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Ice wine: magia y misterio de una uva congelada

La magia y el misterio comienzan desde el nombre: Vino de Hielo (IceWine), que, sin duda, nos hace recordar la frase inicial de “Cien años de soledad” la novela más famosa del Gabo: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Mi paladar y yo (que cada día estoy más seguro que somos dos entes distintos, por la forma extraordinaria de saborear de éste, aunque no frente al pelotón de fusilamiento) recordamos gustosos la remota tarde que, frente a un mousse de mamey con chocolate amargo nos ofrecieron en una copa delgada, sudando de fría, un vino de color rojizo, casi rosado, transparente, brillante y delicado. “Es el famoso Icewine canadiense -me dijeron- un milagro de las cascadas del Niagara, el frío, el hielo y las uvas congeladas”.

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El placer de tomar un ice wine está en su frescura, en su infinidad de notas a pasas, en su alto contenido dulce, su olor casi a mermelada, su cuerpo espeso, licoroso, sus tonos claros, transparentes; sus sabores amielados, ciruelosos. Es ideal para acompañar quesos curados de oveja, pienso ahorita en un buen manchego o incluso en un buen parmesano cremoso, patés, panes especiados. Su uso también se ha extendido para sobremesas o lecturas como con las que se empezó este articulo, su dulzura y frescor lo hacen ideal para una tarde lluviosa de lectura, en un sillón frente a la ventana, para una charla o para su uso más común: el de ser vino para acompañar postres: mousses, chocolates amargos, passtisses, strudel de manzana o galletas con alta concentración de mantequilla.

La variedad de maridaje es inmensa, pero de lo que estamos seguros es que su sabor es único, original, auténtico y apasionante, nos deja un deseo impulsivo de tomar más, producto de la especial magia que se da cuando el hielo cubre por completo las uvas, generando milagros en el paladar después de su elaboración.

Viaje al centro del misterio en Ontario

Sin duda, un placer incomparable y un viaje imperdible para los grandes amantes del vino, los viajes, las experiencias distintas y el asombro, es decir, un viaje obligatorio para los naturalmente sibaritas, se trata del Niagara Icewine Festival, celebrado en enero, en la región vinícola de Ontario, específicamente en Niagara On The Lake, donde se fabrica este elixir maravilloso.

Entre grandes recorridos sobre la nieve y caminos rústicos, charlas, degustaciones, paisajes inmensos/infinitos, frío que antoja compañía y extraños maridajes con vinos de hielo en vasos de hielo para acompañar parmesanos añejos con amargos chocolates; en el Niagara Icewine Festival, el paladar más exigente se derrite y deleita con una experiencia total, con un viaje distinto dedicado al deleite de todos los sentidos.
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En este viaje y festival que dura tres semanas, lo principal es el deleite y aprender cómo las uvas se dejan en la vid hasta estar cubiertas de gruesas capas de hielo, que concentran e intensifican sus azúcares y sabor. Cuándo la temperatura llega a menos ocho grados centígrados se hace la vendimia o la cosecha para llevar a cabo el ritual de procesar este vino como un vino normal.

La diferencia es que de toda la uva recolectada sólo el 20 % es aprovechada por la dificultad de obtener este elixir. Por ello cada gota del icewine es misteriosa y valiosa. ¡Cada gota es un milagro!

La virtud de este vino es que se puede saborear en diferentes versiones: se pueden probar lo mismo un vino espumoso de variedad Vidal Icewine o un delicado vino rosado con una muestra del Riesling Icewine; imposible no probar la unicidad de un  Oak Aged Vidal Icewine y la magia de un vino tinto Cabernet Franc Icewine.

El misterio y la magia de este viaje radican también en el espíritu casi desconocido de los parajes donde se lleva a cabo el festival, que no se caracterizan por ser los más turísticos pero sí de los paisajes más bellos y asombrosos de Canadá.

Pueblitos con aire antiguo, romántico y acogedor como Twenty Valley, un valle que ofrece una experiencia única en la serenidad de sus paisajes y caminos rústicos, que se entremezclan con refinadas tiendas, restaurantes, bistros, galerías de arte  y hoteles boutique. Pero también destaca el hermoso y elegante pueblo de Niagara-on-the-Lake que encanta con sus carrozas tiradas por caballos, sus casas de estilo georgiano, sus tiendas pequeñas y con mucho estilo, cuidando todos los detalles, y sus estilosas boutiques, sus cafés y bistrós con un refinado  acento europeo, que transportan a otros idiomas y parajes en el centro mismo de Canadá.

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Algunos viñedos que podrás visitar durante el Niágara Icewine Festival, son:

Vineland Estates Winery: con su estructura con torre de piedra que data del siglo XIX. Cuenta con una encantadora  tienda y sala de degustación ubicados en un antiguo granero bajo vigas de madera. Además tiene un fino restaurante con vista panorámica a los viñedos, donde se puede degustar el vino estrella de esta bodega, el  2007 Cabernet Merlot Reserve – de tonos profundos, sabores a fruta, moka y aroma sutilmente picante- que se puede acompañar de platillos de la cocina local como: higos secos bañados en una fondue de chocolate belga amargo.

Malivoire Wine: fundada en 1997, Malivoire produce vinos de alta calidad combinada con una intensa sustentabilidad ambiental y social que dirige a la empresa. Es la primera viña de Ontario en utilizar la vinificación por gravedad y obtener certificados verdes en sus procesos. Sus vinos son estelares y vivos, con alma y fineza.

Pondview Estate Winery: en esta bodega se fabrica el Luciano Puglisi coronado Rey de la Uva en el 2008, un premio entregado por el Ministerio de Agricultura al mejor operador de viñedos en Ontario. Aquí, sin duda se debe probar el Vidal Icewine, uno de los icewine más cotizados caracterizado por sus notas de durazno y peras y su dulzor espectacular.

Como vemos, la experiencia y deleite de viajar para conocer el hielo (como lo hiciera el padre del coronel Aureliano Buendía, aquella tarde en Cien Años de Soledad), el vino de hielo, es una experiencia total que inunda los ojos de paisajes inmensos y llena la boca con placeres y maridajes inigualables. Por ello,  ¡brindo por esta magia y misterio de esta uva congelada! que nos permite decir fraternamente: ¡Salud! y continuar charlando.