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Gabriela Cámara, lo que la mueve y apasiona

Aunque suene a cliché, Gabriela sueña con un mundo mejor: “La verdad es que voy hacia donde la vida me lleve… Me mueve el que el mundo pueda hacerse un mejor lugar plato a plato, día a día, persona a persona”.

Nos sentamos a la mesa del icónico Contramar para charlar con una de las mujeres más relevantes de la escena gastronómica en México, la chef Gabriela Cámara, quien nos recibió con una sonrisa y su imparable energía tan característica, para platicar de lo que la mueve y apasiona.

Nací en Chihuahua y crecí en Tepoztlán, Morelos. Soy mexicana, pero también soy medio italiana, por el lado de mi mamá… y soy un poco gringa porque he vivido mucho tiempo en Estados Unidos. Aunque la verdad, yo me siento una ciudadana del mundo.

He sido siempre inquieta, curiosa, metiche, me fascina la gente; soy una persona súper empática y tengo muchos amigos. He tenido el privilegio de tener una familia increíble, gente muy buena y muy noble, y una familia extendida maravillosa, todos apasionados de la comida y del buen vivir, de estar en paz y hacer el bien.

Fotografía @Nizaguiee Hidalgo

La educación y la escuela

Me he sentido siempre muy suertuda por ser como quería ser, de crecer con unos padres tan libres y tan evolucionados que me permitieron experimentar todo lo que me apasionaba. Mi papá, que se dedica a temas de educación, está convencido de que la escuela, más que educarte, “te deseduca”, por eso desde muy niña me decía que dejara los estudios porque aprendería mucho más afuera.

Cuando entré a la primaria en Tepoztlán, ya sabía leer y escribir (¡y yo ni me había enterado!), así que ese mismo día me pasaron a segundo grado y al terminar sexto tenía apenas 11 años. Mi mejor amiga, a quien conocí en Chihuahua, vivía también en Tepoztlán, y como queríamos estudiar la secundaria juntas, dejé de estudiar un año.

Empecé a trabajar en una veterinaria con cabras, vacas y caballos, mientras estudiaba formalmente inglés y trabajaba con unos amigos de mis papás en asilos de personas mayores y organizaciones de Cuernavaca. Siempre crecí con la enorme confianza de que creyeran en mí y con la libertad para hacer un montón de cosas que me llamaban la atención y me apasionaban, de vestirme y peinarme como me gustaba. Puedo decir que ese año fue uno de los mejores de mi vida en muchos aspectos, porque me divertí muchísimo, pero también tenía responsabilidades importantes.

Fotografía @Nizaguiee Hidalgo

Regreso a México 

En el momento de elegir qué carrera iba a estudiar, fue para mí un enorme conflicto porque quería hacer todo, aunque ya no deseaba ser veterinaria ni tampoco doctora. Siempre he tenido la fortuna de elegir lo que haré, así que después de estudiar un año en Italia y otro en Estados Unidos, tuve el profundo deseo de estudiar en México. Y es que en esta multiculturalidad en la que crecí, mi identidad mexicana era muy importante.

Cuando llegó el momento de regresar al país, pensé que quería estudiar algo relacionado a humanidades o con el arte contemporáneo; me decidí por estudiar Historia en la Ibero y en ese ínter, en el 98, abrí Contramar. A mi familia le encanta el mar: desde que recuerdo, pasábamos largas temporadas en Zihuatanejo, cuando venían mis abuelos en invierno. Desde pequeña me ha encantado comer, y teníamos la dicha de pescar y comer todos los días con las señoras locales, tortillas, frijoles, arroz y todas las salsas que preparaban para los pescados y los ceviches.

Siempre que cocinábamos me decían que debería estudiar justo eso. La verdad es que aunque sabía hacer ciertas cosas, cocinaba con la intuición; jamás imaginé que estaría detrás de una cocina. Además, el sueño de mi vida era tener un bed & breakfast en la Toscana para mi retiro relacionado con el agroturismo; pero todo se precipitó, y un exnovio nos animó, a Federico Rigoletti y a mí, a hacerlo. Pusimos un restaurante y resultó que yo era buena para esto.

Fotografía @Nizaguiee Hidalgo

Los comensales de Contramar

Lo que más me apasiona de Contramar es la gente, tanto el equipo de trabajo interno como quienes nos visitan todos los días; me parece que es un lugar lleno de vida y alegría, con un ambiente muy festivo y de mucha vitalidad. Hay un gusto por el equipo que trabaja aquí que me inspira muchísimo. Me mueve que el mundo se pueda hacer un mejor lugar plato a plato, día a día, persona a persona. Contramar va por su 23er año de vida, y es una maravilla que sea un lugar que se sigue sintiendo fresco, actual, innovador, y es un honor poder estar al frente.

Cala, nuestro restaurante en San Francisco, cuenta la historia de poner la gastronomía mexicana en alto, un tipo de gastronomía mexicana no tan conocida en Estados Unidos, partir de los pescados y mariscos, que va muy en la línea con la filosofía del norte de California, del farm to table, con productos muy bien cultivados y sustentables.

Tener un restaurante en Estados Unidos ha sido una de las experiencias más maravillosas y divertidas, un reto enorme, pero un éxito en muchos sentidos. Para mí ha sido muy importante representar la gastronomía nacional de una manera puesta al día, ligera pero seria, bien hecha, para todos los días y para todo mundo.

El reto en el extranjero 

Este restaurante surgió de una forma muy orgánica, fue creciendo con unos principios que nos gustaban, no sólo para mostrar la parte única y especial que tiene la cocina de México, sino también para compartir la hospitalidad, lo que para nosotros se traduce en un buen servicio, en tener un equipo de trabajo incluyente, una plantilla excepcional. Para ello tuvimos muchas innovaciones en términos de cómo tratar al personal y de cómo operar el restaurante de una manera muy integral y sólida.

Esto nos permitió tener una plataforma muy buena desde el principio, por lo que tuvimos una recepción extraordinaria. El rumbo de Cala siempre fue poner en alto la cocina mexicana y hacer un restaurante extraordinario, de enseñar la versatilidad y la maravilla de lo que era el servicio como lo hacemos en México, como nos gusta aquí, con esa precisión, con ese cariño, con esa voluntad de consentir a nuestros clientes. Fue gracias a esta filosofía que pudimos lograr grandes cosas de las que estoy muy orgullosa.

Fotografía @Nizaguiee Hidalgo

La problemática de la pandemia

Hoy su rumbo es incierto debido a la situación actual, así que, aunque no sabemos dónde va a parar, por lo pronto lo estamos usando como centro de producción de comidas para gente que tiene dificultades.

Mi cocina se basa en ingredientes buenos, muy buenos de verdad. Mi filosofía va en la línea del Slow Food: bueno, limpio y justo; esas tres palabras engloban todo lo que para mí debe ser la comida. Menos es más, hablando de ingredientes buenos, no necesitas mucho, mucho menos destrozarlos. Para mí, el placer de cocinar tiene que ver con el placer de comer y con probar cosas buenas que quieres compartir con la gente que amas.

Aunque suene trillado, yo sueño con un mundo mejor. La verdad es que voy hacia donde la vida me lleve, pero con el objetivo de ser cada vez más enfocada y entregada en los proyectos y las cosas que me importan, de seguir construyendo proyectos interesantes que tengan relevancia en las comunidades en las que impacten. Pero además, de tener un equipo de gente divertida, capaz, interesada, ambiciosa. Y finalmente, me enfoco en alinear valores, en que el mundo sea un lugar mejor.

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Contramar

  • Durango 200, Col. Roma Norte, Ciudad de México.
  • Ig: @contramar Tel: 55 5514 9217