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La magia de las artes culinarias

Rascacielos, museos, tendencias, moda y buena comida, son sólo algunas palabras que puedo utilizar para describir a casi todas las ciudades cosmopolitas. Estas ciudades son imparables: por las mañanas el Metro y los autobuses recorren cada rincón para que las personas lleguen a su destino; por la noche, reciben a la gente que está dispuesta a desplazarse para tomar una buena copa de vino, ver una obra de teatro, disfrutar de algún bar, restaurante, llegar a casa a ver a sus familias o simplemente, para descansar.

Las grandes urbes tienen infinidad de tendencias en distintos ámbitos y la gastronómica no se queda atrás. En esta ocasión hablaré de algunas que han causado conmoción. Comenzamos con el food porn, que trae de cabeza al mundo entero. Éste término se define como una fotografía en la que la comida, en su mayoría fast food, es presentada y plasmada de tal forma que despierta el antojo y apetito de los espectadores. Ésta idea fue usada por primera vez en 1980 por el fotógrafo Michael Boys, aunque la llamó gastroporn.

Pero esta tendencia ya no es exclusiva de fotógrafos profesionales; ahora, cualquier aficionado que tenga celular o tablet y quiera compartir la delicia que está por probar, toma una foto, la sube a redes sociales a través de Instagram u otra aplicación y con ella, puede o no anexar el hashtag FoodPorn o enlazar algún Twitter como @FOODPORN. Cuando entramos a estas redes un sinfín de apetitosas imágenes se despliegan. Es así como food porn ha tomado auge y California, tema de nuestra edición, no se queda atrás.

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Por ello, me parece interesante proponer tres de los mejores restaurantes californianos para obtener una extraordinaria food porn:

  1. The French Laundry: aquí las ostras, la panna cotta de coliflor con caviar o la natilla de trufa no deben quedar fuera del lente de la cámara. (Yountville, California).
  2. Manresa: este restaurante es amado por muchos. Sus ingredientes son frescos, orgánicos y del día, además sigue otra tendencia: la cocina americana contemporánea. Se pueden retratar antojables fotografías de la panna cotta de abulón o alguna de las ensaladas verdes, dependiendo de los ingredientes con los que el chef cuente. (Los Gatos, California)
  3. Atelier Crenn: este espacio encierra la poetic culinaria, como lo define Dominique Crenn (propietario del lugar), donde los platillos simulan un bosque o el mar y la tierra está hecha con carne wagyu, perlas de estragón ahumado, geleé de cebolla morada y foie gras acompañado con manzana, vainilla, pasta de cacao y balsámico, creaciones para presumir.

 

Eat with..?

Tuve la oportunidad de ir a la Gran Manzana, ciudad que definitivamente marca tendencia. La idea era probar algo diferente, por lo que decidí darle la oportunidad a un nuevo concepto gastronómico. Reservé mi lugar vía online y solo debía esperar la confirmación de mis anfitriones. ¿En dónde lo aparté?, se preguntarán; definitivamente no fue en un restaurante, la hice en un departamento que forma parte de la comunidad EatWith.

Ésta es una idea de dos viajeros que disfrutaron en Creta la hospitalidad y comida casera de una familia griega, así que esta experiencia quisieron dársela al mundo con EatWith. Actualmente 17 países ya están inscritos, entre ellos destacan las ciudades de Londres, Jerusalén y París. La dinámica es simple: al entrar al sitio eatwith.com se elige un destino y un anfitrión. Yo me decidí por From Mexico to Le Cordon Bleu.
Un día después ya era una comensal. Al llegar al departamento, el recibimiento por parte de Max Strygler fue cálido, una gran sonrisa estaba dibujada en su rostro y al fondo, algunas risas llenaban el lugar. La estancia pequeña y acogedora entonaba con la baja iluminación, mientras que el ambiente relajado y curioso de los invitados lograba una atmósfera particular. Al tiempo que se presentaban los invitados provenientes de Australia, Corea, México y Nueva York, apareció nuestro chef: Rafa Saga. Relajado y sin pretensiones, comenzó a explicarnos la cocina mexicana pidiendo dejar de lado la idea tex mex y agradeciendo el interés por ir a cenar a su casa.

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Recuerdos de México en Nueva York

El mezcal, el recuerdo de Oaxaca, abrió la cena; a su vez, Rafa terminaba el primer tiempo: un ceviche que resultó fresco y balanceado. La cocina se adapta para hacer maravillas, aunque el montaje lo hace en una mesa frente a los invitados. Como segundo tiempo, apareció el taco al pastor de carne de avestruz con tortillas hechas a mano. Mientras lo degustábamos, Max nos platicó que los ingredientes son adquiridos en el barrio latino y en un mercado orgánico que sólo aparece los domingos. Cada platillo lo explicó nuestro amigable chef: región, popularidad, toque propio, entre otros. Llegó el tercer tiempo, la estrella de la noche por común acuerdo: espárragos enrollados en tocino con una tostada de arroz y mole de la abuela. Para finalizar el menú salado, Saga montó huachinango sobre una salsa de jamaica que adornó con durazno y chile guajillo. Para ese momento las risas ya eran parte de la cena que culminó con el clásico arroz con leche.

Lentamente se compartieron historias de vida y lo que empezó como una mesa rodeada de extraños, se convirtió en una cena de amigos en la que aprendizaje, fotografías y alegría no desaparecieron; cada momento marcó las cinco horas que conviví en la casa de Max y Rafa, en donde cinco platillos mexicanos, un idioma y una gran idea unieron momentáneamente las vidas de los nueve participantes.

Completamente nueva resultó esta experiencia, aunque no paso por alto que existen otras tendencias que están sonando muy fuerte en Estados Unidos: el cronut (híbrido de croissant y dona) sigue en boga, la pastelería neoyorquina de Dominique Ansel no deja de tener inmensas filas desde temprana hora; el kale, col verde o rizada, es un ingrediente la gente incorpora en muchos de sus platillos diarios; los frascos de vidrio, que suelen usarse para envasar mermelada, se han convertido en vasos, tazas y platos para postre; por último está la salsa sriracha, una preparación sumamente picante proveniente de Tailandia que los estadounidenses utilizan hasta en palomitas, galletas o bloody Marys.

Éstas son algunas de las tendencias que no debemos dejar pasar y las cuales, en un futuro no muy lejano, seguramente tendremos en la ciudad.