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Gastronomía de la patagonia

Hablar de la Patagonia es hablar de los confines de la tierra, la tierra austral de América, misteriosa, con un clima hostil y terreno duro; una tierra con muchos tesoros y riquezas. Su gastronomía se destaca por ser aventurera, una cocina nómada de mar y montaña, de asados y hortalizas de los bosques.

Geográficamente hablando podemos decir que la Patagonia se divide en dos, la Patagonia  Argentina al este y la Patagonia chilena al oeste. Argentina posee tres cuartas partes de la Patagonia, Chile tan solo posee una cuarta parte de ésta. La Patagonia argentina se divide en cuatro partes o zonas, la Patagonia Andina, la Patagonia Atlántica, la meseta Patagónica y la Tierra del fuego. Y si hablamos de la Patagonia chilena podemos decir que se compone de los glaciares, fiordos, la tundra magallánica, islotes y archipiélagos.

De los ríos más importantes podemos mencionar, de la región chilena, el Río Petrohué, Baker, Aysén, Bravo, de la región argentina está el Río Colorado, Negro, Chubut, Deseado, Santa Cruz. Los ríos que comparten Argentina y Chile son el Río Puelo, Carrenleufú-Palena, Futaleufú y Manso.

Se dice que la Patagonia fue poblada en el 10,000 a.C. Los pocos habitantes que había eran de grupos nómadas, de diferentes etnias: los onas, los yámanas, tehuelches y los mapuches.

Los primeros exploradores

En una de las seis cartas de Américo Vespucio, a quien se le atribuye el descubrimiento de la Patagonia, ya se habla de esta tierra.

Pero no fue si no hasta el 31 de marzo de 1520 que la expedición de Fernando de Magallanes desembarcó en la bahía de San Julián. En ese momento la región adquirió el nombre que hoy la caracteriza, pues se dice que Magallanes se encontró con un individuo de la etnia nativa tehuelche, cuyos hombres se caracterizaban por ser altos y fuertes, de una raza superdotada, y se asemejaban al personaje de ciencia ficción de la época: el Patagón, una especie de pie grande

Más tarde Charles Darwin, a bordo del Beagle, llegó a la Patagonia entre los años 1832 y 1834, recorrió el litoral de la Patagonia, las estepas, montañas y montes. En esta expedición recolectó material suficiente para generar su Teoría de la Evolución y otras aportaciones a la paleontología, antropología, geología y zoología.

La gastronomía de la Patagonia

Para entender la cocina de una región es importante conocer lo básico de su geografía. En este caso, al ser una región que está alejada de los trópicos, se ve más afectada por las masas de aire gélido de la Antártica. La Patagonia es una región austral de clima árido, semi-seco y glaciar. Esto conlleva a que las principales fuentes de alimento provengan de los animales de caza, la pesca y la recolección de frutos.

Con esto trato de hacer hincapié en que no hubo una agricultura formal, ya que el clima fue un obstáculo. Hablamos más de una cocina de vaqueros, de gauchos, de estas personas que van y vienen, donde la proteína es aderezada con unas cuantas hierbas y acompañada con ingredientes sencillos que provee la tierra, como resultado tenemos una cocina aventurada de los confines de la tierra.

Encontramos una gran variedad de pescados y mariscos como merluzas, congrios, mejillones, almejas, cangrejos, centollas, truchas, salmones, langostinos; de los asados incluimos el vacuno, porcino, caprino, el de cordero patagónico, ciervos, en ocasiones asados de guanacos y choique, un ñandú patagónico. En esta parte podemos mencionar que al ser una cocina tan castigada por el clima, se aprovechan todos los recursos de los animales en el asado, sin dejar desperdicio alguno. Todo el animal es aprovechado en esta técnica tan particular.

Con el paso del tiempo, si sumamos la llegada de los europeos, ésta enriqueció la cultura patagónica. Españoles, italianos y galeses fueron adicionando ingredientes, técnicas, costumbres y construyendo una cocina que identifica a esta región, creando una cocina única.

La cocina patagónica es una cocina nómada de mar y montaña, de asados y hortalizas de los bosques. Una cocina de aventureros, de personas que se han establecido en esta tierra buscando paz y felicidad. Transmite calidez a pesar de las duras condiciones del clima y el terreno. Una cocina que sin duda invita a ser reproducida en diferentes latitudes del globo, y no es para menos, ya que en muchas partes del mundo la cocina argentina ha cobrado gran fuerza, extendiéndose rápidamente por todas partes, pero lo ha hecho para quedarse. Sin duda te invitamos a probar estos sabores que sin duda no te decepcionarán.

Ahora si hablamos de la cocina patagónica. No podríamos hablar de ésta sin el famoso asado, técnica que consiste en la cocción lenta a las brasas, de trozos de  carne –de preferencia vacunos,  por lo que es fundamental conseguir una carne de muy buena calidad.

Sin el fuego no se obtiene nada en esta técnica, y es que el mismo Fernando de Magallanes fue testigo de grandes fogatas de las etnias patagónicas. Las brasas se obtienen de carbón vegetal, madera como el mezquite, roble quebracho. Claramente, el asado es un método de cocción que se extiende por todo el cono sur (Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia)  y no solamente se consume la carne, si no también embutidos y entrañas.

De la tierra del fuego y el litoral de la Patagonia los pescados y mariscos, como el pacú, el dorado, corvinas, merluzas, salmones, atunes, mejillones, cangrejos, centollas se cocinan a las brasas. De los lagos extremos, los peces de agua dulce (el más significativo es la trucha) también se suele cocinar con ese método.

En la deslumbrante Patagonia también podemos encontrar interesantes propuestas dulces, como los helados, merengues, compotas, salsas, dulces de leche, alfajores. Sin duda el ingrediente preferido para sus postres son los frutos rojos: zarzamoras, moras, fresas y frambuesas.

La cocina de la Patagonia es más que un trozo de carne a las brasas, es el paso del tiempo a través de una tierra de climas fríos, una tierra de aventureros, una cocina que aprovecha los pocos, pero magníficos recursos, otorgándoles magia y misticismo, lo que logra conquistar a los paladares, que una vez que los han probado son seducidos por el sabor del tiempo en una tierra localizada en los confines del continente americano.

Es una cocina que crea fascinación por el simple hecho de que ha sido practicada por tribus nómadas y que hasta la fecha se ha modificado sólo un poco en cuanto a su técnica y preparación. En lo personal, me crea la misma emoción que podría sentir un paleontólogo al encontrar el fósil más antiguo en la Tierra del fuego, excepto que la gastronomía, herencia a la humanidad, se puede saborear.