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Lámparas: estilismos, funcionalidad y personificación

Monserrat Jiménez

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Nuestra percepción visual se basa en la luz, aquella que rebota, que se refleja en objetos y que nos permite reconocer colores, texturas y formas. Ésta crea, permuta, transforma y envuelve el entorno, pudiendo incluso cambiar radicalmente la atmósfera.

En el mundo del interiorismo se toma el concepto anterior y se fusiona con la decoración para hacer de una habitación no sólo un mero espacio, sino una experiencia.

La iluminación es importante, de hecho es la protagonista, si se piensa conscientemente que es quien domina el espacio. Las lámparas son el medio conductor de la luz y las responsables de cómo se espera fluya y se distribuya. Los objetos, por otro lado, crean cierta estética a veces meramente contemplativa; entonces la fusión de ambos, lámparas y objetos decorativos, podrían dar como resultado un diseño funcional y una estética con objetivo.

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Dice la Dra. Katya Mandoki, autora de diversas publicaciones en el campo semiótico y estético, que “el diseño debe resolver, ser funcional y estético”, es por eso que no es de sorprenderse que actualmente y adaptándolo dentro del contexto decorativo, se haga conciencia del objeto no sólo como pieza sin sentido y en ocasiones ostentosamente absurda, sino de algo pensado que proviene de una inspiración casi artística, pero con una evidente funcionalidad, proponiendo la interacción del espacio y los objetos. De manera más simple: un objeto bello y decorativo que ayude también a “alumbrar” la habitación.

Nuevas tendencias en iluminación

Por esa razón, las tendencias venideras en iluminación y lámparas llegan cargadas de significado y traen de vuelta materiales, que si bien en algún momento se pasaron por alto, quizá a pesar de su uso habitual, su potencial es actualmente reconocido por diseñadores que los toman y transforman en piezas singulares.

La nueva tendencia en lámparas apunta por diseños orgánicos y materiales efímeros, como lo son el cristal (material que vuelve con fuerza), barro negro, vidrio y talavera, quizás dejando atrás materiales como acrílicos, para volver a lo natural y a los procesos artesanales. Las formas orgánicas mencionadas con anterioridad dan al diseñador la libertad de crear objetos inherentes en sus espacios, troqueles que permiten jugar con la cantidad luz y transparencias que permiten manipularla con sutileza y elegancia.

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Estos materiales son tan versátiles que pueden dirigirse a espacios clásicos y románticos, así como interiores contemporáneos y hasta trabajarlos en conjunto. Ejemplo de esto es la nueva tendencia maximinimalista, que combina el minimalismo y el barroco; espacios sencillos con objetos decorativos garigoleados, extremos que en su comprensión conviven juntos en un mismo contexto. Se distinguen los espacios iluminados por paletas claras con acentos y paredes de contrastes de colores sobrios iluminadas por las tenues notas de luz de lámparas de cristal. El elemento de color para esta temporada viene con los tonos ricos y lujosos, tonos obscuros y misteriosos, así como una paleta de colores terrosos. En contraparte, podemos encontrar los azules etéreos y verdes. Lo importante que busca el diseño interior hoy en día es jugar con las tendencias para darle una “personificación” al lugar, no sólo decorar porque sí: se busca estilizar y generar sensaciones y emociones que cuenten historias.

Cabe mencionar que en el aspecto eléctrico cada vez acapara más el mercado las lámparas led, que hacen mancuerna indiscutible con las tendencias y que ofrecen grandes beneficios como: menos consumo de energía, mayor tiempo de vida y poca emisión de calor, que las hacen perfectas para su interacción con estos materiales.

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Materiales que regresan por su funcionalidad, belleza y versatilidad, tecnología moderna y formas llenas de esencia y carácter, es lo que podremos ser testigos en las próximas temporadas en tendencias de interiores, esperando perduren por su incuestionable y apreciable fineza.

Artículo publicado en el número 37 de la revista El Conocedor.