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Glamping, un privilegio

La comunión que existe entre la naturaleza y el lujo de la civilización resulta muy afortunada.

La sensación de libertad nos hace fluir de una manera especial. Nuestros sentidos están a flor de piel y todo lo que experimentamos se eleva a otra dimensión que deriva en un enriquecimiento espiritual. La primera vez que viví la experiencia del glamping fue en Sri Lanka.

El objetivo del viaje fue conocer los campos de té y la cultura derivada de esta bebida ancestral. Después de haber visitado algunos de esos campos, tomamos un camino que nos llevó dentro de un bosque imponente. Ahí nos esperaban en un comedor al aire libre con viandas deliciosas. El menú que elaboró un chef local y su equipo era de un lujo adecuado a la experiencia.

El servicio de meseros era al estilo de los mayordomos ingleses, con guantes blancos y corbata de moño; nos recibieron con un té calientito y con la comida llegó el vino, primero el blanco y luego el tinto.

Naturaleza con sofisticación

La vajilla, los cubiertos y la cristalería eran más de un estilo campirano para no olvidarnos que estábamos al aire libre. Me pareció de una sofisticación extraordinaria el poder combinar la elegancia clásica con detalles rústicos adecuados a la tierra y a la naturaleza.

Cuando nos dimos cuenta estábamos ya en la sobremesa tomando whiskey derecho, para volver a terminar con otro té calientito.

La mayor sorpresa fue cuando nos dijeron que íbamos a pasar la noche ahí y que podíamos dirigirnos a nuestra habitación. Un bellboy llevó mi equipaje y me guió hacia ella, la cual era una tienda de campaña con todas las comodidades de un hotel de lujo. Una cama con las mejores sábanas, edredón de plumas, baño completo con agua caliente e incluso había calefacción.

La sensación de estar en medio del bosque al aire libre, pero protegidos y rodeados de un lujo urbano, era como haber entrado en otra dimensión. Esa noche dormí profundamente y en calma. Al día siguiente, al despertar, pedí un pequeño desayuno a mis aposentos, me bañé con agua caliente y fui a caminar un rato para reconocer los alrededores con la intención de entender lo afortunada que era por estar ahí.

Agradezco mucho haber vivido la experiencia del glamping y les recomiendo que lo pongan dentro de su lista de deseos por cumplir.

Y recuerden que en la vida y en la cocina… ¡menos es más!