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Grand Marnier singularidad y excentricidad francesa de excelencia

A fines del siglo XIX, Francia vivió una época de esplendor en la que el arte, el entretenimiento y la vida gourmet, gozaron su mejor momento.

En París, la belle époque se distinguió por la construcción de la torre Eiffel, el Metro y la opulencia de la Ópera; fueron tres décadas que marcaron el estilo de vida francés que permeó en las ciudades más importantes de Europa y, más tarde, en América.

La historia de Grand Marnier comenzó en 1827, cuando Jean Baptiste Lapostolle estableció una destilería de licores frutales a las afueras de París. Más tarde, en 1876, Louis-Alexandre Marnier se casó con Julia, nieta de Jean Baptiste Lapostolle, y de este matrimonio surgió la Casa Marnier Lapostolle, una empresa que conjugó el talento de la elaboración de licores frutales de la familia Lapostolle, con la pericia de los Marnier en la distribución de vinos y destilados franceses.

Así, durante su visita a Cognac en 1880, Louis-Alexandre quedó encantado con el cognac de la zona y decidió enriquecerlo con un licor de naranjas exóticas provenientes del Caribe. En poco tiempo, Grand Marnier cautivó a los franceses por su excentricidad, y se posicionó como el imprescindible en fiestas y reuniones.

Receta de origen

Grand Marnier Cordon Rouge ha sido elaborado siguiendo la misma receta desde su origen, al combinar la majestuosidad del cognac y la virtud de la naranja, en un 51 y 49 % respectivamente.

Para su creación, el cognac y el licor de naranja se producen por separado, y más tarde, el master blender, Patrick Raguenaud, realiza lo que él llama mariage, al unir y dar vida a este nuevo licor de aromas y sabores complejos.

El cognac se elabora en los territorios franceses que reciben el mismo nombre a partir de la uva Ugni Blanc, con la cual se crea un vino blanco muy ligero que demora de cuatro a ocho días en su fermentación natural. Al finalizar este proceso, es destilado en dos ocasiones en alambiques redondos de cobre, y el líquido resultante es evaluado por un maestro mezclador que elige la manera en la que se añejará en barricas de roble francés. Durante este último periodo, el cognac madura por varios meses hasta obtener los aromas, sabores y taninos que lo caracterizan.

Por su parte, en los campos caribeños, se seleccionan aún verdes las naranjas Citrus bigaradia, las cuales se cortan en cuartos, se pelan y cuya piel se seca al sol durante un periodo corto. Las pieles secas son recibidas en Francia donde se rehidratan para separar el hollejo de la corteza. Una vez listas se procede a la maceración, en la cual se sumergen en alcohol neutro durante 10 días aproximadamente, para obtener el aceite esencial de naranjas amargas. Por último, este líquido se destila.

El maridaje ocurre al mezclar el cognac con la esencia de naranjas, que más tarde reposa en barricas de roble francés hasta por seis meses, donde termina de enlazarse a la perfección hasta adquirir las cualidades que lo hacen inconfundible.