Te gusta

Las doce

La tradición que no puede faltar al concluir el año es la de las doce uvas. Comerlas con champagne es uno de mis grandes lujos.

Los seres humanos vivimos de rituales. Son esta serie de acciones que se realizan por su valor simbólico. Pueden estar basadas en alguna creencia, ya sea religiosa, política, por tradición, por los recuerdos o la memoria histórica de una comunidad.

En estas fechas, cuando está por concluir un ciclo, realizamos una serie de rituales que tienen por objeto despedirnos del anterior y prepararnos para recibir el nuevo año, de la mejor manera y con la mayor fortuna.

Los más populares son: usar ropa interior amarilla o roja para atraer el dinero y el amor respectivamente, dar una vuelta a la manzana con una maleta para fomentar los viajes, comer un plato de lentejas para lograr prosperidad y fortuna. Por otra parte, al sonar las doce campanadas se tira un vaso de agua a la calle, para alejar las penas y las lágrimas; también se encienden velas de color azul que traerán paz, amarillas para la abundancia, rojas para la pasión, verdes para la salud, blancas para claridad, y anaranjadas, para la inteligencia.

Mi mejor tradición

Es cierto que muchos de estos rituales son locales y otros más, se han vuelto universales. Pero la tradición que no puede faltar al concluir el año es la de las doce uvas.

Se cree que tiene su origen en España y se realiza desde principios del siglo XX. Surgió como una forma en que los vinicultores de las regiones de Murcia y Alicante podían deshacerse del excedente de uvas que se había dado en el año de 1909.

Sin embargo, otras investigaciones establecen que ya en el s. XIX existía la costumbre entre los burgueses españoles de comer uvas y brindar con champagne para despedir el año.

La creencia establece que las doce uvas representan los 12 meses del año por venir. Éstas se comen a las 12 de la noche con las doce campanadas, una por campanada, y cada una de estas uvas representa los deseos o propósitos que queremos cumplir en el siguiente año, y que también simbolizan un signo de prosperidad para todos los que comparten la mesa y la tradición.

Las doce uvas es una costumbre que se ha extendido a otros países hispanoamericanos como México, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia o Costa Rica, y se celebra también en Hay Flat, en el sur de Australia.

Así que este fin de año, la propuesta es hacer un recuento de todo lo bueno y malo que hemos vivido en 2017 y agradecer por lo recibido, realizar nuestra lista de deseos y propósitos para recibir el siguiente año y a las doce en punto cumplir con la tradición de comernos, con cada campanada, una uva hasta completar doce y bañar nuestros deseos con las burbujas de un exquisito champagne. Definitivamente, este es uno de mis mayores lujos: una copa de delicado champagne, pero sobre todo, vivir esta tradición especial que me divierte y compartirla con las personas que amo.

Mis más cálidos y sinceros deseos a todos mis lectores para que 2018 sea un año pleno de prosperidad, salud y amor, así como el agradecimiento por estar presentes en esta cita que tenemos con cada edición de la revista El Conocedor, desde su inicio: un privilegio maravilloso.

Gracias a todo el equipo de El Conocedor. ¡Feliz y próspero 2018!