podamos parar a comer o que nos decantemos por visitar un sitio de interés gastronómico; partiendo de esto último puede decirse que más que foodies, somos viajeros sibaritas.

Planear un viaje en relación a su propuesta gastronómica puede ser un gran acierto, y México es más que un destino, de hecho, son 32 destinos, o mejor pensado ¡son cientos de destinos dentro de un mismo territorio! No por nada, el nuestro es uno de los 17 países megadiversos del mundo, por ejemplo, un mismo estado alberga más de un ecosistema, y esto es importante porque la diversidad natural también se refleja en la cocina de cada región. Es por ello que actualmente hemos entendido que el lujo también se encuentra en el producto local y en las experiencias que son accesibles sólo para los que se aventuran a viajar diferente.

Y es que las posibilidades son variadas: destinos con playa y ciudad, grandes urbes que destacan por su diversidad de comida callejera a la par de elegantes restaurantes, rutas surgidas gracias a la producción de vino nacional y el posterior surgimiento de restaurantes farm to table, exploraciones a reservas naturales, recorridos por campos de agaves, así como mercados locales. Nuestro país se precia de tener opciones para todo tipo de viajeros, y los viajeros sibaritas encuentran aquí un mosaico de experiencias y un menú muy sustancioso a elegir.

Paraíso de conchas

Aunque México está rodeado de costas frontales que poseen las condiciones adecuadas para la producción de conchas, la acuicultura de bivalvos se ha desarrollado con mayor fortaleza en el noroeste. Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa, son reconocidos por las variedades de conchas que se extraen de sus mares. Tanto el océano Pacífico como el golfo de California o mar de Cortés, albergan conchas como la almeja chocolata, el callo de hacha, la almeja generosa, así como diferentes variedades de ostiones como el de piedra, el ostión de San Buto, el ostión japonés o el famoso ostión Kumamoto.

Estas delicias que relucen en las mesas de los mejores restaurantes provienen seguramente de esas costas, y aunque ahora muchos cocineros han logrado construir una cadena de proveeduría que las garantice siempre fresquísimas, ¿qué mejor que explorar esos sitios para disfrutarlas tan pronto como las sacan del mar? Así vale la pena planear un viaje a destinos como Mazatlán, Bahía de Kino o La Paz, así como sus alrededores. 

Las rutas del vino en México

En una tierra fecunda para la vid mexicana, era de esperarse que prosperaran restaurantes que hicieran honor a los grandes vinos producidos en estas campiñas. La mayoría, bajo el concepto farm to table, ha sabido sacar provecho de las condiciones de su particular terroir para montar espacios que, gracias a un cuidadoso trabajo de paisajismo, convergen de manera natural con el entorno en una especie de camuflaje que permite a los viajeros sumergirse en el mundo y la cultura del vino.

No importa la región a la que nos refiramos, ya sea la vinícola más antigua de América, localizada en Coahuila, los novedosos proyectos ubicados en zonas vitivinícolas emergentes como las de Guanajuato y Aguascalientes, o las ya consolidadas rutas de Querétaro y Baja California; en todas ellas es seguro que a su alrededor se haya desarrollado una economía que tiene como núcleo al vino y a la comida.

Grandes ciudades

Aquellas más cosmopolitas de México, suelen ser el epicentro de restaurantes y centros de consumo con conceptos siempre en tendencia. Pero también resguardan los conceptos más clásicos y antiguos de la historia de la restaurantería mexicana, por lo que al planificar un viaje a Guadalajara, Monterrey o la Ciudad de México, hay que reservar espacio en la agenda para aprovechar todas las oportunidades de desayuno, comida y cena para así visitar los spots que desde hace tiempo han estado en la lista del viajero sibarita.

Cuando no sabemos a dónde ir

Una opción asequible de lo que un destino puede ofrecer al viajero sibarita son las guías de restaurantes. Algunas con ranking y otras sin él, son un compendio de recomendaciones hechas en consenso, por lo que su credibilidad es algo que puede guiar la elección y brindar información sobre qué esperar del servicio, de los alimentos o del lugar.

Otra menos recurrida es la que ofrecen megabuscadores de vuelos, hoteles y renta de servicios; sin embargo, son útiles para crear experiencias de viaje a la medida, y algunas como Airbnb, que funcionan más como mercados comunitarios digitales, actualmente hay muchos expertos que han puesto el ojo en viajeros que buscan experiencias que los hagan sentirse inmersos en la cultura local y en una economía colaborativa.

Eso sí, nunca termina de conocerse la propia ciudad. Aun cuando creamos dominar cada esquina del taco o el antojito y haber recorrido los mejores restaurantes de cada zona, siempre hay algo nuevo por descubrir, por lo que dejarse guiar por quienes se han adentrado a hacer viajes de exploración por las entrañas de los mercados, en los restaurantes de chefs emergentes, o cualquier otro proyecto digno de ser mostrado, es otra manera de redescubrir los destinos ya conocidos.

Eat like a local, en la Ciudad de México, es un ejemplo de ello, un concepto donde se contrastan restaurantes casuales y fine dining con lugares escondidos, mercados y locales callejeros. La Baja, por su parte, es dominada por el Club Tengo Hambre, mientras que en el paraíso culinario que es Oaxaca se disfruta mejor con la guía de expertos como los de Live Oaxaca. Sin duda, se trata de un mundo de opciones por conocer y degustar y que están abiertas a todo aquel viajero sibarita hambriento.