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La Santísima Trinidad le da un nuevo sabor a #SomosSanMiguel

El vino en el Bajío mexicano ha crecido exponencialmente en la última década, no solo en producción sino también en calidad y la bodega sanmiguelense, La Santísima Trinidad, es una muestra de ello. Tres desarrollos que mezclan los bienes raíces con la producción agrícola de vid, olivo y lavanda.

San Lucas, San Francisco y La Santísima Trinidad ofrecen a sus residentes la oportunidad única de tener una casa de fin de semana (o de tiempo completo) en la que tienen su propio viñedo, supervisado y trabajado por un equipo enológico encabezado por la chilena Mailén Obón, quien se encarga de seleccionar y ensamblar los vinos que los tres desarrollos producen. Además de un cuidado arquitectónico que ha revolucionado la manera de viajar al estado de Guanajuato.

 

#SomosSanMiguel es la campaña que el grupo presenta este año de la mano de sus habitantes e importantes personajes en la industria de la hospitalidad de la ciudad. El Teatro Ángela Peralta fue el marco en el que el video publicitario se presentó y en el que las sorpresas iniciaron para los invitados a la mesa.

El paseo por las calles del centro de San Miguel de Allende que inició en las afueras del teatro acompañado de música tradicional culminó frente a una mesa para 130 comensales en la calle Aldama, reconocida como una de las más bonitas de todo el mundo. El menú: una selección de platillos italianos del chef Alessando Bellingeri, un enamorado de México, maridado con los vinos de la bodega.

 

Una degustación de tres elementos compuesta por un wafer salado con estofado de rabo de ternera y glaseado de calabaza, un arancino de arroz, camarones, berenjena y mozzarela y un bocadillo de pasta frita con jitomate, orégano y parmesano nos abrieron el apetito junto con el Blend Blanco (Chardonnay, Macabeo y Moscatel) de La Santísima Trinidad.

La tarde llegaba a las calles del Centro Histórico cuando se sirvió el paccheri (pasta en forma de tubo) con sardina ahumada, crema de papa y limón acompañada de Crianza 2018 (Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah); y alcanzamos el tercer tiempo, un lechón crujiente con salsa de manzana, castaña y col estofada, maridado a la perfección con Petit Verdot Gran Reserva 2017, una auténtica joya de La Santísima trinidad.

 

 

El gran postre, sin duda fue la panna cotta de café, mousse de caramelo salado y tierra de chocolate acompañado de Merlot Reserva 2017 y el clímax del evento fue cuando el propio chef repartió rebanadas de un panettone fresco. El final de la comida, con mucha energía por gastar, fue el pretexto perfecto para recorrer San Miguel de Allende al atardecer en compañía de amigos y con la buena vibra que solo una gran comida puede crear.

La Santísima Mesa fue un evento memorable, de un servicio increíble y con momentos que nos llenaron de sorpresa. No hay motivo para perderse los vinos de una bodega que, además de experiencias, sabe hacer vinos extraordinarios que, estamos seguros, fascinarán a todo el país en breve.