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¿Lata, barril o botella?

La historia de la cerveza es también la historia de los recipientes que la alojan, por eso es importante entender cómo éstos afectan la calidad del líquido que servimos en nuestros vasos.

En cuatro milenios la tecnología ha avanzado enormemente en todos los campos. Sin embargo, el hecho de que los cerveceros medievales comercializaran la cerveza en barriles de madera, como los que se utilizan en el mundo del vino, nos hace pensar que no todos los métodos que se usan (como lata, botella y barril, empleados en nuestros tiempos) sean los óptimos para almacenarla o conservarla. Por eso nos adentramos en esta industria, para comprender los beneficios y efectos que cada uno de ellos tiene en esta refrescante bebida.

Aunque no cabe duda de que existen copas y vasos diseñados para apreciar las características de cada tipo de cerveza, el formato en el que llega a la mesa es tan importante como el propio líquido. Los recipientes han evolucionado tanto como cualquiera podría imaginar, sobre todo porque se trata de una bebida con al menos 4 mil años de antigüedad. Y, a pesar de que los estándares para el empaque cervecero son prácticamente globales, aún se pueden apreciar diferencias entre las cervezas embotelladas, las enlatadas y las que se almacenan en barriles de hasta 59 litros.

LA CERVEZA DE BARRIL

Cada vez hay más bares que trabajan con cervezas de barril, ya que por su mayor contenido de líquido, la oxidación es más lenta. Son pocas las diferencias que tiene con la lata, pero el mayor riesgo del barril es en el servicio de un bar. Si no se regulan los niveles de CO2 puede resultar una cerveza sin gas o sobrecarbonatada.

Además, la poca higiene en líneas y llaves de los barriles puede generar sabores no deseados, producto de alguna contaminación; no obstante, esto no es tan desagradable como suena y puede pasar inadvertido para la mayoría de los consumidores, pero se servirá una cerveza distinta a la que salió de la planta industrial.

Con un diseño que celebra la maestría cervecera, Bohemia ha lanzado sus dos estilos icónicos, Pilsner y Vienna, ahora en lata. A partir de líneas y colores representativos de los textiles típicos mexicanos y con patrones resaltados con tinta táctil, esta propuesta ofrece una nueva experiencia sensorial.

ENTRE LATAS Y BOTELLAS

La cerveza empacada tiene dos principales enemigos: el oxígeno y la luz. Mientras que el primero deteriora sus aromas y sabores, el contacto de apenas unos minutos con la segunda ocasiona que algunos compuestos del lúpulo reaccionen, generando aromas sulfurosos similares a los producidos por los zorrillos. Por eso, en el caso del embotellado, se recomienda el uso de vidrios oscuros que, si bien no bloquean por completo la luz, lo hacen mejor que los claros. Asimismo, es importante señalar que el frío retarda el envejecimiento de la cerveza, tal como ocurre en frutas, verduras y otros alimentos.

El vidrio es el más común en la industria cervecera, ya que las botellas tienden a tener mayor valor en la mente del consumidor, además de que para los microproductores es mucho más atractivo embotellar de forma manual. Sin embargo, es más probable que la cerveza en este formato pierda calidad, ya sea por malas prácticas en el almacenamiento o por contacto con la luz. Existen estilos que pueden guardarse en cavas y que se beneficiarán de una microoxigenación, como las Imperial Stout o las Barley Wine, en las que la botella será un mejor recipiente de guarda.

Por otro lado, la principal ventaja de la lata es que es perfectamente hermética y opaca. Es el recipiente que mejor protege esta bebida: en ella sus aromas y sabores durarán por más tiempo mientras se conserve en las condiciones adecuadas. Además pesa menos, es más fácil de transportar y almacenar, se enfría más rápido y puede reciclarse con mayor sencillez que el vidrio.

A pesar de que actualmente la lata cuenta con la tecnología necesaria para no transmitir al líquido sabores metálicos (como se pensaba antes), todavía existe un prejuicio en torno a ella. Finalmente, algunos factores como la temperatura de almacenamiento, el tiempo desde el embotellado/enlatado y los cuidados en un bar, pueden cambiar radicalmente la experiencia al beber una cerveza.

En conclusión, si no conocemos los hábitos de limpieza de un bar quizá sea más conveniente optar por opciones empacadas, y si dejamos de lado el romanticismo del vidrio, podremos descubrir muchos más aromas y sabores en las cervezas enlatadas.

Con información de Guillermo Ysusi