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Grandes vinos de Burdeos

 

La calidad de las uvas, un trabajo impecable y las características específicas del suelo, hacen a los grandes châteaux de Francia, vinos asombrosos.

La historia de la clasificación comenzó en la Exposición Universal de 1855 en París, cuando el emperador Napoleón III pidió a cada región vinícola establecer precisamente, una clasificación. La Cámara de Comercio e Industria de Burdeos, fundada en 1705, inició ese proceso para Gironde. El criterio para formar la clasificación en aquel tiempo fue basado en la reputación de los vinos y sus precios. Incluía sólo a los tintos del Médoc, a los blancos dulces Sauternes y Barsac, y un Graves Red Cru. La clasificación de 1855, revisada en 1973, tiene un Cru de Graves y 60 del Médoc, donde destacan los más importantes:

Premiers Crus

  • Château Haut-Brion, Pessac, AOC Pessac-Léognan
  • Château Lafite-Rothschild, Pauillac, AOC Pauillac
  • Château Latour, Pauillac, AOC Pauillac
  • Château Margaux, Margaux, AOC Margaux
  • Château Mouton Rothschild, Pauillac, AOC Pauillac

Para vinos blancos dulces, la clasificación tiene 26 Sauternes y Barsac Crus, donde el principal es:

Premier Cru Supérieur

Château-Margaux-2-II

  • Château d’Yquem, Sauternes, AOC Sauternes

Estos vinos han ganado respeto y admiración a nivel mundial, pues han convertido a Burdeos en un punto de encuentro para amantes del vino, profesionales del medio y turistas que disfrutan de la historia, la gastronomía y los paisajes de la región. Cada una de estas marcas cuenta con un bagaje y está grabado por la calidad de las uvas, un trabajo impecable y características específicas del suelo que los hacen extraordinarios. 

Chateau Lafite Rothschild: la edad promedio del viñedo es de 39 años. La parcela más antigua, llamada La Gravière, fue plantada en 1886. La cosecha de cada parcela es tratada en cubas separadas a fin de preservar la identidad del terroir que dio origen a la uva durante las primeras etapas de la vinificación. En Lafite, tradición y progreso técnico van de la mano.

Este viñedo abarca tres áreas principales: los lomajes que rodean al château, la meseta de Carruades, situada inmediatamente al oeste, y una parcela de 4.5 hectáreas en la vecina comuna de Saint Estèphe. La superficie total es de 112 ha, de las cuales 103 poseen viñedos. Se trata de tierras de grava fina, mezclada con arenas sobre un subsuelo calcáreo, con buen drenaje y adecuada exposición. Las cepas que utilizan para la producción de este gran vino son Cabernet Sauvignon 70 %, Merlot 25 %, Cabernet Franc 3 % y Petit Verdot 2 %.

Château Latour: además de su Grand Vin, desde 1966 ha elaborado el segundo vino de Les Forts de Latour, y un tercer vino comercializado cada año desde 1990 llamado simplemente Pauillac. El viñedo incluye 78 ha. La composición de variedades de uva es 80 % Cabernet Sauvignon, 18 % Merlot, y 2 % de Cabernet Franc y Petit Verdot. El Grand Vin Chateau Latour, típicamente incluye un 75 % de Cabernet Sauvignon y 20 % Merlot, con el equilibrio de Petit Verdot y Cabernet Franc, normalmente tiene una producción anual de 18 mil cajas. El segundo vino Les Forts de Latour, típicamente 70 % Cabernet Sauvignon y 30 % Merlot, tiene una producción anual media de 11 mil cajas.

Château Margaux: ha sido propiedad de la familia de Corinne Mentzelopoulos desde 1978, elaborando de manera constante los vinos más finos del Médoc.

Château-Margaux-3-II

Es una gran propiedad de 90 ha que produce aproximadamente 30 mil cajas por año y está situado en el centro de la denominación de Margaux. Los viñedos están sembrados con un 75 % de Cabernet Sauvignon, 20 % Merlot, 2 % Cabernet Franc, y 3 % Petit Verdot. Reposan sobre una capa de arenas y piedra, debajo de la cual hay gravas y arcillas. El vino se fermenta en una mezcla de barriles de roble y se madura de 18 a 24 meses en barricas nuevas de roble francés.

Detrás del éxito de Margaux está su director Paul Pontallier que se distingue por los triunfos sucesivos de los vinos de esta casa que rinde tributo a la elegancia y al estilo clásico, dando lugar a un vino perfecto. Estos vinos tienen aromas de frutas negras, maderas finas, cacao, especias, con un cuerpo amplio y elegante.

Château Haut-Brion: el viñedo abarca 441 mil m² y produce de 12 mil a 15 mil cajas de vino al año. Ubicada en la región de Graves, fue la única finca no perteneciente al Médoc incluida en la clasificación de 1855. Tiene plantado 55 % de Cabernet Sauvignon, 25 % Merlot y 20 % Cabernet Franc. La edad media de las vides es de 30 años. El Grand Vin en Château Haut-Brion se fermenta en cubas de acero inoxidable y envejece en barricas de roble nuevas durante 24 a 27 meses, y se clarifica con seis claras de huevo por barril.

La elaboración del vino está dirigida por Philippe Delmas, quien cree en una fermentación corta, controlada, pero bastante caliente.

Château-Haut-Brion-II

Château Mouton Rothschild: se ubica en el pueblo de Pauillac en el Médoc, a 50 km al noroeste de la ciudad de Burdeos. En origen era conocido como Château Brane-Mouton, y fue rebautizado en 1853 dándole el nombre de Château Mouton Rothschild.

La clasificación no incluyó este viñedo entre los primeros Crus; se cree que pudo ser porque el viñedo había sido adquirido recientemente por un inglés y no era ya de propiedad francesa. En 1973, Mouton se vio elevado a la categoría de Premier Cru después de décadas de intensa presión por el poderoso propietario. Incluye una producción de 300 mil botellas.

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Château d’Yquem: en 1593, a un descendiente de una familia noble local, Jacques Sauvage, le fue otorgado el dominio feudal sobre Yquem. Unos años más tarde, la familia construyó el castillo y el viñedo actual, trazándolo por parcela. En 1785, Françoise Joséphine de Sauvage d’Yquem se casó con el conde Louis Amédée de Lur-Saluces, quien murió tres años más tarde. Tras la Revolución francesa el vino ya era muy apreciado y Françoise Joséphine logró aferrarse a la propiedad familiar y hacer que Yquem prosperara.

Château-Haut-Brion-1-II

Yquem cuenta una historia única que comienza con el bouquet. Aunque no siempre es muy expresivo en añadas jóvenes, está marcado por frutas como albaricoque, mandarina y roble, otorgándole aromas de vainilla y tostados. Las añadas viejas, por otro lado, tienen una fragancia extraordinariamente compleja tan pronto como se abre la botella.