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Gastronomía en el museo: el exquisito placer del arte dentro y fuera de las salas

Los museos grandes y famosos, o pequeños y escondidos, siempre me han parecido exuberantes depósitos de placeres sensuales, pródigos banquetes para el alma; un bufete de exquisitos bocados intelectuales nos espera ordenado y dispuesto en cada sala según los criterios del curador o las especificidades del espacio, incluso las necesidades estéticas de la sociedad en la que nos encontramos.

Las cafeterías de los museos siempre han sido una idea maravillosa, una parada obligatoria, una inyección de energía y descanso, y últimamente, una fuente complementaria de un goce y placer especialmente delicado, pues de un tiempo para acá ya no se limitan a un austero sándwich con café. Cafeterías y restaurantes de alta cocina han entrado a los museos por la puerta grande y seguramente ahí permanecerán por mucho tiempo para deleite de los gourmand de todo el mundo.

¿Por qué una cocina de autor dentro de las instalaciones de un museo? Porque de esta manera la experiencia artística que comenzó en las salas se continúa en la boca, cierra un círculo entre los cinco sentidos, produciendo una experiencia que busca fijarse en nuestra memoria a partir no sólo de lo que vimos, sino de los que oímos, olimos y gustamos.

Finalmente, la cocina comienza a ser tomada en serio por el mundo de las bellas artes, en donde el cocinero es el artista que nos conduce al goce estético a través de la cocina que es artificio, la humanización del alimento para imponer un orden distinto a los elementos de la naturaleza y crear un concierto nuevo y totalmente antinatural con aquello que, además de nutrir al hombre, le provocará un placer que vivirá en la memoria de la boca desde la infancia hasta la vejez.

Terzo Piano

Terzo Piano

Una experiencia multisensorial

En este arte sabroso, no podemos perder de vista que tanto el comensal como el cocinero tienen abierta la puerta de los sentidos para poder transformar en libertad lo que de inicio es una necesidad vital. La experiencia de una bella comida es multisensorial: afecta a la vista, sobre todo en estos últimos años de en donde el emplatado es parte fundamental de la estética gourmet; apela al tacto en las texturas que nuestra boca encuentra esperada o inesperadamente; el olfato se lleva la mitad de la experiencia y la transporta instantáneamente al almacén de las memorias olfativas, tan poderosas…

Desde los mosaicos romanos hasta la fecha, hemos pintado y esculpido eso que nos comemos, hacemos un homenaje a su belleza, a su forma, a la riqueza que entraña una mesa repleta de frutas, aves, peces, caza y postres, bodegones que gritan la abundancia de la vida con toda la fuerza de los colores y las texturas de lo que estuvo allí para dar vida y gozo… un gozo tan efímero como los veinte minutos en los que suele ser consumido.

Bodegones y naturalezas muertas en los museos, homenaje perdurable a la idea de la vida, de lo vivo y de lo que posibilita la permanencia de la vida. Registro plástico de la memoria de aquellos sabores y olores de la prosperidad para conservar intacto el perfume de la manzana perfecta y el cerdo más gordo, el pato más bello, la canasta de frutas en el comedor o la mesa de la cocina antes de comenzar la faena, la marchanta de la fruta en su puesto del mercado, opulento como un altar, o aquel hermoso frasco de caramelos.

Ver y gustar, oler y tocar, oír y sentir… una experiencia completa, un éxtasis de los sentidos para regresar a casa saciados de cuerpo y alma.

Mumedi

Mumedi

Restaurantes en museos mexicanos

Museo Mexicano del Diseño (MumediI). ¡El diseño hasta en la sopa, el postre, o la ensalada!, junto con un ambiente armónico de estilo chill out, jazz y lounge con unos frozzen maravillosos.

Museo del Chocolate. Este es justo el lugar con el que todo fanático del chocolate ha soñado, Cacao Fonda Gourmet es el paraíso de este alimento de los dioses. Desde un chocolatito caliente, hasta un té de cacao, el ancestral pozol de cacao o una horchata de tlaxcalate, pasando por cualquier variedad de fruta de temporada cubierta en terciopelo de chocolate, helados, tamales, panes y pastelillos… y si deseamos un plato fuerte para comer con todas las de la ley, podemos pedir la pasta en salsa de chocolate y queso azul o los medallones de res en salsa de chocolate con chiles secos.

Museo del Tequila y el Mezcal (Mutem). El Mutem ofrece un generoso recorrido entre botellas de tequila y de mezcal, pero su mejor parte sin duda está su restaurante La Cata, que ofrece comida regional de diferentes estados de nuestro país (una perfecta pechuga bañada en mole poblano, un pescado empapelado estilo Veracruz, o una carne en su jugo al mero estilo de Jalisco). Por si alguien prefiere pasar al bar, el Mutem nos brinda La Cantina, un espacio fresco y ligero en donde podemos pedir, entre otras cosas, jarras de cerveza y tacos al pastor. Como estamos en un museo de tequila y mezcal, es obvio que aquí encontraremos las mejores marcas de cada uno de estas bebidas, lo cual hace que tengamos una experiencia absolutamente interactiva y espirituosa, por decir lo menos.

Restaurantes en el mundo

Hay restaurantes fabulosos en muchos museos, y sin duda entre los mejores están los que se encuentran los tres que habitan en el interior del MoMA de Nueva York, o el Terzo Piano, en el ala de arte moderno del Instituto de Arte de Chicago, con una cocina europea moderna y suculenta. El Museo de Arte del condado de Los Ángeles hace tiempo organizó una maravillosa aventura culinaria-pictórica y cultural después de la hora del cierre del museo, en donde, si el tour llevaba a disfrutar de la pintura española, italiana, francesa y holandesa de su colección, el cierre gastronómico contaba con una opulenta cena en donde se degustaba un platillo típico de cada región en concordancia con la época correspondiente a las obras que el grupo había apreciado, ¡una idea deliciosa!

La joya de la corona de los restaurantes de museo es sin duda el Nerua, en el Museo Guggenheim de Bilbao. En primer lugar, el Guggenheim es una maravilla de la arquitectura moderna que puede dejar con la boca abierta al más pintado; en segundo, sus colecciones de arte son soberbias y su curaduría impecable; y en tercer lugar, Bilbao se encuentra en la zona de mayor creatividad e innovación culinaria de España, que ha sido desde hace varios años, la punta de lanza mundial en el desarrollo del concepto y la técnica de la posmoderna cocina “tecno-emocional”, aquella en la cual se busca una experiencia integral de todos los sentidos junto la imaginación y la emoción del comensal, una propuesta original y un recuerdo que perdurará en la memoria de aquel que tenga la fortuna de irse a dar una vuelta para saciar el hambre del alma y del cuerpo.